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Fuera de compás

Aquella Almansa moderna

AQUELLA ALMANSA MODERNA

AQUELLA ALMANSA MODERNA

El rock llega a una pequeña población en medio de la nada y la convierte, de la noche a la mañana, en un tornado de manifestaciones artísticas en el que una ilusionada e inquieta juventud ansiosa de libertad acaba construyendo una maravillosa sociedad a todo color, completamente alejada de los rancios clichés en blanco y negro que la asfixiaron durante décadas. No, no les estoy contando Footloose. El municipio es la Almansa de principios de los ochenta y la película es Cuando fuimos modernos, un documental que, en ocho capítulos de media hora, narra la explosión cultural que esa pequeña ciudad experimentó durante aquellos años, plenamente en consonancia con aquella década. Recuerden que movidas hubo muchas, no sólo la madrileña.

Obviando los localismos, se trata de una magnífica oportunidad para observar cómo puede gestarse una escena cultural potente, dinámica y variada desde el vacío más absoluto hasta cotas tan intensas que para sí quisieran hoy mismo algunas capitales de provincia. No sucedió de repente. Primero, un bar donde escuchar rock a finales de los 70. Luego, dos impactantes visitas de La Banda Trapera del Río. Más tarde se abrió Hollywood, una enorme sala con un fabuloso equipo de sonido donde actuaron Burning, Leño, Obús, Ilegales, Alaska, Loquillo, Anne Clark, Gabinete, Nacha Pop o Crazy Cavan, cuyos conciertos plantaron la semilla para el nacimiento de bandas locales como Sesión Continua, Arsénico, Los Fernández o Hysteria. La música del diablo desató la hiperactividad de cientos de jóvenes.

Las crecientes ganas de expresarse provocaron la aparición de ilustradores, dibujantes, fotógrafos, diseñadores y escritores cuya labor quedó reflejada en revistas, comics y fanzines inspirados en la estética nuevaolera, que renovaron el panorama artístico de la provincia. Y lo hicieron usando una imaginación desbordante, sin ataduras ni ánimo de lucro; sin afán de trascendencia, pero con enorme gusto y calidad. Por otra parte, e inspirada por la valenciana Radio Klara, Radio Antiziklón sirvió como altavoz para toda aquella oferta, con una filosofía libre y participativa, al margen de las emisoras tradicionales y sus parrillas encorsetadas.

Lejos de poner trabas, el ayuntamiento y otras instituciones remaban a favor a través de la creación de la Casa de la Cultura y la universidad popular, puntos de encuentro para propuestas intelectuales muy adelantadas alrededor del teatro, la moda, la ecología, el cómic o el cine. La proximidad de València también actuó como revulsivo, como queda patente a lo largo de toda la serie. El trasvase de estudiantes, músicos y amistades con inquietudes facilitaron el intercambio de conocimientos y tendencias que serviría de combustible para que una Almansa de apenas 20.000 habitantes se convirtiera en un foco de actividades que atraía gente de Villena, Elche, Murcia, Albacete y Alicante.

Como Coelho diría, el universo entero conspiró para que se produjera aquella bendita revolución, pero lo cierto es que fue gracias a la ilusión, al trabajo y al espíritu solidario y colaborador de un montón de personas estupendas, enamoradas de la cultura popular moderna. Adolescentes de otra época que, como si no hubieran pasado 40 años, quedan hoy hermosamente retratados, despidiendo candor y cálida nostalgia, en esta joyita firmada por Joaquín Sánchez.

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