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Filología Catalana, un valor al alza

Desde el grado relacionan este aumento de interés con la alta empleabilidad y el papel del docente durante la pandemia

Una imagen de la facultad
de Filología de la Universitat
de València.  m.ángel montesinos

Una imagen de la facultad de Filología de la Universitat de València. m.ángel montesinos

Nerea Roda tiene 18 años y es de Castelló de la Plana. Hace tres días encontró piso en València para empezar su carrera universitaria y de sus palabras emana ilusión. Mayoría de edad, independencia en otra ciudad y conquista de los campus universitarios y sus cafeterías. Toda una etapa vital. Estudiará Filología Catalana. Un grado que, tras las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU) del pasado junio, ha constatado su tendencia de valor al alza. Los motivos son varios, desde una alta empleabilidad a las constantes campañas de visibilización y promoción de los estudios de grado.

Este año, más de 140 personas han pedido en la prescripción universitaria tras las pruebas de acceso estudiar Filología Catalana en la Universitat de València (UV), una de las dos universidades valencianas que ofertan el grado (la otra es la Universidad de Alicante, que también ha llenado todas sus plazas). Esta cifra representa el doble de las plazas que se ofertan, 70.

Pero no siempre fue así. La carrera ha experimentado un aumento de solicitudes progresivo desde 2015, cuando la demanda tocó fondo.

Se dio entonces una situación «anómala», según explica Jesús Jiménez, director del departamento de Filología Catalana de la Facultat de Filologia, Traducció i Comunicació de la UV, pues era un grado con empleabilidad muy alta, pero sin estudiantes. Fue entonces cuando «nos planteamos que algo fallaba, que no estábamos comunicando bien», dice Jiménez.

Unas campañas de promoción junto a la UA y la conselleria de Educación después, consiguieron, ya el año pasado, tener nota de corte (cuando hay más solicitudes que plazas, el último que accede marca esa nota de corte) y este año la calificación requerida para entrar ha pasado de 7,4 a 9, en la primera lista se han prescrito 85 personas y la lista de espera acumula 55 personas más.

El grado revive y las razones son diversas. Así lo transmite Jiménez que achaca este aumento paulatino a las campañas conjuntas en redes sociales, a haber sabido transmitir información sobre el grado y a la empleabilidad. Otra de las causas, dice el profesor, es «la revalorización del servicios públicos a raíz de la pandemia». Así, desde la universidad piensan que «durante el último año los estudiantes han podido ver la capacidad de adaptación del profesorado de valenciano y de toda la enseñanza en general. Y creo, sinceramente, que este esfuerzo colectivo ha contribuido a mejorar la imagen de la enseñanza como oficio y a hacerlo más atractivo», razonan.

Múltiples salidas laborales

Las salidas son diversas y la carrera cuenta con un alto grado de empleabilidad. La docencia es una de ellas. Ser profesor o profesora de valenciano es un destino seguro, pues hay demanda «constante» de estos profesionales, que escasean y en varias ocasiones han sido convocados mediante bolsas de empleo de urgencia. Pero no es la única salida. «El mundo editorial busca filólogos, también el asesoramiento lingüístico, entre otras opciones».

Además, subraya que, contra el pensamiento generalizado de un «perfil de estudiante de filología catalana», el grado es «diverso» y «moderno». «Nos gustaría que nos miraran sin prejuicios, es una carrera como otra cualquiera», dice. Aunque Jiménez admite que hubo una época «que se asociaba filología catalana a un perfil militante», esto «no tiene por qué ser así, hay estudiantes de todos los orígenes».

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