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A contracorriente

Obras de Berg, Bruch y Franck

palau de la música

ORQUESTA DE VALÈNCIA. Solista: Jiyoon Lee (violín). Director: Yaron Traub. Pro­gra­ma: Obras de Berg (Tres piezas para orquesta opus 6), Bruch (Concierto para violín y orquesta número 1) y Franck (Sinfonía en re menor). Lugar: Palau de la Música. Entra­da: Alre­de­dor de 1400 perso­nas. Fe­cha: Viernes, 12 enero 2018.

Entiende Yaron Traub la Sinfonía en re de César Franck con colosalidad bruckneriana y alejada del coloreado universo francés que la vio nacer. De ahí que su solemne versión, escuchada el viernes en el Palau de la Música, con un primer tiempo ralentizado, casi marmóreo y grandilocuente, se distanciara con atrevimiento de cualquier purismo y mirara más a versiones del pasado, de maestros como Furtwängler o Celibidache. ¡Tampoco son mala referencia! Luego, tras un segundo tiempo bastante insípido, aligeró -quizá como contraste- el Allegro non troppo final para acercarlo al universo clásico, como si, conceptualmente, se tratara de una especie de liviano rondó.

Fue una interpretación singular y fuera de actualidad. Sorprendente. Dicha con músculo y autoridad. Cuestionable, pero cargada de argumentos y planteada con solvencia y criterio. Faltó sí, pulcritud en el tejido orquestal, sustancia en algunos solos -el célebre del corno inglés del segundo movimiento- y un mayor cuidado en la gradación y estratificación de unas dinámicas que casi siempre resultaron anodinas, pesantes y poco sutiles. Faltó, también, transparencia, vuelo lírico y esa característica riqueza y variedad de colores con la que Franck, el organista, envuelve siempre su música. En el haber de esta visión inesperada materializada por la Orquesta de Valencia, destaca el arrojo de Traub al mostrar sin complejos su versión a contracorriente. Y hacerlo, además, con una honestidad, convencimiento y solvencia a prueba de bomba y conveniencia.

Fue esta particular versión de la única sinfonía de César Franck lo mejor de un programa en el que también se escuchó -en línea con la saturación bruchiana que invade al Palau de la Música en los últimos meses- el Primer concierto para violín de Max Bruch, con el protagonismo solista de la surcoreana Jiyoon Lee (Seúl, 1992), que sustituyó al indispuesto Nikolaj Znaider. Sin la maestría, el virtuosismo ni la solera de Znaider, la joven Jiyoon Lee, que procede de la influyente escudería Barenboim, cuajó una impecable versión, corta de aliento romántico y de vuelo expresivo, pero poderosa en corrección, buenas maneras y resuelto virtuosismo. No son pocas virtudes para quien asume el delicado compromiso de reemplazar en el último momento a un coloso. Jiyoon Lee cosechó un irrebatible y bien labrado éxito, que se prolongó con un Bach muy en línea con las características interpretativas definidas en Bruch.

Lo menos remarcable de la tarde fueron las Tres piezas para orquesta de Alban Berg que abrieron el programa. Se trata de un complejo y denso tríptico que el compositor vienés compone entre 1913 y 1914 y dedica a su maestro Arnold Schönbeg. Las enormes exigencias instrumentales y técnicas de cada una de las páginas requieren también enormes dosis de calidad interpretativa y conceptual. La Orquesta de Valencia las interpretaba por primera vez, algo que se notó en una lectura sin fondo que se quedó en la superficie y que no fue más allá de una interpretación más o menos aproximada, en la que Traub puso meticuloso orden y concierto en unas piezas que requieren bastante más.

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