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La gestión pública eleva la inversión pero también las listas de espera

El Hospital de la Ribera cumple dos años desde que dejó de ser administrado por una empresa con nuevo equipamiento y más atención a los municipios para reducir la masificación, aunque la demora media para ser operado crece hasta los 78 días

Uno de los especialistas muestra el nuevo acelerador lineal inaugurado en febrero.

Uno de los especialistas muestra el nuevo acelerador lineal inaugurado en febrero. vicent m. pastor

Dos años de luces y sombras. Ese podría ser el resumen de la nueva etapa que inició el Hospital de la Ribera y toda el área de salud de la comarca el 1 de abril de 2018. Se cambiaba de paradigma y se estrenaba el otro Modelo Alzira, ya que fue el primer hospital que pasó de manos privadas a públicas. La gestión directa del centro alcireño se ha traducido en más personal y grandes inversiones que han mejorado su tecnología, pero queda mucho trabajo hasta conseguir las condiciones óptimas. La espera quirúrgica es mayor que hace dos años y las tensiones laborales generan continuas disputas que la Conselleria de Sanidad mira de soslayo.

Con el bienio a punto de cumplirse, hay un hecho irrefutable: con aspectos mejores y con otros peores, no se ha producido la debacle que anunciaban -y siguen proclamando- los partidos políticos conservadores. De hecho, durante el primer año se rompieron algunos de esos mantras. Ante el presagio de despidos masivos, el Consell ha apostado por ampliar la plantilla para mejorar la atención de los pacientes y las condiciones laborales de los propios profesionales, que durante la etapa de la privatización tenían que hacer frente a ratios demasiado elevados.

Los propios empleados reconocen «una clara mejoría», aunque para ellos resulta insuficiente. Concretamente, echan de menos que la ampliación de la plantilla llegue a todos los departamentos en las mismas proporciones. Por su parte, la gerente del Departamento de Salud de la Ribera, Liliana Fuster, ha defendido en más de una ocasión «el firme compromiso de la Conselleria de Sanidad Universal y Salud Pública de ofrecer a los pacientes una asistencia más humanizada y dotada de una mayor calidad».

Atención cercana

Otro de los pronósticos vaticinaba la pérdida inmediata de servicios. Tampoco ha sido así, ya que se han mantenido e incluso han aumentado. En estos dos años, se ha apostado por acercar algunas especialidades a los centros de salud de los municipios y por reforzar la Unidad de Hospitalización a Domicilio. Sobre la primera cuestión, hay un ejemplo muy reciente, ya a finales del año pasado el centro de salud de Almussafes incorporó a su cartera la oncología médica. Es más, la previsión es que, a lo largo de este año, se sumen otras dos, hasta sumar ocho para acercar la atención a los pacientes y, de paso, frenar la masificación del hospital.

La conselleria siempre ha defendido que en el momento en el que recibió el hospital, éste adolecía de dos grandes males que, durante estos años, se han subsanado de manera progresiva, aunque todavía quede mucho trabajo por hacer: el reducido tamaño del edificio para albergar todos los servicios que ofrece y su equipamiento tecnológico obsoleto. Las inversiones para paliar dichas deficiencias han sido cuantiosas (casi 8 millones solo el primer año). Y a principios de febrero se puso en funcionamiento un nuevo Acelerador Lineal y un equipo de PET-TC, dos aparatos que mejoran el diagnóstico y el tratamiento del cáncer y que han requerido una inversión de cinco millones de euros.

Mejor que la media

Con todo, hay muchos aspectos a mejorar. El más significativo tiene que ver con las listas de espera. La demora media para ser operado por una problema que no sea urgente era en enero de 78 días. Una cifra más elevada que los 62 días que logró Ribera Salud el último día que gestionó el centro hospitalario. Pese a ello, se encuentra por debajo de la media autonómica, que en el primer mes del año era de 86 días, por lo que los pacientes de la comarca esperan algo menos que el resto. Los empleados consideran que la actividad quirúrgica sigue muy por encima de lo que debe ser un hospital comarcal, una práctica que se arrastra de la antigua gestión privada.

Tanto el Partido Popular como la plataforma SanitatSolsUna se han erigido en los principales detractores de la gestión pública del hospital. Su argumentación apenas ha variado prácticamente desde la reversión. Defienden que se ha registrado una pérdida generalizada de la calidad asistencial que, a su juicio, es un motivo más que suficiente para demostrar que los pacientes de Alzira y la Ribera han salido perdiendo con el cambio de modelo sanitario. Ambos colectivos también han denunciado durante estos dos años la precariedad laboral de los trabajadores. La frase «de la excelencia a la mediocridad» resumiría su tesis.

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