04 de octubre de 2012
04.10.2012
El modelo territorial

Terremoto independentista

El proceso catalán hacia la autodeterminación obliga al nacionalismo valenciano y al socialismo a independizarse de sus afines del norte. El Bloc apuesta por invocar la 'cláusula Camps' y, como el PSPV, por aprovechar para reivindicar una mejor financiación

04.10.2012 | 15:34
Manifestación nacionalista por las calles de Valencia con motivo del Nou d´Octubre.

La vía secesionista abierta por el presidente catalán Artur Mas tiene efectos colaterales en la izquierda valenciana impregnada por el legado fusteriano. En las extensiones independentistas en Valencia, en el nacionalismo encarnado por el Bloc y en el PSPV. Coinciden en que la aclimatación al nuevo escenario es aprovechar el rebufo catalán para reivindicar la España federal y una mejor financiación. Profesores y empresarios avalan la apuesta.

«I vostè, què pensa de Zaplana?». «President, si a Europa hi hagués una càtedra de trilerisme, Zaplana seria el catedràtic». La pregunta la formuló en 1997 Jordi Pujol a un amigo valenciano en plena gestación de la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL) y tras advertir éste que no hay puente que unifique las dos orillas del Sénia en una sola nación política. El parto de la AVL fue una de las constataciones de que en aquellos años Convergència i Unió (CiU) ya tenía claro que Cataluña y la Comunitat Valenciana «no serán nunca una nación política, aunque sí cultural». Esto opina el director de la fundación CatDem „vinculada a Convergència„, Agustí Colomines.

Con la primera parte de la apreciación coincide Pere Mayor, histórico líder del valencianismo de raíz fusteriana encarnado por Unitat del Poble Valencià (UPV), antecesora del Bloc. UPV se deshizo, en el congreso de l´Eliana en 1996, de las esencias fusterianas al disociar el ámbito lingüístico del nacional, con lo que enterraba los Països Catalans como marco referencial. La segunda apuesta, en esa línea, fue por una autoridad normativa lingüística en Valencia.

Fabra, Morera y la «estelada». Perdía ya sentido el comentario con retranca del profesor Vicent Franch cuando decía que en Valencia uno era nacionalista pero sin saber de qué nación. Bloc y CiU clarificaron sus relaciones como matrimonio de conveniencia. Dos socios electorales en todos los comicios europeos desde 1994 hasta 2009 que no circulan por el mismo territorio ideológico si se aborda el vector derecha-izquierda. «Artur Mas ha estado colaborando con el PP y nosotros a muerte contra el PP, pero las relaciones políticas son extraordinarias», apunta el dirigente del Bloc Lluís Miquel Campos.

El cambio de registro nacional sirvió para despojarse de estigmas y crecer. «Apostamos por un valencianismo sin mirar qué hacen otros territorios, lo que no significa desconectarse», aclara el líder del Bloc y portavoz de Compromís, Enric Morera. Pero el presidente Alberto Fabra no perdió el martes la oportunidad de, en el debate de política general, enfundarle el traje de catalanista que el PP tenía guardado con bolitas de alcanfor en el arcón de estrategias de acreditado rédito político. Morera le había pedido que convoque elecciones y el jefe del Consell le espetó: «Con el anuncio del señor Mas ya puede hacer campaña electoral». Y remató: «Yo no me he hecho ninguna foto con bandera independentista catalana ni me la haré», en alusión a una instantánea de Morera.

El proceso independentista abierto por Mas causa efectos colaterales en la izquierda valenciana que históricamente tiene en el fusterianismo uno de sus nutrientes teóricos. En el Bloc no hay consenso sobre las verdaderas intenciones de CiU, sobre si la independencia es el fin o solo el medio para arrancar el pacto fiscal. Pero a la larga, el proceso catalán «puede avivar la llama valencianista», según Mayor, en la medida en que el independentismo dejará de ser tabú. Eso sí, el exlíder del Bloc cree que el PP intentará resucitar el fantasma del anticatalanismo.

«Pero ya no le dará resultados», apunta. Morera es de esa opinión, igual que el líder del PSPV, Ximo Puig, y voces de fuera de los partidos. Como el presidente de la Fundación ProAve, Federico Félix: «No es momento de hacer anticatalanismo y en el mundo empresarial muchos lo rechazan». Lo dice uno de los más críticos con los nacionalistas catalanes. «Como mínimo son poco solidarios, por no decir algo más fuerte», declara.

Radiografía valencianista.
Llegue donde llegue CiU „de entrada hasta el referéndum de autodeterminación„el Bloc sabe que no puede actuar en esa clave. «No somos independentistas sino europeístas, pero partidarios de la Europa de los pueblos y del Estado del Bienestar» subraya Morera. Para el líder valencianista, el debate del independentismo es «estéril y anacrónico». Morera cree que el sentimiento separatista es casi «inexistente» en el Bloc y, sobre todo, en la coalición.

