Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Una «Iberia» con sentido y sensibilidad

Suite «Iberia»

palau de la música (valencia)

Gustavo Díaz-Jerez (piano). De Albéniz. «Iberia». 17 de enero.

Si en una ciudad como la nuestra una Iberia de Albéniz no llena más que dos tercios del aforo de la Rodrigo, algo falla. En algo fallamos. Todos. En especial los pianistas que viven aquí: intérpretes profesionales, profesores, estudiantes. Sólo con ellos debería haberse colmado no la Rodrigo sino la Iturbi. Y con los demás músicos y los melómanos, ni les cuento.

Estamos hablando de la obra más importante del pianismo no sólo español y casi del siglo XX. Difícil como la que más y bella como pocas, en ella no hay ninguna exigencia técnica superflua, cada una aumenta la belleza y enriquece el contenido del mensaje. Visto desde el ángulo opuesto, aquí Albéniz encuentra el medio más adecuado para cualquier fin, y son muchos los que se propone. En resumen, en Iberia nada sobra ni nada falta.

Sin embargo, pese a su categoría no son tantos los registros discográficos con que cuenta, menos aún las ocasiones de oírla completa en una sala de conciertos. Gustavo Díaz-Jerez (Tenerife, 1970) ya la ha grabado dos veces: una en CD, otra en DVD. Desde luego, este recital merecería no quedarse meramente en el recuerdo de quienes lo oyeron. Sencillamente lo bordó.

Más allá de una seguridad mecánica extraordinaria aunque en parte precisamente gracias a ella, lo que sobre todo entusiasmó fue la combinación de un gusto musical indiscutible y una fluidez interpretativa no menos envidiable. Con ella se pagaron los correspondientes tributos a la volátil mezcla de (¿cómo decirlo?) sentido aristocrático y sensibilidad popular que caracteriza a Albéniz.

Las constantes alternancias entre sol y sombra, laxitud e hiperactividad, se resolvieron con naturalidad de la buena, esto es, la que, siéndolo inevitablemente, no se nota como fruto del estudio. Como ejemplos de esto, la transformación de lo inocente a lo voluptuoso en Rondeña (el poco meno mosso central), el temperamento con que se insertaron las interjecciones brusque et forte en Almería. De la capacidad para atender a lo subyacente, bastará con la intensidad del sempre dolce cantando en medio del Corpus.

Se aplaudió con calor y se concedieron dos propinas.

Para continuar leyendo, suscríbete al acceso de contenidos web

¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión aquí

Y para los que quieren más, nuestras otras opciones de suscripción

Compartir el artículo

stats