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Explotación laboral

Matar de hambre a un ‘rider’

Una sentencia acredita la relación laboral de Glovo con uno de sus primeros repartidores en València, deja probado que lo ‘desconectaron’ de la aplicación de manera injustificada y obliga a la empresa a pagar una indemnización por despido improcedente.

J.Parrado ha ganado recientemente una demanda conta Glovo Foto | Fernando Bustamante.

‘Matar de hambre’ es un término del argot que utilizan los repartidores. Si un rider rechaza cuatro pedidos seguidos en la app de Glovo, de repente el algoritmo ya no le quiere y le castiga a pasar un día entero sin que te entre ni un solo recado. «Ves cómo el resto de repartidores que están contigo van y vienen sin parar, pero a ti no te cae ni un encargo». Varios riders consultados cuentan la misma historia, alguno incluso se ve obligado a dejar la app porque la sequía se prolonga, casi ninguno quiere denunciarla. A eso le llaman ‘matar de hambre’.

Pero el que habla es J. Parrado, uno de los primeros repartidores de Glovo en València que ha ganado recientemente una demanda contra la empresa por este motivo. Desconectaron su cuenta de la app de manera injustificada y sin previo aviso, dejándole sin el trabajo con el que mantenía a sus niños de 5 y 4 años. De un plumazo. Y sin dar explicaciones. La sentencia condena a Glovo por despido improcedente a indemnizarle con 3.349 euros y deja probado que durante ese tiempo fue trabajador de la empresa, y no un autónomo.

Parrado es uno de los riders más veteranos de la app en València. Empezó a trabajar en septiembre de 2017, «seríamos unos 50 repartidores, no más», cuenta. Por este motivo era de los que más dinero ganaba en plantilla, ya que la aplicación prioriza la fidelidad, te quiere siempre ahí. Así que deja caer primero los encargos en manos de los repartidores que llevan más tiempo, y después en los nuevos.

Así, Parrado ganaba unos 1.000 euros mensuales. «Ahora ya es muchísimo menos, la gente gana 400», explica. Eso sí, eran 1.000 euros descontando autónomos, la gasolina de su motocicleta y el uso de sus propios medios (vehículo y móvil para trabajar). Hacía 11 horas diarias, de 11 a 17 y luego de 20 a una de la madrugada. Por mil euros.

«Toda la plantilla vieja con la que yo empecé ha ido saliendo así, han desconectando la cuenta a los que estábamos desde el principio», dice Parrado

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Así daba de comer a sus niños de 5 y 4 años, hasta que, en agosto de 2020, decidió cogerse unas vacaciones de una semana. “Hablé con el chico de Glovo en València para decirle que me iba, que no se preocupara”, cuenta Parrado, que tomó precauciones poco propias pese a que en el papel era un autónomo. En este sentido la sentencia dictada deja claro que “la mercantil demandada fija el horario de trabajo, contacta con los restaurantes la prestación del servicio, es quien gestiona los pedidos de los clientes, entrega al trabajador la caja con el logo de Glovo donde transportar la mercancía, es la que dispone de la aplicación del teléfono móvil para comunicar a los operarios con las funciones, la que reparte las tareas entre los repartidores en función de la proximidad de los clientes y las circunstancias concretas de cada pedido”. Por ello, deja negro sobre blanco “la existencia de relación laboral entre las partes”. Este diario ha intentado ponerse en contacto con Glovo pero no ha obtenido respuesta.

Desconexión sin explicaciones

Según cuenta Parrado, en plenas vacaciones sufrió de un ataque de apendicitis que le dejó convaleciente en el hospital, y cuando quiso entrar en la app para informar de ello se dio cuenta de que su contraseña no funcionaba. Estuvo así más de diez días sin recibir respuesta. «Mandaba correos electrónicos con mi foto en el hospital a los responsables de la plataforma para que lo vieran, pero no contestaban a nada». Finalmente llegó la respuesta: su cuenta había sido eliminada. El motivo; que había tardado 60 minutos en hacer tres pedidos.

Parrado cuenta que le respondieron a los quince días, y con «falsas esperanzas». «Tienes 20 días para reclamar, así que me contestaron mareando la perdiz». Pero denunció, y ganó. Dice que está seguro que la empresa quería desconectarlo desde hace tiempo por ser uno de los repartidores más antiguos y ante la aplicación de la ley rider en el horizonte, que habría obligado a la empresa a regularizarle. «Toda la plantilla vieja con la que yo empecé ha ido saliendo así, han desconectando la cuenta a los que estábamos desde el principio», denuncia.

Finalmente la empresa tuvo que elegir entre indemnizar a Parrado con 3.300 euros o contratarle como trabajador y regularizarlo, algo que “claramente la empresa no va a hacer, porque tenía que haber pagado 14 o 15 mil euros”, denuncia Parrado. 

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