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Manuel Vicent: "Los artistas de Hollywood ejercían una libertad protegida por la policia franquista"

«Vi una vez a Ava Gardner, en el 66, pero no me interesó mucho porque ya había perdido el glamour»

Manuel Vicent: "Los artistas de Hollywood ejercían una libertad protegida por la policia franquista"

Manuel Vicent: "Los artistas de Hollywood ejercían una libertad protegida por la policia franquista"

Todavía está en Madrid, pero con ganas de irse ya a Dénia. Manuel Vicent aborda por primera vez la promoción de su decimoséptima novela de forma virtual, algo que le parece «fantasmagórico, pero así es la cosa». Eso ha impedido las colas de sus fieles para conseguir su firma en Ava en la noche, así como sus mordientes sentencias públicas de aura de pensador griego. Cuenta que durante el primer mes de confinamiento Madrid fue invadido por una brisa muy sutil, igual que aquel aire finísimo de la sierra que le recibió un octubre de hace años, aunque sigue recordando el extremo olor a café torrefacto de las calles de València de cuando estudiaba.

P Vuelve al triangulo Vilavella/València/Madrid, los escenarios vitales del escritor.

R Me he servido de un material que ya he tocado en otras ocasiones. Aquí está el mito de la niñez, en el que el protagonista despierta al uso de razón sobre los escombros de un balneario derruido por la Guerra Civil.

P Un balneario de reminiscencias míticas.

R Se supone que bajo los cascotes de ese balneario hay una mujer desnuda, tal vez una diosa. Los niños juegan a descubrirla. Levantan los cascotes, pero nunca llegan a encontrarla. Eso permanece en su inconsciente. El protagonista cuando llega a Madrid, con los sueños de gloria de dedicarse al cine, hace una transmutación de aquella imposibilidad de encontrar la belleza bajo los escombros y se encuentra como metáfora que la Dictadura equivale también a la destrucción del maravilloso balneario. Y Ava Gardner hace el señuelo de aquella diosa desnuda en un mosaico, que en este caso el protagonista nunca lo llego a ver.

P Aunque los niños si que encuentran una bomba de la Guerra Civil.

R Sí, en otra parte. El protagonista nunca llega a ver a Ava Gardner. Sobre los cascotes de la destrucción de la libertad, aquella mujer que era el símbolo de la libertad era como una imagen fugitiva, inalcanzable.

P ¿Amor, sexo y política?

R Sexo no hay mucho. La novela trata que en el franquismo se dio el caso que los artistas de Hollywood que venían a España a rodar películas ejercían una libertad protegida por la propia policia franquista. Ellos celebraban fiestas, eran libres, se sentían felices, mientras los españoles arrastraban una dictadura que consistía en ver la libertad de otros, en este caso de actores y actrices. Cuya libertad estaba mezclada con la seducción, con la fascinación y con el glamour. Desde hace muchos siglos en España los pobres se han divertido viendo como se divertían los ricos.

P En aquellos años fueron muy famosas aquellas fiestorras nocturnas.

R Celebraban fiestas de noche, alrededor de unas piscinas mentoladas y de smoking blanco, mientras el español se limitaba a soñar.

P El protagonista [David Arnau] hace el mismo recorrido que el escritor, se desplaza a Madrid para ingresar en la Escuela de Cine, aunque Manuel Vicent se incorporó a la Escuela de Periodismo.

R Son experiencias parecidas. El protagonista de la novela y yo compartimos las mismas copas, los mismos lugares, las canciones que había en ese tiempo, aunque la experiencia de este protagonista no tiene nada que ver con mi vida. Los círculos de cultura, si en aquella época se puede hablar de cultura, eran tan reducidos que tanto los estudiantes de la Escuela de Cine, como los de Periodismo se cruzaban en pequeños bares. Madrid era muy pequeño.

P Con el glamour de Ava Gardner se mezcla la historia del asesino Jarabo, y al principio con Pilar Prades, la famosa envenenadora de València.

R Jarabo fue ejecutado a garrote vil, pero formaba parte de una de las familias de la oligarquía madrileña. Estudiante del colegio del Pilar, sobrino del entonces presidente del Tribunal Supremo. El hecho que un pilaristas en los años 50 fuera pasado por el garrote vil, era una sacudida muy profunda en la conciencia ciudadana. Si a eso se le añade que su sombra maleva se cruza con el esplendor nocturno de la Ava Gardner, la imaginación literaria tiene ahí un gran horizonte.

P Manuel Vicent conoce a Berlanga en el rodaje de «Novio a la vista» en el hotel Voramar de Benicàssim, y el cineasta aparece varias veces en la novela.

