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Adiós a los mitos de la cooperación

Una campaña de la Coordinadora Valenciana de ONGD rompe con ideas arraigadas sobre la solidaridad como «repartir libros viejos o lápices de colores» mientras orienta a la sociedad con diferentes ideas para colaborar de forma efectiva

LA COOPERACIÓN INTERNACIONAL  EN TIEMPOS DE PANDEMIA

Maite Ibáñez

Donar enciclopedias de los años 80 en los colegios, entregar medicinas caducadas o plantar zanahorias en la huerta valenciana son los ejemplos que emplea la campaña Cooperar Mejor (#CooperarMejor) organizada por la Coordinadora Valenciana de ONGD para romper con los mitos de la cooperación. La entidad persigue explicar que la mentalidad «asistencialista» debe cambiar en aras de una cooperación «que sí puede acabar con la pobreza y la desigualdad en el mundo». Porque dar dinero o donar cosas que nos sobran no arregla por sí sola la desigualdad. Así lo asegura la presidenta de la entidad, Cristina Ramón, tras recalcar que la cooperación «se traduce en impulsar cambios profundos y dar un apoyo continuo a proyectos sostenibles en el tiempo».

Para que el mensaje llegue con facilidad y desterrar los mitos de la cooperación, la campaña reúne vídeos breves con un único protagonista: un joven estadounidense (Philanthrooper) que visita la Comunitat Valenciana porque «el sur de Europa» necesita ayuda. El joven tiene muy buenas intenciones y una clara visión asistencialista que «solo sirve frente a situaciones de riegos o urgencia».

Resultados a largo plazo

«Ante determinadas situaciones urgentes, las personas donan o colaboran en ese momento puntual para ayudar a solucionar ese problema concreto. Sin embargo, pese a la necesidad de esas actuaciones puntuales, estos gestos solidarios no solucionan los verdaderos problemas a largo plazo», explican desde la entidad. Pero la cooperación es algo más que «tapar agujeros». La cooperación es inversión y los resultados se ven a largo plazo.

La campaña Cooperar Mejor también ofrece a la ciudadanía diferentes ideas para participar en la cooperación y colaborar con las entidades sociales. Desde cómo hacer voluntariado, hasta cómo orientarse cuando quieren asociarse o donar, pasando por cómo variar hábitos del día a día que contribuyen a acabar con la pobreza y la desigualdad.

Además, la campaña rompe con algunas ideas arraigadas sobre las acciones tradicionalmente asociadas a la cooperación, como donar libros viejos o repartir lápices de colores. «Estas acciones pueden ser necesarias en ciertos contextos, pero son solo una tirita ante la desigualdad en el acceso a derechos básicos como la educación, la salud, o el trabajo digno», explica Cristina Ramón. Y añade: «El trabajo de la cooperación valenciana es indispensable para lograr la igualdad y justicia global, y gracias a esta campaña tenemos la oportunidad de dejar atrás todas esas ideas erróneamente vinculadas a la cooperación para dar paso a nuevas formas de ayudar dirigidas a todas esas personas que, como el Philanthrooper, están cargadas de buenas intenciones». La Coordinadora Valenciana de ONGD arranca la campaña en un momento en que alcanza la cifra histórica de 101 entidades socias, de las que el 41 % cooperan en Centroamérica, el 32 % en América del Sur, el 23 % en el Caribe y el 19 % con la población palestina.

Para completar la fotografía de la solidaridad valenciana, destaca la inversión local en cooperación internacional.

Así, los municipios de la Comunitat Valenciana presupuestaron entre 2005 y 2019 al menos 45,5 millones de euros para invertir en 2.914 proyectos de cooperación internacional en los países más empobrecidos, según los datos de la Federación Española de Municipios y Provincias. Los proyectos financiados se dedicaron en un 60 % al desarrollo de infraestructuras sociales básicas en comunidades que carecían de ellas o que las tenían en un estado muy precario. La mayor parte de los proyectos de cooperación se han llevado a cabo en América Central, América del Sur y Caribe (un 56 %), en África (un 21 %) y Asia (7 %).

«La humildad es imprescindible para que el voluntario sea aceptado»

Si hay una cualidad que debe tener la persona voluntaria en cooperación es «la humildad». Así lo asegura Francisco Cumbreras, un cooperante con más de 30 años de experiencia y que realiza esta entrevista desde El Salvador, donde colabora con Cerai, tras sumar experiencias en más de cinco entidades y 17 países de África y América.

«La humildad es una condición imprescindible si se quiere ser aceptado. La falta de humildad en una persona voluntaria hará que su ego domine su comportamiento y no le permita aceptar otras condiciones, otra forma de entender la vida, otra forma de hacer las cosas. Como consecuencia, no aprenderá ni tampoco se alimentará de esa situación nueva que estará viviendo», afirma.

Francisco explica cómo cambia la visión y la perspectiva en función del lugar del planeta en el que uno viva. « En sociedades con muchas necesidades materiales y también en sociedades afectadas por guerras, aprendes a admirar la capacidad de la gente para llevarse bien, aunque parezca contradictorio. En una ocasión hice una misión de algo más de un año en Congo, un país azotado por guerras internas y guerrillas; es admirable la positividad de la gente en el trato cotidiano y cómo las personas apartamos lo negativo para apreciar y mimar la opción de entenderse y comunicarse. Cuando vienes de estos contextos te ríes tú, por ejemplo, de la guerra interna en la está enzarzada nuestra clase política», afirma.

Aprendizaje constante

El cooperante explica cómo el voluntariado aprende a apreciar «cosas muy simples para nosotros pero que no son fáciles de conseguir y mantener, tales como que vayas por la calle sin riesgo a que te maten, o que te pongas enfermo y acudas a un sistema de salud sin el impedimento del dinero o la opción del acceso a la educación». Además, afirma que la cooperación «te enseña que son posibles otras opciones a las que el sistema te muestra como únicas posibles; por decirlo de otra manera, la cooperación y el voluntariado te muestra que aspirar a ser un espíritu libre es factible».

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