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Fuera de compás

Rock trans género

LOU REED

LOU REED

Cómo será de complicado el asunto de la Ley Trans cuando, para mi sorpresa, en una tertulia de la tele vi abrazarse dialécticamente a una veterana feminista, comunista a carta cabal, con un ultracatólico liberal de pasado falangista. Gente que estaba condenada a matarse no hace demasiados años llegaba a las mismas conclusiones desde polos ideológicamente opuestos sobre los derechos que cabía otorgar a un tercer colectivo absolutamente minoritario, pero según se deducía de su delirante conversación, con capacidad de poner patas arriba la convivencia de un país entero.

Lo cierto es que el tema es peliagudo y yo, desde mi ignorancia, la única certeza que les puedo ofrecer es que en el rock siempre hubo transexuales y transgénero. Mismamente Anohni, que nacida con el nombre de Antony Hegarty consiguió insuperables cotas de belleza durante la primera década del siglo. Sus discos con The Johnsons son una verdadera joya, con su voz embrujada, su música barroca y su enigmática y expresiva personalidad.

Mucho antes, en 1965, los Barbarians revelaron la estupidez de la gente que tenía que cerciorarse de lo que escondías detrás de la bragueta por llevar el pelo largo o determinada apariencia en ‘Are you a boy or are you a girl’, un espectacular trallazo de garaje. En España, la misma insana y morbosa curiosidad afectó a notables personajes públicos como Bibi Andersen o, más recientemente, la Veneno, que son motivo todavía para los chistes de los cuñados más cachondos.

Wayne Rogers era lo suficientemente hombre para ser mujer. Su paso por los escenarios bajo el nombre de Wayne/Jayne County y acompañada de varias bandas, entre las que destacan The Electric Chairs, contribuyó a sentar las bases del sonido y la actitud punk. Antes, tuvo tiempo de participar en la escena underground que emanaba de la Factory de Andy Warhol con artistas y modelos trans como Holly Woodlawn, Candy Darling y Jackie Curtis. Todas aparecen en ese pico de la cultura popular moderna que es ‘Walk on the wild side, de Lou Reed, quien se enamoró a su vez de Rachel Humphreys. Ambos vivieron un intenso romance que quedó reflejado en el fabuloso disco ‘Coney Island baby’ y que terminó después de que ella quisiera someterse a una operación que la dotaría de atributos femeninos para poner fin a sus traumas. Lou la disuadió.

Y hablando del Príncipe de las Tinieblas, es difícil no reconocer la decadencia retratada en su cruel pero formidable «Berlin» en la peli ‘Hedwig and the Angry Inch’, musical con una apasionante banda sonora y una fenomenal puesta en escena que narra la vida de una cantante marcada por una chapucera vaginoplastia.

Todos los protagonistas de esta columna tienen un denominador común: el sufrimiento. Me pregunto si se podría legislar para acabar con esta situación desde el respeto, la empatía, la comprensión y la responsabilidad. A mí no me ofenden. Como cantaba Ray Davies, sé que no soy el tipo más masculino del mundo, pero al menos sé lo que soy, y soy feliz siendo un hombre. Y Lola, que encuentre la felicidad siendo lo que a él o a ella le dé la real gana.

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