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Deportados en campos de exterminio nazis

Reseña de Valencianas y valencianos deportados en los campos nazis, presentado en la Casa de la Cultura de Xàtiva

Portada del libro de Mínguez. | LEVANTE-EMV

Portada del libro de Mínguez. | LEVANTE-EMV

Bajo el lema de Record permanent, la Regidoria de Memòria de Xàtiva rindió homenaje el pasado martes a todos los españoles deportados y muertos en Mauthausen, y otros campos de exterminio. Entre los actos programados, se presentó el libro de Adrián Mínguez Anaya Valencianas y valencianos deportados en los campos nazis. El autor pertenece a la Coordinadora d’Associacions per la Memòria Democràtica del País Valencià y desde hace más de treinta años trabaja en la delegación de la Asociación Amical de Mauthausen de València

El autor sitúa en las colonias de explotación germanas de Namibia la escuela de la que se nutrirían los verdugos de los campos de exterminio. Agradece Adrián Blas a Casimiro Climent Sarrión, oficinista valenciano de la Gestapo, toda la información relativa a los republicanos españoles que pasaron por el exterminio nazi, aunque dicha figura haya sido denostada por otros supervivientes, pertenecientes al partido comunista. No sufrió la dureza de la cantera, lo que le permitió salvaguardar la información relativa a todos los que allí fueron deportados, establecer contactos con los familiares, y ser a su vez testigo de cargo contra los verdugos nazis que lograron escapar al proceso del juicio de Nuremberg, y que fueron siendo detenidos en las décadas posteriores.

Detalla el autor el fracaso de la ofensiva del Ebro que llevó a decenas de divisiones y cuerpos de ejército a cruzar la frontera francesa en dirección al exilio. Relata los padecimientos y la organización de aquellos campos de refugiados surgidos de la nada, donde se practicaron oficios y se crearon exposiciones de arte, en las que participó el pintor Rafael Perales Tortosa, setabense aún hoy desparecido. Esta es la única referencia que se tiene de este prometedor joven, con proyecto de casa-museo en Xàtiva que nunca llegó a realizarse. Ahora se sabe que llegó a tomar el camino del exilio.

Mínguez da cuenta de cómo muchos de aquellos republicanos se alistaron en las compañías de trabajo militarizadas para hacer frente a la embestida nazi sobre suelo francés, y de cómo fueron cayendo prisioneros centenares de valencianos en manos de los alemanes; presenta, además, testimonios directos sobre la presencia valenciana en la retirada inglesa por Dunkerque

Los republicanos españoles adquirieron la condición de prisioneros de guerra sometidos a la Convención de Ginebra, y fueron recluidos en Stalag en espera de la deportación a España, cosa que nunca ocurrió, al ser rechazados por el gobierno del general Franco, que les hizo pasar a la condición de apátridas.

Mínguez documenta que la mayoría de los valencianos exterminados pertenecían a las compañías militarizadas que tuvieron como destino los campos de Mauthausen y Gusen. Aunque también hubo otros que acabaron exterminados con posterioridad en campos como Auschwitz-Bierkenau o Dachau, entre otros, por haber pertenecido a la Resistencia Francesa, o también por haber profesado la religión judía.

Relata que el exterminio comenzó incluso antes de llegar al campo en los traslados en tren, como el de los 927, en donde buena parte de sus integrantes perecieron, y donde encontramos valencianos de las comarcas de la Vall d’Albaida o de la Costera, como Miguel Belda Belda, natural de Aielo de Malferit, o Daniel Pla Carreres, de Moixent. En Mauthausen y Gusen fallecieron Rafael Donat, de Ontinyent; Vicente Martínez Pardo, de Bolbaite; o Eduardo Pérez García, de Anna, entre otros.

Relata Blas Mínguez el día después del campo, el momento de su liberación, y de cómo los supervivientes se unieron para relatar lo acontecido, y buscar justicia denunciando a los verdugos para que pagaran por los crímenes de lesa humanidad cometidos, buscando además perpetuar la memoria para que un horror así no volviese a repetirse en la historia de la humanidad. Incluye además un listado con los 653 valencianos y valencianas que pasaron por los campos de exterminio. Sólo unos pocos salieron vivos, y de ellos muchos permanecieron en silencio, porque nunca se atrevieron a relatar el horror sufrido.

La regidora de Memòria de Xàtiva, Raquel Caballero, quiso en especial rendir homenaje a las 8 víctimas setabenses de la barbarie de las que se tiene constancia. 6 fueron víctimas de Gusen: Ricardo Cháfer Daroca, José Francés Vidal, Vicente Colomer Vila, Alberto Pagán Gil, Ramón Amat Terol y Rafael Perelló Tormo. Dos salieron con vida: Antonio Martínez Ballester, de Gusen, y José Martínez Ramón, de Dachau. Y que se sepa, nunca se lo contaron a nadie.

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