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LA IDENTIDAD DE MARÍA MARÍN GISBERT, LA SEÑORA DEL PALASIET

el mal llamado Jardí de la Pau ha estado recientemente en el foco de los medios ante la desesperación manifestada por vecinos y viandantes, hartos de sufrir las actitudes incívicas que han convertido este enclave natural urbano en su estercolero particular. Testigo de sus fechorías en plena Fira de Xàtiva, y preocupado porque el jardín recupere la dignidad perdida, contaremos su historia. No sin antes preguntarnos sobre quién fue María Marín, la viuda de Fortunato Selgas Albuerne, popularmente conocida como la señora del Palasiet, y a cuya memoria fue dedicado el parque.

Yace enterrada en el cementerio de Xàtiva, junto a su madre Isabel, en un humilde nicho, cosa bastante extraña para tan acaudalada familia que posee panteón privado en tierras asturianas. De su lápida, concluimos que nació en 1863 y feneció en Xàtiva el 20 de julio de 1942. El problema se planteó al querer saber de dónde era originaria, y corroborar que el segundo apellido era el de Gisbert, a través del estudio de su partida de defunción. Tras la consecuente solicitud al Registro Civil, se nos instó a justificar por escrito el interés general, periodístico e histórico del personaje para poder acceder a los datos de su partida de defunción. Y con dicho objeto redactamos el presente artículo. Suponemos que ha habido una interpretación errónea de la legislación, que consideramos lesiva para los que nos gusta indagar sobre el pasado, y también para el derecho a la información. Porque son legión los ciudadanos a los que les gustaría conocer la procedencia de una señora aún muy presente en la memoria colectiva y urbana de una ciudad que aspira a conocer a quién dedica sus calles y jardines.

Se da también la paradoja de que mientras, por un lado, se aplica la ley de protección de datos con tantas restricciones, se incumple por otro con la ley de memoria histórica al mantener como nombre oficial del parque, el de Jardí de la Pau o de la Paz, cuando debería ser históricamente el de María Marín Gisbert, porque la paz a la que se alude no viene referida al pacifismo, sino que celebra una victoria. Mediados los sesenta, el franquismo quiso conmemorar los logros conseguidos de pan, trabajo y cohesión social. Logros innegables que tuvieron su reflejo en una Xàtiva que creció urbanísticamente como nunca, generando toda una serie de nuevos servicios como el actual ayuntamiento, por entonces Banco de España, los jardines que la rodean, los colegios e institutos, con todos sus equipamientos urbanos, para dar acomodo a una población en aumento. En pocas palabras, para el franquismo había valido la pena derramar tanta sangre, y por tanto los 25 años de paz justificaban lo injustificable. Creemos más apropiado para estos tiempos denominarlo como de María Marín Gisbert, sustrayendo la coletilla de viuda de Selgas, como se solía hacer en aquellos tiempos donde la mujer perdía parte de su individualidad al contraer matrimonio, y se convertía en la señora «de».

Pero, ¿quién fue María Marín Gisbert? De sus orígenes poco o nada podemos decir por el momento, solo intuimos que sean posiblemente valencianos en espera de la resolución del Registro Civil para abrir nuevas líneas de investigación. Solo sabemos „por los escritos de López Sellés„ que era mujer de elevada cultura, educada en los mejores colegios de Inglaterra, y que se dedicaba a dirigir el servicio y cuidar de su residencia de la calle Argenteria, lugar donde los Selgas Marín se hicieron levantar una residencia campestre a imagen „pero en versión humilde„ de la Quinta de Selgas, la residencia oficial existente en Cudillero, en Asturias. Comparando ambas, la de Xàtiva se quedó en palasiet, como tan bien la definiera la memoria colectiva setabense, y hoy convertida también en jardín público, sin que sepamos haya sufrido hasta el momento colonización alguna por parte de elementos asociales.

Parece que María contrajo matrimonio con Fortunato en 1892, del que nacieron tres hijos: José, Juan y Ezequiel. Barajamos tres hipótesis para explicar los motivos por los que esta adinerada familia fijó su segunda residencia en Xàtiva, y en el caso de María Marín, la habitual. La primera es que Fortunato fue un millonario que le dio por la cultura, y quedó prendado del patrimonio setabense al visitar la ciudad. Así que decidió apoyar el empeño de José Carchano de comenzar a promover la idea de una promoción turística de Xàtiva a través, inicialmente, de la creación de un museo. Además de inversor, fue erudito, y le dio por investigar el patrimonio eclesiástico valenciano. Fruto de ello publicó en 1903 una obra sobre Sant Feliu y las iglesias valencianas del siglo XIII.

La segunda razón es que pocos años antes, vino a morir en Xàtiva, su primogénito José, con tan sólo un año y medio de edad. Cosa que pude corroborar en el Registro Civil de Xàtiva, en los tiempos que no había tantas restricciones, al localizar su partida de defunción acaecida en el número 35 de la calle Argentería, el 26 de mayo de 1899. Se le dio sepultura en Xàtiva. Y, por último, la que cuenta la tradición oral: que Fortunato no se llevaba bien con su esposa, y le mandó construir una especie de palasiet para mantenerla en el exilio, lejos de él.

No sabemos tampoco la fecha de la construcción de la casa. López Sellés apunta que se inauguró oficialmente en 1922. Tal vez fue una residencia que se amplió en sucesivas fases, siguiendo el gusto de Fortunato por rodearlas de jardines de diferentes tipologías. El caso es que hacia ese año, Fortunato había fallecido ya, y María Marín Gisbert arraigó para siempre en Xàtiva durante sus últimos veinte años de vida, en los que se dedicó a cuidar del jardín del Palasiet y a dar largos paseos, pero no a pie, sino en coche, a causa de un delicado estado de salud.

En el recuerdo. El hilo de memoria que nos queda, transmitido a las nuevas generaciones, la recuerda en la última fase de su vida sentada tras un coche descapotable tal vez Mercedes o Talbot gris, realizando todas las tardes el mismo recorrido: de la calle Argenteria a la Alameda, pasando por la Bassa o la estación, donde los comerciantes acudirían a su coche para que pudiese realizar sus compras sib bajar del auto. Próximamente analizaremos la hipotética historia de amor platónico hacia su estimadísimo chófer, desvelaremos sus orígenes y explicaremos el por qué Xàtiva le dedicó un parque. A una mujer que en principio no hizo nada más por Xàtiva, que ser la viuda de Fortunato, y madre de Ezequiel y Juan Selgas.

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