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Los expertos alertan del efecto contagio ante el auge del discurso ultra

Juristas y politólogos observan con preocupación los hechos de Washington y la banalización de la violencia por parte de algunos partidos

Seguidores de Trump durante el asalto al Capitolio.

Seguidores de Trump durante el asalto al Capitolio. REUTERS

¿Fue un intento de golpe de Estado lo que sucedió el miércoles en el Capitolio de Washington? Los analistas no se ponen de acuerdo. En lo que sí coinciden los juristas y politólogos valencianos es en que el violento asalto perpetrado por grupos ultraderechistas a la sagrada casa depositaria de las esencias democráticas de EE UU sienta un peligro precedente que podría desencadenar réplicas de mayor o menor intensidad en todo el mundo allí donde los movimientos extremistas no aceptan los resultados electorales.

«Todas las encuestas apuntan a una cada vez mayor desconfianza de los ciudadanos hacia las actuales democracias. Cuanto más sectarismo se produzca en la acción de gobierno de cualquier país en el contexto actual, mayor riesgo de episodios violentos», resume Jorge Mestre, profesor de la Universidad Europea de València. Un peligro que, aunque con menor fuerza, Javier de Lucas señala como ya presente en España: «La exclusión de legitimidad a Sánchez como okupa obedece claramente a la misma lógica antipluralista», opina el catedrático de Filosofía Política y del Derecho.

Roberto Viciano, catedrático de Derecho Constitucional, advierte de que los hechos de Washington «pueden convertirse en un ejemplo para ciudadanos radicales de otros países», si bien la politólogo Aída Vizcaíno añade un matiz y diferencia la protesta en torno a las instituciones de la insurrección violenta que se vivió en el Capitolio para detener el proceso democrático de ratificación de Joe Biden. «Cuesta imaginarse situaciones de tal magnitud en estos momentos en España», recalca. En una línea similar, la también politóloga Anna López ve «muy preocupante» la reacción de varios líderes de los partidos del centro-derecha que han equiparado lo sucedido en Washington con el «Rodea el Congreso» durante la investidura de Rajoy en 2016. «Están banalizando el uso de la violencia. Aprovechar este pseudoparalelismo es instalarnos en la mentira de un relato inventado que se propaga de forma muy rápida por las redes sociales», incide López.

El jurista Manuel Alcaraz también pone el foco en esa «renuencia» de la derecha española a condenar «sin paliativos» lo que para él sí es un golpe de Estado instigado por Donald Trump al alentar el choque de legitimidades. «No podemos imaginar esos golpes a la antigua. Ahora se trata de corroer el sistema, a ser posible en nombre de la libertad, la democracia y la Constitución», apunta. Del mismo parecer es Javier de Lucas. «Para dar un golpe de Estado hoy no se necesita a los militares. Basta con tener dinero y capacidad de impacto en los media, para manipular, mediante mensajes simplistas que crean una verdad con la ayuda de la maleabilidad de las redes». Con esta tesis no está en cambio de acuerdo el catedrático de Constitucional Vicente Garrido, que ve más ajustado a una sedición lo sucedido en Washington. Aún así, el jurista es tajante sobre la gravedad del daño perpetrado a la democracia y sostiene que Trump debería ser investigado y juzgado, algo que comparten el resto de especialistas consultados. Pero la posibilidad de que la responsabilidad penal del presidente interino se sustancie a través de un impeachment (una acusacion de la Cámara de Representantes) se desvanece dado que el procedimiento es largo y lento y Trump acabaría antes su mandato. Así lo apunta Viciano, para quien decir que el miércoles hubo un golpe de Estado es simplificar porque los asaltantes no pretendían tomar el poder, sino impedir un acto en el Congreso. «En un golpe de Estado no hay espacio para la frivolidad y los selfis», coincide en la misma opinión Jorge Mestre.

La crisis como catalizadora

A juicio de las politólogas Aída Vizcaíno y Anna López, el asalto al Capitolio evidencia dos cosas: que el descrédito de la clase política y el ninguneo a las instituciones es más profundo de lo que parece a simple vista y que el autoritarismo del siglo XXI está creciendo al calor de nuevas formas propagandísticas. Las analistas advierten de que la crisis económica propiciada por la covid ejerce de catalizador a favor de las políticas trumpistas y sus derivadas europeas. Ante esta tesitura, López acentúa el papel clave de Europa en el refuerzo del Estado del Bienestar y la necesidad de establecer cordones sanitarios al estilo de Francia para arrinconar a la ultraderecha.

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