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Entrevista

John Banville: "Es difícil ser una 'gran figura' cuando tienes sentido del ridículo"

«Necesitaba desconectar de mí mismo. Después de publicar 'La guitarra azul' no podía más», asegura

John Banville: "Es difícil ser una 'gran figura' cuando tienes sentido del ridículo"

«He escrito bestsellers, pero sigo estando aterrorizado». John Banville (Wexford, Irlanda 1945), también conocido por el nombre de Benjamin Black, asegura que no acaba de asumir la etiqueta de «autor consagrado». Lo dice a pesar de haber recibido el Premio Príncipe Asturias de las Letras en 2014 y de haber sido propuesto en numerables ocasiones al Nobel de Literatura. Acaba de publicar La señora Osmond (Alfaguara), la secuela de Retrato de una dama de Henry James, una de las obras que encumbraron al autor en el siglo XIX. La novela -su vigésima obra firmada con su nombre real- narra el devenir de la protagonista, Isabel Archer, después de haber sufrido innumerables desgracias. La de Banville es una de las grandes firmas que ha traído el certamen València Negra al «Cap i casal», donde hoy mantendrá un encuentro con el público en la Fundación Bancaja.

¿En qué momento decidió dar continuidad a la historia de James?

Hace unos 10 años. Estaba cansado de la dirección que habían emprendido mis novelas. Necesitaba un cambio y mi mujer me sugirió la novela de Henry James. Él no escribió un final para Isabel Archer y yo lo he hecho por él.

Usted siempre ha sido famoso por la bicefalia que comparte con Benjamin Black. ¿Ha sumado una «cabeza» más con James?

En absoluto. Lo cierto es que opté por continuar con la novela de James porque necesitaba desconectar de mí mismo, aunque suene contradictorio. Cuando publiqué La guitarra azul no podía más. Necesitaba un cambio drástico.

¿Fue difícil meterse en la cabeza de Henry James para continuar su historia?

Lo cierto es que fue tremendamente fácil. Me puse en el papel rápidamente. Los psicólogos aseguran que cuando tienes que hacer algo determinado como si fueras otra persona te adentras en un estado de autohipnosis. Cuando estuve dando clases hace algunos años en la Universidad de Chicago vivía en el campus, así que dedicaba todo mi tiempo libre a escribir esta novela. Me sorprendía al ver cómo mi escritura fluía con soltura cuando hablaba de Isabel Archer.

Casi como un actor que interpreta un papel.

Sí, pero uno mediocre, creo yo. (ríe). Henry James estuvo presente en todo el proceso de la obra. Pero no se equivoque. No soy una persona mística. No creo que su fantasma me haya estado rondando y que se haya metido en mi cabeza.

Pero sí que forma parte de su universo literario.

Sin duda. Cuando la gente habla de mi escritura, la conecta directamente con Nabokov, pero nadie menciona a James. He leído Retrato de una mujer tres veces en mi vida. La primera fue en mi juventud.

En «La señora Osmond» ha decidido dar una vuelta de tuerca al personaje principal. A diferencia del autor, usted ha retratado a una mujer que opera con menos restricciones que en la primera novela. ¿Su intención era empoderarla?

Mi novela empieza directamente donde quedó la de James, con la señora Archer despojada de sus antiguas creencias en Roma. Es un ser humano al que le han pasado cosas terribles, de las que ha aprendido. Es una persona más fuerte. Creo que James no le dio importancia a la edad de la protagonista, y eso fue un verdadero error. En la obra de James parece que se comporte como una persona de media edad, de 30 o 40 años, pero ella solo tiene 29. Es muy joven. Además, ha tenido que pasar por un terrible matrimonio.

Sale escarmentada.

¿Sabe? Nosotros nunca cambiamos por nosotros mismos. Nos hacen cambiar las personas que nos rodean con el amor o el daño que infligen sobre nosotros. Es lo que le ocurre a la protagonista.

Se ha catalogado la obra como feminista. ¿Está de acuerdo?

Retrato de una dama lo era en la época. De hecho fue una de las primeras novelas que trató temas tan complicados como la sexualidad, la libertad o el trato a la mujer. Yo profundizo en la evolución de la protagonista desde un punto de vista feminista. Pero lo cierto es que el feminismo no es fácil. Me esfuerzo por tomar la temperatura social al respecto a través de mis dos hijas. Ellas rondan la veintena y les pregunto cosas constantemente. Me corrigen cuando digo algo de lo que antes nadie se hubiera inmutado. Crecí durante en los 60, la década de la liberación de la mujer en muchos aspectos. Pensábamos que estábamos cambiado el mundo. Pedíamos libertad a toda costa. Ahora pienso diferente en muchas cosas.

¿Cómo qué?

La peor cosa que le puedes dar a un ser humano es la libertad total. En el fondo, creo que nadie quiere ser libre. Cuando lo eres estás completamente solo, no dependes de nadie, pero tampoco nadie depende de ti. Me incluyo a mí mismo cuando hago esta reflexión.

¿Se refleja en la novela?

Sí. Cambié el final de mi obra cuando llegué a la reflexión que le he comentado. Isabel Archer, como muchos de nosotros, ha pasado por cosas que le han cambiado, pero también es una ególatra, una intolerante. Tiene un profundo sentido del honor, como el de un americano.

¿También su individualismo?

Claro. Si se da cuenta, la gente lo que quiere es vivir su vida sin sobresaltos, cuidar a su familia... Ella viene del infierno, y ahora tiene que cuidar su alrededor.

¿Cómo se lleva actualmente con Benjamin Black?

Cuando lo creé, sólo lo quería para firmar un libro, El secreto de Christine (2006). Ahora él tiene 11 libros y yo 20. No me gusta él en particular, pero me gusta estar vinculado a él. Todavía me tengo que recordar a mí mismo que las siglas 'B. B.' soy yo. Tanto él como yo seguiremos escribiendo.

¿Ha cambiado con los años su manera de vivir la profesión? Hace mucho tiempo que es un autor consagrado.

¿Lo soy?

Eso creo.

En España, no en Irlanda. Hace un tiempo unos españoles me pararon cerca de mi casa en Irlanda para felicitarme por mi obra. Era la primera vez que me pasaba en el vecindario.

¿Le hace gracia la etiqueta?

Mire, todos fingimos ser personas adultas que controlamos todo lo que nos rodea y que no nos afectan las cosas. Pero en el fondo todos estamos aterrorizados. También los autores consagrados. Cuando mando un libro a mi editor siempre me imagino una respuesta negativa por su parte, en la que me pide que tire lo que he hecho para empezar otro de cero. La serie Quirke fue bestseller, pero aún así, sigo siendo yo. Sigo estando aterrorizado.

¿Siente presión por hacer mejores libros?

Es muy difícil ser una gran figura de la literatura, una bella figura en italiano, cuando tienes sentido del ridículo.

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