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"Cuando supe que iban a vacunar en la residencia pedí ser el primero"

El proceso de inmunización contra la covid empezó hace seis meses en los brazos de Batiste

Batiste Martí, el primer valenciano vacunado, habla desde el jardín de la residencia.  | M.A.MONTESINOS

Batiste Martí, el primer valenciano vacunado, habla desde el jardín de la residencia. | M.A.MONTESINOS

Batiste Martí ha sido serrador y trabajador de la madera durante más de cuarenta años, cuidador de su mujer durante casi otras dos décadas y el primer valenciano en recibir la vacuna de la covid. No es más que un hombre de 82 años que echa de menos andar durante horas y horas porque las piernas, dice, ya no le responden igual y, sin embargo, su nombre estará ligado para siempre a la historia de la pandemia de la covid en la Comunitat Valenciana.

«Estoy estupendo», cuenta con una sonrisa que se nota detrás de la mascarilla desde el jardín de la Residencia Verge del Miracle de Rafelbunyol, donde se mantienen las distancias. Fue aquí, hace seis meses, un sábado 27 de diciembre, cuando se estrenaron las dosis de la vacuna contra la covid en la Comunitat Valenciana y la primera de todas ellas fue a parar al brazo izquierdo de Batiste.

«Cuando supe que nos iban a vacunar en la residencia, pedí ser el primero; había otros delante pero les daba un poco de miedo, yo dije que yo quería ser el primero, que me pincharan a mí», recuerda medio año después. «Aunque en la segunda dosis me dejaron de los últimos», añade.

Desde aquel pinchazo, la vida ha ido cambiando despacio dentro de la residencia, pero la esperanza ha ido llenando poco a poco la situación tras sus puertas. Esa mejoría ha permitido que Batiste reciba la visita de sus tres hijos, que pueda salir a comer con ellos y que no haya barreras cuando se encuentran, aunque el contacto todavía esté limitado.

«Todavía tiene un poco de miedo cuando sale, su preocupación es contagiarse y que le aíslen en la habitación, dice que no aguantaría 15 días», cuenta su hijo mayor, Juan Martí, con quien va a celebrar (con todas las precauciones) su santo, San Juan Bautista, ese fin de semana. «Pero lo veo bien», complementa Juan.

En la salida del fin de semana se incluirá también una visita al cementerio. La mujer de Batiste falleció hace 11 meses . De ella tiene un retrato en el dormitorio y cuenta que la estuvo cuidando durante los últimos años de su vida. «Me jubilé un año antes porque andaba y se movía con dificultad, la ayudaba a levantarse de la cama, iba con un andador por la casa, todo lo hacía yo, pero llegó un momento en que le dije a mis hijos que yo solo no podía y nos vinimos a la residencia», recuerda el hombre de 82 años.

Eso fue hace seis años, de los que un año y medio han transcurrido en pandemia. La residencia de Rafelbunyol no se ha visto afectada por ningún brote, por eso fue de las primeras en recibir la vacunación. «No nos hemos enterado mucho de la película, pero había cosas que no podíamos hacer y había que tener cuidado», recuerda.

Pasear por el jardín, pintar o ver la televisión son algunas de las actividades más habituales en estos meses, lejos de la intensidad de las sierras con las que trabajaba la madera y por lo que tenía que salir de casa a las 5 de la mañana. Hoy, el final de la pandemia está cerca gracias a un pequeño gesto, el de poner el brazo, que Batiste hizo el primero en la Comunitat Valenciana. «Me alegraría mucho de que esto acabase ya, hay muchas ganas», expresa. Y añade: «Si fuera preciso, me vuelvo a vacunar otra vez».

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