Mayor también distingue entre Bloc y Compromís: «Para el Bloc el valencianismo es una causa básica, pero para Iniciativa es un ismo más». Cree que el independentismo «tiene más fuerza de la que parece en el Bloc». Otros como Campos cifran la fuerza del independentismo en su partido en el 30% de los 2.800 militantes. La encuestas internas de esta formación acreditan que la opción mayoritaria entre sus afiliados es sentirse «más valenciano que español». Ahí se instala el 65% del Bloc. Más interesante resulta la radiografía de los 176.213 votantes de Compromís en las autonómicas de mayo de 2011. Entre ellos se impone el sentimiento de «tan valenciano como español». Tan poco marcado carácter nacionalista explica que un 30% del voto emigre al PSOE en las generales.

¿Cómo se adaptará Compromís al nuevo escenario? Entienden que Cataluña desbroza el camino y ellos están resueltos a apostar por la «cláusula Camps», una reivindicación del mismo café con euros que se le suministre finalmente a Cataluña. «No podemos perder el rebufo de reivindicar una financiación justa porque sufrimos la misma marginación económica», lamenta Morera. Dicho por Pere Mayor: «Hay españoles que pagamos y otros, como los vascos y los navarros, que cobran por ser españoles», comenta en alusión al régimen de concierto económico.

La crisis, una oportunidad. El socialista Ximo Puig está convencido de que es el momento de «hacer de esta crisis [política] una oportunidad». Pese a que el órdago independentista amenaza con romper el PSC „el ala más catalanista, con Montserrat Tura, ha marcado distancias con el secretario general, Pere Navarro„ ese conflicto «no condiciona el discurso» del PSPV, según Puig, e incluso le ve más recorrido a su apuesta federalista. «Estamos en contra del movimiento recentralizador del PP y del independentismo, dos fuerzas que se retroalimentan», explica Puig. «Si a alguien le interesa que esto se mueva en favor de una España federal defendida ya por Rubalcaba es a la Comunitat Valenciana», apunta. En su conferencia en el Club Diario Levante, el pasado miércoles, planteó sus propuestas de modelo territorial y de financiación, cuestión que considera la «madre de todas las batallas».

Lo peor, el inmovilismo. El catedrático y decano de la Facultad de Economía, Vicent Soler, considera que la andanada independentista catalana llega «en el peor momento» para la Comunitat Valenciana. Una eventual secesión de Cataluña «nos deja un poco más al pairo del inclemente nacionalismo español». En el frente periférico «perderíamos un aliado» para trabajar por una España plural y una mejor financiación. «Es increíble que en vez de recibir solidaridad la damos, pese a que no sólo tenemos déficit fiscal, sino que nuestra renta per capita es 12 puntos inferior a la media», señala Soler. El exconseller socialista augura que en esta convulsión política los valencianos «tendremos los problemas con Madrid, no con Barcelona». Lo «temible» es la reacción del Estado, advierte.

El profesor de Geografía de la Universitat de Valencia Josep Vicent Boira «duda» de que a Valencia le beneficie la vía rupturista iniciada por el Govern catalán, un proceso que ahora está en «la fase de los altavoces». «Valencia, para Cataluña no es una variable en la ecuación, pero sí una derivada», señala. Boira augura un proceso muy largo e incierto y coincide con Soler en que si se consuma la independencia «seremos menos para empujar y menos para pagar». Como Puig, cree que lo peor en estas circunstancias de déficit de financiación que sufre Valencia es «el inmovilismo», pero tiene pocas esperanzas de que Madrid «sea receptivo» a las aspiraciones valencianas. Y lo peor, para Boira, es que sin taponar el agujero de la financiación «no saldremos de la crisis».

Para el profesor Boira, a Valencia le urge un cambio de modelo «territorial [en España] y financiero», igual que otro modelo productivo. Entre el centralismo y la independencia habría que explorar soluciones desde la «innovación», un concepto tan necesario en política como en economía. En este punto lamenta que en la Comunitat Valenciana no exista un solo «think tank» o grupo de reflexión.

El presidente de la patronal autonómica Cierval, José Vicente González, cree que es el momento de que los agentes sociales valencianos sumen fuerzas para reivindicar «una financiación autonómica justa». Recuerda que la Comunitat Valenciana ocupa el octavo lugar en cuanto a porcentaje de recaudación de impuestos respecto a la media nacional y el décimocuarto „penúltima de las comunidades del régimen general„ en cuanto a financiación per cápita.

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