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DES DELS ALFORINS

Recuerdos

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Recuerdos

Hace un rato he subido al trastero de casa y he ojeado alguno de los cómics que compraba de pequeño: Astérix, Mortadelo y Filemón,… Qué recuerdos y qué buenos ratos pasaba leyéndolos ¡La de películas que me he montado queriendo tener la fuerza de Obélix, tras ingerir la pócima de Panoramix!

Recuerdo cada vez que bajaba al kiosco de Manolo, que estaba justo debajo de mi casa y que todavía sigue estando en el mismo lugar, a comprar los tebeos y los cromos de fútbol que luego intercambiaba en el recreo con mis compañeros del cole. Más tarde ya me decanté por otro tipo de publicaciones.

En una ocasión le escribí a mi madre en un trozo de cartón de tabaco, unas líneas repletas de faltas de ortografía, para ver si podía comprarme el último libro de Astérix que había salido con cien pesetas mías. Obviamente, mi madre me dio el dinero, siempre lo hacía y me lo compré. Ese era el precio que costaba entonces un ejemplar del rey de las galias, de tapas duras, magníficamente ilustrado por ese brillantísimo dibujante que fue Albert Uderzo. Conservo media docena de estos libros y otros tantos de Mortadelo y Filemón que tantos ratos de placer y diversión me han proporcionado.

Es una pena no haber conservado todos los juguetes que tuve durante mi infancia. De alguno de ellos me acuerdo perfectamente, como si los estuviera viendo ahora mismo: el tanque dirigido que movía el cañón, el coche de los Beatles con música incluida, el pinball, el autocross, el cinexin, los disfraces, los madelman, las bicicletas, y tantas otras cosas que hoy serían dignas de colección.

He cogido el álbum de mi primera comunión y no he podido contener las lágrimas al verlo. Muchas de las personas que allí aparecen ya no están, por desgracia, conmigo: mis padres, mis abuelos, mis tíos…. Hay que ver lo rápido que pasa el tiempo y la cantidad de personas que nos han dejado. Viendo las fotos me vienen un montón de recuerdos a la memoria de cuando era pequeño y lamento no haber pasado más tiempo con alguna de estas personas. Cuando somos pequeños no somos realmente conscientes de lo rápido que se nos va a pasar la vida. Solo queremos crecer y cumplir la mayoría de edad. Lo que daríamos hoy por volver a revivir aquellos tiempos.

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