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Papel de diario

Cabanes fue "el poble dels desapareguts"

Los casos de las desapariciones no esclarecidas de unos vecinos de la localidad de la Plana de l'Arc la hicieron merecedora de este apelativo enigmático

El general Manuel Pizarro en Teruel

Don Samuel, el mosén que había levantado con el patrimonio familiar la capilla de la Ribera de Cabanes, tuvo noticia de algunos casos insólitos que afectaron al pueblo del Pla de l’Arc; de uno fue su protagonista involuntario, de otro, un testigo.

Cabanes, famosa hasta esas fechas por su arco romano y su vino de mesa, pasó a ser conocida en toda la comarca como el «poble dels desapareguts». Acabada la Guerra Civil, un republicano cabanut fue conducido a la prisión de Castelló y transcurrido su arresto, las autoridades del nuevo régimen decidieron ponerlo en libertad sin cargos. Ya en la calle, una vecina suya del pueblo, de paso por la capital de la Plana, se cruzó con él, intercambió unas palabras e incluso le facilitó el importe para que pudiera regresar a casa. Nunca más se supo. El silencio inicial dio paso a un rumor: alguien lo había visto subido en un coche y después, un disparo...

El hecho cierto y objetivo es que su esposa, transcurridos varios años de la desaparición y sin conocimiento del paradero del marido ausente, fue reconocida legalmente como viuda y volvió a casarse. Precisamente se desposó en segundas nupcias con Delfín, un hermano del cura de la Ribera, de la familia de Els Mosca.

Dos hermanas y un cuñado

Un segundo caso, que justificaría por si solo el apelativo siniestro de Cabanes, fue el de las dos hermanas mal avenidas; una era soltera, y la otra casada. Según las habladurías, la segunda presuntamente urdió un plan con su marido del que se desconocerían los detalles aunque sí el resultado final: la mujer fadrina desapareció sin dejar más rastro que la puerta del gallinero entreabierta.

El caso sucedió cuando el sargento Fabilo, el orondo guardia, ya no era la ley en el pueblo. Ante lo extraño del suceso subieron dos agentes de la capital expertos en misterios sin resolver. Interrogaron al matrimonio por separado y, como estrategia policial, a él le comunicaron que ella había confesado el presunto crimen. Lejos de hundirse y reconocer los hechos de los que solo cabían suposiciones, el hombre les espetó: ¿Y no les ha dicho también que nos la comimos en tomateta? Nadie fue acusado de nada, pues nunca apareció el cuerpo del delito.

El misterio de la reaparición

Don Samuel, muy bien podía considerarse un desaparecido más. Lo fue por unas horas, por obra y gracia de los milicianos de Sant Jordi, la parroquia donde le sorprendió el Alzamiento. Los del Comité local creyeron que en el momento en que aparecieran los revolucionarios de los pueblos vecinos, el cura sería hombre muerto. Entonces, aquellos rojos decidieron evacuarlo en el camión camuflado entre otra gente. «¿Heu vist al capellà?»; «Eixe va fugí». Y tal como desapareció, reapareció, al punto, en Cabanes.

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