Entrevista | Andreu Escrivà Ambientólogo

"La sostenibilidad es una milonga cuando solo se usa para lavar la imagen"

Andreu Escrivà afirma que hay que que dejar lo de la «neutralidad climática» con la meta de 2050 y reducir ya emisiones «a lo bestia»

Andreu Escrivà, en el barrio de Campanar. | MIGUEL ANGEL MONTESINOS

Andreu Escrivà, en el barrio de Campanar. | MIGUEL ANGEL MONTESINOS / Elena Martínez

Minerva Mínguez

Minerva Mínguez

Andreu Escrivà (València, 1983) se encuentra en su salsa siendo incómodo, desmontando los autoengaños fáciles para no tomar medidas drásticas que reduzcan las emisiones de  carbono. En ‘Contra la sostenibilidad’ aboga por la búsqueda de un bienestar justo que pasa por racionar, sí, los recursos. Defiende que la economía circular es una moda ridícula, que se han de atender las demandas del territorio en las energías renovables y que el desarrollo sostenible es otra falacia a costa de la naturaleza. Del coche eléctrico admite que es el futuro, pero solo se trata de un cambio de motor. Es el modelo de movilidad lo que hay que modificar, remarca.

«Aún no es tarde», «Ahora yo qué hago» y «Contra la sostenibilidad (en valenciano en Sembra y en castellano en Arpa). Usted va in crescendo con sus libros y en el último no deja títere con cabeza.

El primero era un esfuerzo divulgativo, el segundo era dar respuesta a las preguntas del primero y una vez tienes a la gente concienciada y que ya sabe que lo del cambio climático es real, pues hay que decirle que vaya con cuidado de ir por donde no toca.

¿La sostenibilidad es una milonga como da a entender?

En el sentido profundo no, porque hay mucha gente, instituciones, asociaciones e incluso empresas que trabajan dentro de este paraguas de la sostenibilidad y que hacen acciones positivas. Pero el concepto en sí mismo se ha convertido en puro ‘merchandising’ cuando no en un ‘greenwashing’ que permite vender que uno es muy verde sin serlo y sostiene un sistema insostenible. Sí es una ‘milonga’ si solo se utiliza para lavar la imagen. Como palabra en sí es maravillosa, pero no funciona.

Este tipo de libros ¿quién debería comprarlos?

Con los ecologistas y concienciados ya contamos, así es que si puedo aparecer en un programa de ‘salseo’ o deportes estaré por una cuestión de transversalidad, de tratar de llegar a otros públicos. Hay que dejar de buscar el aplauso fácil, ser un poco incómodo y sacudir al personal.

¿Transición ecológica es igual que transición energética?

Es algo así de por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo. Voy a hacer campaña para que se recupere la Conselleria de Medio Ambiente como tal (ahora es de Agricultura, Desarrollo Rural, Transición Ecológica y Emergencia Climática) para que se hable de una puñetera vez de eso, de medio ambiente. Las competencias de energía deben agruparse en otro departamento. La gente asimila transición energética con transición ecológica y piensan que si se colocan placas solares ya está todo resuelto, y no es así.

¿Qué opinión le merece la polémica de su expansión? Su implantación es motivo de enfrentamiento en el Botànic e incluso llegó a los Premios Goya.

No se puede despachar a los de ¡Renovables sí, pero así no! tildándolos de retardistas, anticientíficos o insolidarios. Habrá veces que las demandas desde el territorio estarán muy justificadas y en otras habrá que alcanzar un consenso porque con los tejados no llegamos. También digo que las ciudades no tendremos legitimidad moral si al mundo rural lo llenamos de placas solares pero nosotros no lo hacemos. No podemos arrasar el campo y menos si es productivo para alimentar coches eléctricos sin cambiar el modelo de movilidad.

Habla de cornucopia desarrollista.

Hay que asumir que esa idea de la abundancia que se vendió era una ilusión.

Dice que es tan absurdo postergar lo de reducir emisiones como proponerse dejar de fumar dentro de veinte años si sabemos que provoca cáncer.

Hay empresas que están diciendo que serán neutrales en 2050, pero están aumentando las emisiones ahora en 2023. Lo de cumplir con la neutralidad climática es otro término muy ‘chachi’ pero lo que hay que hacer es reducir a lo bestia y cuanto más rápido mejor. Es como si el capitán del Titanic cuando vio el iceberg dijera de hacer cálculos para ver hasta dónde giraba el timón. Hay que dejarse de triquiñuelas y trampas al solitario.

Cita a Delibes y su ingreso en la Real Academia en 1975 donde ya decía el escritor que el progreso no puede conseguirse si no es a costa de otra cosa, de inmolar la naturaleza en pro de la tecnología.

Delibes no se va por las ramas y viene a decir que a este paso vamos, rodando, hacia el precipicio.

¿Qué más eventos extremos han de pasar para reaccionar?

Me da miedo que haga falta algo más bestia que el Gloria, las olas de calor o los megaincendios de este verano, porque la información ya la tenemos, pero hay una serie de incentivos perversos para no actuar.