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Muestra

El "xiquet" del Carmen más moderno del mundo

El MuVIM inaugura la exposición que repasa 50 años de carrera vital y profesional de Francis Montesinos

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Exposición en el MuVim sobre los 50 años de la carrera de Francis Montesinos

Dice Francis Montesinos que la suya es la historia de un «xiquet» del barrio del Carmen «que acabó desfilando por todo el mundo», y que se carrera ha sido un «paseo de éxitos, y algunos tropiezos, tan vertiginoso como es el mundo de la moda». Dice también Montesinos que para él hablar de moda «es hablar de libertad, alegría de mi tierra, de sus tradiciones, de sus raíces y de la modernidad», y que tuvo la suerte de ser «uno de los primeros modernos en una España en la que queríamos cambiar el color». La moda de Montesinos fue la de un tiempo en el que «cualquier síntoma de creatividad conllevaba una conquista de libertad».

Moda y modernidad radical, reivindicación del folclore y de la historia, ruptura, transgresión y libertad... Y el color, las flores, los cortes atrevidos y los estampados inconfundibles («València está presente en mis estampados y en mi espíritu», asegura) que han creado escuela. Con todo ese material está construida «50 aniversari: València, seda i foc», la exposición que desde ayer repasa la trayectoria vital y profesional de Montesinos («la moda ha sido el motor de mi vida», aseguraba ayer el protagonista) en el Museu Valencià de la Il·lustració i la Modernitat (MuVIM).

«Nos hemos subido a la montaña rusa de Montesinos», definió el comisario de la muestra, José Vicente Plaza, durante la presentación en la que también participaron el jefe de exposiciones del museo, Amador Griñó, la subdirectora del MuVIM, Carmen Ninet y el propio diseñador.

«Lo difícil ha sido dejar fuera cosas», aseguraba el modisto poco antes de recorrer la colección que estará expuesta hasta diciembre. Es un «recorrido cronológico y pedagógico» que incluye decenas de hitos del diseño, no solo en la trayectoria del autor sino en el de la historia de la moda española de las últimas décadas. Muchas de las piezas originales y exclusivas que desde ayer se muestran en el MuVIM han sido rescatadas de la colección particular del autor, pero otras muchas son cesiones de clientas y clientes que las han conservado como auténticos «fetiches».

La «geganta» de Carmen Alborch que su amigo diseño para las elecciones municipales de 2007 da la bienvenida a una muestra en la que la importancia de los orígenes, de ese barrio del Carmen llenó de artesanos en el que creció Montesinos, es capital. «La modernidad en este país la dio València -proclamó el diseñador-. Madrid estaba llena de valencianos , el único manchego era Pedro Almodóvar. Decir que eras valenciano te abría las puertas de cualquier sitio».

Orígenes y popularidad

Ya en el interior, los orígenes siguen presentes en la revisión de la primera tienda-taller de Montesinos, un lugar en el que, tal como recordaba, se unían «progresistas, señoras bien y muchos modernos» y desde la que el diseñador se empapaba a pie de calle de las tendencias que apuntaban las tribus urbanas que convivían con la tradición de un país en transición.

De los orígenes del artista la exposición pasa a la conformación de la marca Montesinos que queda atestiguada a través de decenas de imágenes de desfiles, modelos, amistades, anécdotas y multitudes. También hay portadas de revistas, de discos (Los Nikis, Golpes Bajos) y galardones. Es el nacimiento del personaje popular e internacional que entusiasma a Helmut Newton y que el propio Almodóvar encarna en Matador («¿Cuántas veces os tengo que decir que no os piquéis en los camerinos?», clama el personaje justo antes de un desfile).

«Una de las claves de su popularidad ha sido el eclecticismo que se presenta en toda su obra, en sus estampados sacados de la baraja española, de las fallas, de los acontecimientos históricos», ejemplificaba ayer el comisario de la exposición.

Este eclecticismo propio de un «hijo del pop» como es Montesinos domina la «gran pasarela» que protagoniza la mayor parte de la exposición: diseños exclusivos, trajes de novia, de noche, de fiesta, de torero... Medio siglo de moda que culmina en una especie de camarín donde se exhiben varios trajes de clavariesas y un vestido para una «Mare de Déu» acompañada de sus portadores.

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