Suscríbete

Levante-EMV

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Literatura

Brigada Político Social: literatura y tortura en la València franquista

Lucas Marco cuenta la historia de la policía política durante la dictadura, con personajes tan peculiares como Pedro Caba, Julián Carlavilla y Tomás Cosías

Brigada Político Social: literatura y tortura en la València franquista

Pedro Caba «andaba con un pie en comisaría y otro en las actividades culturales de sus amigos antifranquistas», escribe Lucas Marco. Antes de entrar en la Escuela de Policía, Caba había estudiado Letras, y siendo ya un hombre de la ley, escribió una novela con la que ganó el premio Gabriel Miró, un ensayo sobre «comunismo libertario y cante jondo» y un poemario que no pudo publicar hasta 1975. Después de la Guerra Civil fue trasladado a València para confeccionar informes contra comunistas y maquis, al mismo tiempo que participaba en la tertulia de El Gato Negro a la que acudían intelectuales como María Beneyto, José Hierro o Vicente Gaos. En los 50 fue «depurado» al salir a la luz aquel ensayo de juventud, y tuvo que marcharse de València. Siguió escribiendo, fue comisario y murió en 1992. Ahora Caba es, además, uno de los protagonistas (seguramente el más agradable de todos) de Simplemente es profesionalidad. Historias de la Brigada Político Social de València, escrito por Lucas Marco gracias a la Beca Josep Torrent de Periodisme d'Investigació 2017 y editado por la Institució Alfons el Magnànim.

Caba no es el único agente de la Brigada Político Social de València con ínfulas literarias de los que habla este ensayo. Ahí está también el «siniestro» Julián Carlavilla, que antes de la guerra participó en un complot para matar a Azaña, que después participó en una brigada que controlaba la población judía en España, que visitó oficialmente un campo de concentración alemán y que escribió más de un «best seller» donde, según Marco, se mostraba «más neonazi que franquista». Y también está Tomás Cosías, un escritor, según Marco, «no maravilloso, pero sí aceptable», autor de la novela El camarada Darío (ilustrado por la pintora antifranquista Jacinta Gil Roncalés), e inventor de un método para sacar confesiones a base de interrogar a los detenidos arrodillados sobre montones de garbanzos.

Más allá de las referencias literarias, en Simplemente es profesionalidad Marco se dedica a diseccionar una de las partes más negras del franquismo en València pero también de la democracia, ya que varios de los policías que protagonizan estas historias de persecuciones, interrogatorios, torturas, amenazas, contactos con la Gestapo y detenidos que salían de comisaría con cuatro centímetros menos de altura, siguieron trabajando durante los gobiernos de UCD y el PSOE, ocupando algunos de ellos puestos de alta responsabilidad.

«El Estado no es amable ni benévolo, y si necesita de este tipo de perfiles para sus guerras sucias, los usa -explica Marco a Levante-EMV-. Xavier Vinader, que era un mítico periodista de investigación, dice que la jugada para luchar contra ETA y los Grapo fue cambiar impunidad por eficacia. Es un pacto antinatura pero les funciona. Y de ahí viene la anécdota de Lluch».

La anécdota de Lluch: siendo éste Ministro de Sanidad con Felipe González, fue de viaje oficial a Palma y allí el encargado de protegerle era Benjamín Solsona, el agente de la Brigada Político Social que en 1975 le detuvo a él y al actual conseller de Economía, Vicent Soler, como miembros que eran de «Els 10 d'Alaquàs». Y no fue éste el único encuentro ya entrada la democracia entre los miembros de la temida Brigada y las víctimas de sus detenciones. «Gente como Ballesteros o José de Oleza -máximo responsable de la policía franquista en la ciudad tras la muerte en 1974 de Antonio Cano-, se van de València, pero hay otro nivel de agentes que hacen vida aquí y a veces se cruzan con los que habían detenido durante el franquismo», explica Marco. «Antonio Montalbán (dirigente de CCOO) contaba que en el autobús de la EMT hacia Malilla un día se le acercó un señor y le dijo muy amablemente que se acordaba de él porque había estado en la Brigada Político Social. Y tanto Dionisio Vacas como Rafael Fernández, que era del PC, recordaban ir con sus mujeres por la calle y encontrarse con un expolicía de la social con la suya y presentarse: 'hola, esta es mi mujer', etcétera... Son escenas muy bestias».

Estas escenas de reencuentros más o menos amables no nos deben hacer olvidar que, tal como indica Marco, la relación había sido entre «verdugos y víctimas». «Durante la posguerra, que es la época más salvaje de represión, la Dirección General de Seguridad y su rama policial, y el servicio de información de Falange trabajan para eliminar los restos de izquierda que quedan en València. Cada cierto tiempo, dos o tres años, van cayendo las células de izquierdas y se denuncian torturas sistemáticas hasta bien entrados los 70. El final del franquismo fue muy largo».

Compartir el artículo

stats