Suscríbete

Levante-EMV

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

La autoinculpación del 'criminal' Luburic

La versión ampliada de «Cita a Sarajevo» de F. Bayarri incorpora archivos del nazi asesinado en Carcaixent hace hoy 50 años

La autoinculpación del 'criminal' Luburic

El general Luburic se autodefinía como «un criminal de guerra» y como «el jefe de la represión» en la Croacia aliada de los nazis. Así aparece en la versión corregida y ampliada de Cita a Sarajevo, el libro que recoge la investigación periodística de Francesc Bayarri, que ya reconstruyó con todo detalle el asesinato en 2007 y dio con el único sospechoso, el también croata Ilija Stanic.

Hoy hace medio siglo del crimen que conmocionó Carcaixent. Aquel domingo 20 de abril de 1969, al mediodía, el general nazi Vjekoslav Luburic fue asesinado de un fuerte golpe con una barra de hierro por su compatriota, Ilija Stanic. La historia es conocida, pero Bayarri aporta nuevos documentos que confirman su fidelidad fascista y la colaboración de las autoridades franquistas con los refugiados nazis, en general, y con los croatas que controlaba Luburic en particular. Muchos de ellos entonces refugiados y protegidos en la costa mediterránea.

El libro recoge la carta enviada por Luburic al coronel jefe del Tercio 34 de la Guardia Civil de València, Ildefonso Martínez, donde escribe: «Yo soy, gracias a Dios, criminal de guerra nº 1 para Tito, y para todo comunista».

Vjekoslav Luburic aterrizó en la España de Franco en busca de protección, tras dirigir la represión y los exterminios en Croacia durante la Segunda Guerra Mundial. El franquismo le ofreció una identidad falsa (Vicente Pérez García) y lo ayudó a montar una imprenta a Carcaixent. Luburic, además, lideró una organización terrorista que luchaba contra el régimen comunista de la Yugoslavia del mariscal Tito.

Máximo nivel

En una carta de marzo de 1965, el militar croata se dirige al general Díez de Villegas, último jefe del estado mayor de la División Azul, donde después de reclamar dinero para imprimir más propaganda, se despide de esta manera: «Una confesión más: No seria sincero si no le dijera que con este trabajo nuestra imprenta también se robustece, porqué estamos pagando la linotipia, las máquinas, que, como usted dice, son armas. Esta vez, al servicio de España».

Bayarri también saca a la luz documentos sobre la pésima relación de Luburic con su esposa, que acabaría en separación. «Ahora pretende destruirme entregando la documentación sobre el caso Pavlichevic a mis enemigos políticos para que la publiquen, y así destruirme ante mis compatriotas, como denunciando a mis compatriotas ante las autoridades españoles».

El general nazi cuenta más sobre sus desavenencias matrimoniales: «Ayer, en una pelea familiar, me dijo que ya puede estar de mi lado el rector y los amigos de Benigànim, que el padre Branko Maric, que reside en Madrid, y que nos casó, y que antes era amigo, convirtiéndose per razones políticas en enemigo nº 1 hace bastantes años, que éste me destruirá con documentos que le ha dado sobre mi denuncia de un compatriota a las autoridades españolas. Quiere conseguir así la separación e incluso el divorcio eclesiástico, tirándome de la granja, quitándome mis hijos y toda posibilidad de defensa como refugiado».

Localizado

La policia nunca detuvo a Ilija Stanic que tenía 23 años cuando asesinó a Luburic. El entonces joven croata huyó tras el crimen («según parece en un taxi», contó la prensa de la época), mientras era acusado por el régimen franquista de ser un espía comunista. Durante más de treinta años vivió en Sarajevo, donde Bayarri lo encontró en 2003.

Cinco décadas después, el crimen de Luburic sigue presente en Carcaixent. La historia del asesinato de 1969 y la investigación periodística para encontrar a Stanic protagoniza Cita a Sarajevo.

Compartir el artículo

stats