R En el Voramar lo vi, no lo conocí. Aunque todo lo que sucede en el Voramar en la novela es imaginación. Después fui amigo de Berlanga pero ya en Madrid. Incluso le comenté lo que se decía en València, cuando ya se había rodado El verdugo, que fue en el 63. Yo conocí a Berlanga años después, en el 67 ó 68.

P Compartieron tertulia muchos años en la famosa colla Tirant lo Blanc de valencianos en Madrid, y Berlanga era el único que hablaba en castellano.

R Alguien, no recuerdo, le recriminó que no hablará valenciano. Fue una cosa muy detonante en aquella colla. Pero como la familia de Berlanga era de Requena... A Berlanga le pregunte por aquel rumor que hubo en València de que el verdugo de la envenenadora había sido pusilánime, incluso que no quería ejecutarla porque estaba en contra de la pena de muerte. No sé si de ese rumor se sirvió Berlanga y [Rafael] Azcona como inspiración del guion de El verdugo. Se lo pregunté y no lo negó. Ni sí, ni no... Ya sabemos como era Berlanga.

P ¿Qué paso antes de la ejecución de la envenenadora?

R Antes de la ejecución, al director de la cárcel, que estaba allí de testigo, le dio un ataque de epilepsia y fue la envenenadora quien fue a socorrerle para que le pusieran un pañuelo en la boca para que no se cortará la lengua. De ese suceso tal vez salió el falso rumor de que el verdugo no quería ejecutarla.

P La última baja de la colla Tirant lo Blanc ha sido el pintor Juan Genovés, con el que tenía una afición compartida por el fútbol y por el Valencia CF.

R Genovés era muy comprometido políticamente, la verdad era un santo laico y un magnífico artista. Nos sentábamos juntos en la colla para hablar del Valencia y de los jugadores de nuestra niñez, del olor a linotipia de los cromos. A veces le preguntaba que prefería, si la dictadura del proletariado o que el Valencia ganará la Copa del Generalísimo. Él no tenía duda, en absoluto, dentro de la broma.

P Hay un pasaje genial en la novela, durante las primeras protestas contra el franquismo, los estudiantes de Madrid envían una gallina a los de València porque no se habían sumado, y el animal tras correr por el claustro de la Nau termina en la estatua de Lluís Vives .

R [Ríe] Eso es ficticio..., pero los estudiantes de Madrid sí que mandaron una gallina en el 56.

P Escribe en la novela que todos los pobres y ricos huelen igual, pero que cada ciudad tiene un olor distinto. ¿Cuál es olor actual de Madrid?

R Madrid huele fatal por la peste política. Si a esa peste política se le une el atasco, la ponzoña de los tubos de escape, es prácticamente irrespirable.

P «Ava en la noche» describe los dos Madrid de la época, el canallismo nocturno de los ricos y ese gris matutino y franquista del resto.

R En el Madrid de aquellos años había unas fiestas de señoritos que se divertían muchísimo, la gente golfa de los tablaos flamencos. Esa era la ruta de Ava Gardner de tablao en tablao y los héroes de la pantalla, que los habías soñado y de repente veías a Rita Hayworth salir de una mantequerías, a Gary Cooper cruzar un paso de cebra, o a Charlton Heston en los bares y hoteles. Ellos eran libres y protegidos. A los periodistas no se les dejaba hacer entrevistas y muchísimo menos sacarles escándalos. Ellos ni se enteraban de la Dictadura, salvo una vez que Frank Sinatra tuvo una agarrada y se enfadó y dijo que no volvería «a este país de fascistas». Los otros no se daban cuenta que aquí había un dictador, ni nada. Venían a hacer su trabajo y se volvían a su sitio y punto. El mismo Hemingway, que vino a la Guerra Civil como corresponsal del bando republicano y a favor de la libertad, después estaba en un Madrid absolutamente franquista y no protestó contra la Dictadura. Iba a los toros, se emborrachaba si llegaba el caso y punto y aparte.

P ¿Conoció a Ava Gardner?

R Bueno, la vi un día, en el año 66. La novela es de principios de los sesenta, la vi en el Oliver una noche, pero a mi no me interesó demasiado, porque ya había perdido todo el glamour. Recuerdo que no hice nada por verla.

P Lo que si le interesaba mucho era el cine.

R He sido cinéfilo desde niño, pero como para todos en aquella época, era la única escapatoria para la imaginación que nos servían en al pantalla, pese a la censura. Incluso cuando más censura, más imaginación.

P Tras lo que estamos pasando, ¿cuál es la principal preocupación actual de Manuel Vicent?

R Tener buena salud y tener proyectos. Estar en forma mientras dure la mecha, y cuando la mecha se acabe, adiós y muy buenas.

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