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El conflicto en Madrid erosiona pero no invalida el modelo autonómico

Constitucionalistas valencianos creen que el uso político de la gestión de la crisis subyace en la posible intervención y no el sistema territorial

Consenso casi general entre los constitucionalistas consultados: el choque de trenes entre el Gobierno de España y el Ejecutivo de la comunidad de Madrid por la gestión de la pandemia no tira por tierra cuarenta años de avances en el Estado de las autonomías. Básicamente, porque lo que está en entredicho es una actuación de contenido fundamentalmente político (y partidista), según los expertos, y no el sistema en su conjunto.

Puede que el modelo no quede desacreditado, pero la erosión institucional está ahí y el mensaje que se está trasladando a la ciudadanía es que la gestión de la diversidad territorial es compleja. El tiempo dirá si se está plantando la semilla de un problema mayor.

«En lo que está pasando en Madrid no subyace el debate sobre si está en crisis o no el modelo territorial», afirma la politóloga Blanca Nicasio. «Es posible que por el efecto ‘capitalidad’, al ocurrir en Madrid, se le dé un peso mayor, pero el problema radica más bien en la politización y polarización que se está haciendo de la gestión de la pandemia y las nefastas consecuencias para los ciudadanos», sentencia la profesora de la Universidad CEU-Cardenal Herrera.

¿No es un golpe al sistema de las autonomías? «No lo veo así», responde Aida Vizcaíno. La posible intervención de Madrid lo sería «por los resultados de una gestión con absoluta prioridad política, electoral y partidista, y no técnico-científica», afirma la profesora de Ciencia Política de la Universitat de València.

Ir más allá y considerar el caso de Madrid una deslegitimación de las autonomías responde a «un interés político recentralizador o a una lectura simplista», asevera Vizcaíno.

Para el catedrático de Constitucional de la Universitat de València y expresidente del Jurídic Consultiu Vicente Garrido, intervenir en Madrid (como en Cataluña) solo cabe mediante el artículo 155 de la Constitución. Lo demás son formas de coordinación.

«No es un golpe del Estado siempre que se sigan las normas vigentes y que la medida sea proporcional a los fines perseguidos», añade el profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Alicante Manuel Alcaraz.

El exconseller admite que la actuación se leerá como que la autonomía madrileña no funciona, «pero eso ya lo admite hasta Isabel Díaz Ayuso».

La politóloga Susi Boix profundiza en esa idea: «Alentar la intervención del Estado en una comunidad autónoma implica per se asumir la incompetencia autonómica». En su opinión, «la lucha política entre el Gobierno y la Comunidad de Madrid está poniendo en jaque el poder autonómico». El eslabón más débil es el que tiene más que perder en este tipo de confrontaciones.

La inacción es la que puede salir ganando en un contexto en el que una parte de la izquierda reivindica ahondar en la federalización del Estado. Es lo que reclama Alcaraz y lo que también ha propuesto el presidente valenciano, Ximo Puig. Por su parte, la ultraderecha ha cogido la bandera de la recentralización al considerar ineficaces los gobiernos de los territorios. Si el modelo no está en riesgo, las vibraciones sobre él no son las mejores.

El president de la Generalitat, Ximo Puig, reivindicó ayer que hay que afrontar la crisis del coronavirus desde la corresponsabilidad y no desde el enfrentamiento, y alertó de que «hacer de la pandemia un objeto de deseo político es un error monumental».

Puig dijo que no le corresponde a él juzgar la actuación de otros gobiernos autonómicos en la pandemia (en referencia a Madrid). Cada uno tiene su responsabilidad y debe asumirla, dijo.

Recordó que hubo muchos presidentes y presidentas de comunidades que «exigían tener mayor capacidad de protagonismo» en la anterior etapa de la pandemia, y de hecho «si no hubo más tiempo de estado alarma fue porque no quisieron algunas fuerzas políticas». «No se puede estar diciendo una cosa y la contraria», zanjó.

Puig señaló que es positivo intentar armonizar la actuación de las autonomías, si bien en estos momentos hay una asimetría muy grande entre las comunidades sobre la evolución del virus, por lo que no se puede «homogeneizar todo».

Si una pequeña población tiene un nivel de contagios muy grande pero hay una trazabilidad adecuada no es tan preocupante, argumentó en respuesta a la petición de Madrid de extender las medidas que se le pretenden aplicar.

Madrid es «muy importante», sobre todo en esta España que está «demasiado centralizada» y lo que ocurre allí tiene más impacto en la población, dijo Puig, y desveló que muchas personas le preguntan en la calle si se va a confinar ya a los valencianos, «porque la imagen de Madrid se proyecta en todo el territorio de una manera excesiva».

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