27 de julio de 2016
27.07.2016
Delincuencia en la red

Internet o el moderno mito de Edipo

Los expertos aseguran que las redes sociales son un escaparate donde mirarse para ciertos delincuentes

27.07.2016 | 04:15
Las redes se han convertido en escaparate de toda actividad social.

El 14 de abril de este año, una joven de Ohio (Estados Unidos) retransmite en directo por Periscope la violación de su amiga, de 17 años, supuestamente por un conocido suyo. El 21 de mayo, uno de los presuntos autores de una violación colectiva de una menor en Brasil cuelga el vídeo en el que se ve a la víctima desnuda, sin conocimiento y herida. El 1 de junio un hombre mata a su novia, se saca un selfi con el cadáver y lo publica en Facebook. Pero, ¿qué motivaciones hay detrás de estos actos de exhibicionismo?

Vanagloriarse y presumir
Gumersindo Guinarte, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) y exdirector del Instituto de Criminología de la USC, asegura que no hay una sola. «Las motivaciones pueden ser muy diversas: vanagloriarse y presumir ante el círculo social o de referencia por lo hecho. Antes uno podía presumir de haber puesto el coche a 180; ahora se graba conduciéndolo y muestra el cuentaquilómetros. Lanzar un mensaje de amenaza o de advertencia. Publicitar el mensaje que encierra la actividad delictiva, como en el caso de los terroristas, delincuentes por convicción, que buscan objetivos políticos y utilizan la red para hacerse publicidad, defender sus objetivos o reclutar a nuevos miembros. En otras ocasiones, simplemente, se trata de personas que padecen alguna patología psíquica o tienen un rasgo de personalidad que les impulsa a exhibirse constantemente», explica este experto en investigación criminal.

Para el autor del hecho delictivo, su exhibición es una forma de reafirmarla, e incluso de revivirla. «Muchas veces veces es un acto de protesta: esta tía me ha hecho la vida imposible o me ponía los cuernos, pues ahora yo ya mato y lo cuelgo para que todo el mundo lo sepa. Es una necesidad de reafirmar lo que ha hecho de forma permanente», afirma Jorge Sobral, catedrático de Psicología Social y experto en perfiles criminales. En el caso de delincuentes individuales, compartir un delito en la red también denota, según Guinarte, «una falta de asunción de responsabilidad». «Lejos de considerar el hecho reprochable, es objeto de exhibición. Se presume de su realización, al menos de un modo indirecto, ya sea porque no se considera merecedora de reproche (el sujeto cree que hizo lo que debía y está orgulloso) o carece de los valores sociales que sirven de frenos inhibitorios para no llevar a cabo esos comportamientos», dice este experto.

Según Guinarte, la personalidad del individuo, más o menos dada al exhibicionismo, su contexto y su círculo social serán los que determinen su comportamiento en internet. «Los delincuentes sexuales, por ejemplo, pueden tanto buscar el anonimato para poder seguir con sus acciones, como el exhibicionismo, si el entorno social o grupal les lleva a vanagloriarse de ello», comenta.

Aunque la sensación de impunidad que da internet favorece este tipo de exhibición, la divulgación también permite en ocasiones conocer el delito en sí y puede aportar valiosos datos para la identificación de los responsables. «Una cosa es exhibir el hecho en las redes sociales, y otra, no siempre coincidente, es exhibirse como autor identificado del hecho delictivo. En ocasiones el autor divulga el hecho, pero no su identidad, al menos no de forma explícita», añade Guinarte.

Evitar que este tipo de conductas acaben en la red es complicado, dada la dificultad de someterla a control. «Esto es positivo porque evita la censura, pero menos bueno porque impide el control de ciertos contenidos. Los proveedores de servicios de internet, que tienen un deber de colaboración, pueden bloquear el acceso a las webs y lo harán por mandato judicial. Pero una imagen distribuida por wasap o por instagram, o residenciada en una página web en un servidor en el extranjero está prácticamente fuera de control a los efectos de impedir su acceso», explica el decano de la Facultad de Derecho.

Escarnio a la víctima
Para la víctima, la exhibición del delito también supone revivirlo, lo que puede convertir su vida en una pesadilla, asegura Sobral. «Al estrés postraumático a causa del acto violento se suma el escarnio público, que todo el mundo se entere de lo que le ha pasado. La víctima lo es una y otra vez, y no puede controlar el alcance de lo sucedido. Quien socializa el delito, el daño, la agresión lo hace para demostrar algo, para añadir un componente más sádico aún», dice el psicólogo social.

La tercera pata de la mesa es el espectador, quien consume este tipo de contenidos, que suelen ser las más leídos y vistos. Para los dos expertos gallegos, esto es un claro ejemplo de la fascinación que provoca el delito, especialmente si es morboso, en el ser humano. La crónica negra se ha convertido en algo cotidiano, sostienen, y por ello no es de extrañar que también se exhiba y ramifique en internet.

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