Bromitas

Isabel Vicente

10.11.2013 | 00:58

Tengo que reconocer que aún no he parado de reírme con la imagen de Marichalar creada con la mezcla de los inspectores Clouseau y Gadget. Si no lo han visto, busquen por internet porque es clavadito. La cosa no pasaría de una de las miles de ocurrencias que surgen a diario si no fuera porque el que difundió la chanza fue nada menos que su excuñado Iñaki Urdangarin que ha resultado ser de lo más entretenido. Debía andar el consorte de Cristina bastante desocupado antes de que se airearan los trapos sucios del caso Nóos a tenor de la porquería que está saliendo ahora de la criatura. Tras hacerse público aquello de que firmaba algunos correos como el duque «em...Palma...do» y que enviaba otros bromeando sobre la «eliminación» de Aznar cuando era presidente, una nueva entrega demuestra que este país, casándolo con la infanta, se ha perdido una estrella para el club de la comedia.
Reproducía el otro día El Mundo algunos de los correos enviados o recibidos por el muchacho en los que aparecen desde fotomontajes como el de su excuñado, a chistes machistas o a burlas hacia la propia Familia Real incluida la Reina Sofía; con lo que la mujer le ha apoyado en estos malos tiempos... Algunos de los chistes los compartía con su esposa, que también debe ser muy divertida; por ejemplo uno en el que se ve a diversas presentadoras de televisión con el epígrafe «orgasmo fingido», menos a Letizia que aparece bajo un «orgasmo real». Tronchante, vamos.
También utilizaba su cuenta de la Casa Real para pasarles a amiguetes imágenes de mujeres desnudas, como un correo en el que aseguraba que iba a dejarlo todo para llevar la dirección de un equipo de ciclismo formado, como se veía en las fotos, por mujeres en cueros montando en bici. Se lo pasaba bomba con el móvil, vamos. Pero no hay que escandalizarse. ¿Quien no ha pasado un correíto burlándose del presidente o de Marichalar? Si es lo más normal del mundo... Hombre, la mayoría no tenemos tanto tiempo para andar dándole a la tecla arriba y abajo, pero a este muchacho dios le debió bendecir con una enorme capacidad para aprovechar las horas teniendo en cuenta su fructífero trabajo en Aizoon, el que dedicaba a comprar fruslerías y a viajar con la tarjeta de la empresa y algún que otro acto público en el que posar hecho un pincel junto a su ilustre familia política.
Lo único que se le podría achacar es ser tan bobo como para que le pillen con sus infantiles chanzas, pero, por lo demás, ¿cómo va a extrañarse nadie de que gozara de tan excelente humor con la vida que llevaba? Seguro que los correos que pasa ahora no son tan divertidos.



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