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Cambio de tendencia

La corrupción desaparece de la campaña cuatro años después de ser la protagonista

Los escándalos, ya sea por interés o por falta de rédito, se han caído de la narrativa electoral

La corrupción desaparece de la campaña cuatro años después de ser la protagonista

La corrupción desaparece de la campaña cuatro años después de ser la protagonista

El cambio de gobierno de 2015 fue catárquico. Tras 20 años con el PPCV en el Consell y una última legislatura marcada por los escándalos, la llegada del Botànic a la Generalitat desinfló la corrupción como gran argumento aglutinador de la política valenciana.

Hoy, aquella preocupación capital ha caído varios grados de intensidad. La desaparición de la «hipoteca reputacional» se ha convertido en lugar común en las alocuciones del presidente, Ximo Puig. Pero la corrupción ha desaparecido de la primera página del relato del Botànic, pese a terremotos como el encarcelamiento del expresidente Zaplana o la detención del cuñado de Rita Barberá.

El contenido del programa electoral del PSPV es revelador. Apenas una línea aborda el asunto: «Consolidaremos un modelo de Administración basado en la estrategia de gobierno abierto y buen gobierno, que suponga integridad institucional, más participación, transparencia y control». Fin de la cita.

El PP, por motivos evidentes, no incluye siquiera la palabra «corrupción» en sus130 páginas de programa. Se ha limitado a algunos anuncios, como «eliminar los chiringuitos» del Botànic, en referencia a empresas del sector público.

¿A qué se debe este giro de la narrativa electoral? ¿saturación informativa?, ¿la corrupción ya está superada como movilizador de voto? «Más bien, el escenario ha cambiado», apunta Joaquín Martín Cubas, director del departamento de Ciencia Política de la UV. «La corrupción por sí sola no es motivadora del voto. Ya se han puesto en marcha políticas contra la corrupción (transparencia, etc); los responsables de los grandes escándalos ya no están en la parrilla de salida electoral y, en la derecha, hay dos partidos inmaculados en ese sentido (y un peligro mayor, debilitar todavía más al PP)», explica.

«La izquierda en el Gobierno, más allá de alguna pulla, no puede hacer de ese tema su bandera, necesita otros asuntos para motivar al electorado propio; a la derecha no le interesa porque le perjudica, aunque no dudará en utilizar el caso de Jorge Rodríguez en la Diputación de València. En fin, creo que no es un problema ni de saturación ni de amortización propiamente, sino de oportunidad», explicaba Martín Cubas hace unos días.

En realidad, ni siquiera la apertura del sumario del caso Alquería ha dado un vuelco a las posiciones. A falta de lo que ocurra en el debate de À Punt de esta noche, Isabel Bonig pasó por encima del asunto en el debate de TVE, cumpliendo el expediente y evitando hacer sangre con PSPV y Compromís para que no se le volviera en contra.

Mención de Sánchez en el debate

Aída Vizcaíno Estevan, consultora y profesora de Ciencia Política de la UV, aporta otra clave: la campaña autonómica, en esta ocasión, va unida a la de las generales, y en ese marco estatal la presencia de la corrupción es menor todavía, con un debate centrado en cuestiones identitarias y en el ruido.

Curiosamente, la única (y brevísima) mención a la C. Valenciana en las cuatro horas de debate a las generales fue de Pedro Sánchez, posiblemente aleccionado desde Blanqueries, para acusar al PP de haber convertido a la autonomía en un «parque temático» de corrupción.

En cuanto a Compromís, Oltra mantiene vivo el recuerdo de lo que ocurrió. Su programa, obviamente, es ya el de un partido de gobierno, con medidas centradas en mejorar la transparencia en la gestión de los recursos públicos, detectar irregularidades y también recuperar lo robado en tramas de corrupción.

¿Puede perder más votos aún el PP por la herencia del pasado? «En cierto modo [PSPV y Compromís] no han sacado el rédito que desde un punto de vista de responsabilidad política podría haber logrado: el PP valenciano tendría que haber desaparecido, y no lo han conseguido. Es posible que el PP logre más de lo que PSPV y Compromís obtuvieron 2015, con la capitalización de la corrupción, con la gravedad de los casos», añade Vizcaíno.

Blanca Nicasio Varea, profesora de Ciencia Política en el CEU-UCH, ofrece otro punto de vista: «El Botànic no podía obtener más rédito electoral [del descalabro del PP] del que ya ha obtenido». Y apunta a Ciudadanos: «En València competía con un partido que tenía su grupo disuelto y no ha sabido ganar ese espacio político. Ha desaprovechado la oportunidad de tener enfrente un grupo fuera de combate».

El candidato Toni Cantó se esfuerza. Paradójicamente, los ataques de Cs sobre la corrupción se centran más en PSPV y Compromís que en el PP, su rival por el espacio político y el partido más estigmatizado tras los escándalos de las últimas décadas. Acaba de desplegar una enorme lona en València contra «los enchufes del tripartito» en la diputación.

Unidas Podemos, tratando de frenar la fuga de votos hacia el Botànic, también ha sacado a última hora la presunta financiación ilegal de PSPV y Bloc de 2007 y 2008.

Otro aspecto que explica la pérdida de peso de la corrupción en el debate público es hasta qué punto la sociedad está dispuesta a aceptar las corruptelas, apunta Vizcaíno. «Nos cansamos, la sociedad quiere novedades constantes, la corrupción suena a antiguo. Cuesta introducirlo en campaña, un periodo en que se mira al futuro», afirma.

El CIS corroboran esta premisa. La C. Valenciana está ya entre las donde la corrupción menos preocupa. Con cinco puntos menos que la media, solo el 28,7% de los valencianos sitúa el fraude como uno de los tres primeros problemas. Solo Cataluña y Madrid, por apenas una décimas, muestran una menor preocupación.

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