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Crítica musical

Beethoven y la «mascletá»

Ciclo Beethoven

: Palau de la Música (valència)

Programa. Concierto para piano y orquesta número 1. Sinfonía número 9. . Orquesta de València. Coro de la Generalitat Valenciana: (director: Francesc Perales). Solistas: Khatia Buniatishvili (piano), Ruth Ziesak (soprano), Aurhelia Varak (mezzosoprano), Attilio Glaser (tenor), Daniel Kotlinski (bajo). Director: Yaron Traub. Entrada: Alrededor de 1750 personas. Fecha: Sábado, 25 de febrero de 2017

La Orquesta de València y Yaron Traub han concluido el ciclo sinfónico de Beethoven con esa cumbre de la cultura universal que es la Novena sinfonía. Fue una versión a tono con la tónica general de las seis jornadas que se ha prolongado la cita, en las que hay que destacar y aplaudir la entrega y disposición de músicos y director. También el buen nivel general de la orquesta e intervenciones solistas cuyo fuste delatan la calidad sobresaliente de algunos de sus profesores. También la capacidad de Traub para abordar con dominio y solvencia innegables tan comprometido reto. Enhorabuena a todos.

En la Novena, hubo, sin duda, desajustes, despistes y carencias. Tampoco el emotivo Adagio rozó el cielo. Pero, en conjunto, fue una versión notable, dicha con criterio y con atención a los detalles. A destacar el cuidadamente dicho inicio del cuarto movimiento, engrandecido por la brillantísima participación del Coro de la Generalitat en la Oda a la Alegría de Schiller, los fraternales versos recurridos por Beethoven para el final de su más extensa y revolucionaria sinfonía. Ni siquiera el muy deficiente cuarteto vocal, en el que destacó negativamente el bajo polaco Daniel Kotlinski, una voz y un cantante absolutamente inadecuado, que ya demostró sus acusadas insuficiencias en la reciente interpretación de la Misa Solemnis de Beethoven junto a la misma orquesta y director. Por su parte, el tenor alemán Attilio Glaser se mostró incapaz de abordar siquiera decentemente los exigentes pentagramas beethovenianos. Quizá contagiada por tan insolventes compañeros de cuarteto, la gran Ruth Ziesak, soprano de bien demostradas calidades, alcanzó a sobrepasar la mera discreción.

Muy diferente cariz tuvo la actuación solista de la pianista georgiana Khatia Buniatishvili, quien en la primera parte cuajó uno de los momentos más elevados del ciclo con una interpretación del Primer concierto para piano de Beethoven plena de estilo, contención, brillantez, mesura y un pianismo de primer orden. Virtudes que asomaron con fuerza en los dos primeros movimientos -bellísimo el Largo central- y se esfumaron por el más que precipitado tempo con que abordó el rondó final, un allegro que ella transformó caprichosamente en un «precipitato» casi tan trepidante como el del final de la Séptima sonata de Prokófiev.

Por si no bastara, en el primer bis que tocó, la voluptuosa artista se disparó aún más con una verdadera bomba musical. «¿Qué es esta mascletá que está tocando?», preguntó al crítico con sorna y guasa un vecino de localidad. Era el final irreconocible de un arreglo hipervirtuoso de la Segunda rapsodia húngara de Liszt, quizá el de Arcadi Volodos. El público, que en estas fechas ya falleras anda especialmente encantado con los decibelios, quedó encandilado con el vacuo alarde virtuosístico. Y la georgiana lo agradeció con un Bach sublime y sublimemente interpretado que con su mesura y contención se impuso a tanto ruido. ¡Qué gran artista y qué clausura más apropiada para este exitoso ciclo Beethoven!

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