Joaquín Ramón Aguilar Claramunt, conocido por don Joaquín entre los vecinos de la Pobla de Vallbona, ha fallecido este viernes a los 78 años a causa de un infarto cerebral. "Ha sido el cura que más se ha acercado a los jóvenes", apunta un feligrés de la Pobla de Vallbona. "Él daba misa y luego cenaba con ellos. Ahora eso lo hacen pocos curas", prosigue el mencionado vecino de la localidad del Camp de Túria, quien también destacó su "gran labor" al frente de los Juniors.

"Era un gran sabio, con un carácter muy fuerte, pero un gran lector y, cada vez que hablabas con él, te enseñaba alguna cosa. Todos decían que sabía mucho. Era casi un emblema", declara otra vecina de la Pobla de Vallbona.

Por lo tanto, don Joaquín pasará a la historia por ser un teólogo del pueblo, a pesar de ser sensiblemente una persona introvertida. En la corta distancia era sosegado y dialéctico, un consejero profundo y buen orador. Nunca perdía esa risa sagaz, la misma que tienen los que saben muchas cosas de la vida por propia intuición. El día 4 de octubre de 1986 entró como cura a la Pobla y, a partir de ese día, marcó la vida de su comunidad cristiana durante más de tres décadas.

También dio a conocer "Proyecto Hombre" en la Pobla para dar apoyo a las personas en su reinserción y animando al voluntariado. El vecino de Puçol se ordenó como cura en 1977 después de estudiar en el Seminario de Moncada.

Porque, según apuntan los que le conocieron de cerca, aportaba calma en cada cambio social, ideológico y hasta generacional. Fumador empedernido de hasta tres paquetes diarios de Ducados, era un gran lector y un peregrino anual al Santuario de Nuestra Señora de Lourdes (Francia). Vivía sin televisión, como si se tratara de un auténtico ermitaño. Los libros que leía, la mayoría de espiritualidad y filosofía, armaban un personalidad y un mundo interior prácticamente sin esfuerzo alguno.

Será enterrado en el cementerio de Puçol este sábado, día en que será velado en la Iglesia Santiago Apóstol de la Pobla a partir de las 10 horas. La misa será a las 16 horas. Su muerte ha causado una gran conmoción entre sus feligreses. Pero su memoria seguirá presente en todos ellos. Porque la gente auténtica, inevitablemente, deja huella.