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Luis Óscar García Presidente de Fevim

"Si Sanidad no aclara las medidas, los conciertos del verano peligran"

«Pese a que el PIB de la música es más alto, tiene menos ayudas que el cine o el teatro. La culpa ha sido nuestra por no habernos organizado»

Imagen de archivo de un concierto del Festival de Les Arts.

El frente que desde hace un año forman las asociaciones Musicaprocv (promotores), En Viu! (salas) y VAM! (mánager) para negociar con las instituciones ayudas y medidas para la música en directo, se concreta a partir de ahora en la Federació de la Música Valenciana (Fevim). Según asegura su primer presidente, Luis Óscar García, próximamente se unirán también al colectivo las asociaciones de editores y de grandes festivales con lo que, a falta de los músicos o de los técnicos (que no están asociados profesionalmente), el Fevim representará a un sector que aporta el 3,2 % del PIB de la Comunitat Valenciana. «Un pelín menos que la agricultura -subraya García-. Pese a eso, la música sigue siendo la hermana pequeña de la cultura, que a su vez es la hermana pequeña de las industrias del país».

Los promotores calculan que en 2020 el sector de la música valenciana perdió por el coronavirus unos 100 millones de euros y el 80 % de la facturación. ¿Está mejorando la situación?

No ha mejorado nada. Hubo un poco de alegría entre septiembre y noviembre de 2020, pero lo que llevamos de 2021 está siendo nefasto. Las instituciones han mirado por sus recintos, los auditorios de la Generalitat han seguido haciendo su programación, pero es algo que o no influye o influye muy poco en la industria musical. Ellos se lo han arreglado con el 50 % del aforo pero la ley sigue dificultando a las salas el poder funcionar y para los promotores es prácticamente imposible que te den licencia para hacer un concierto en un lugar que no sea de una institución pública. En estos momentos estamos asfixiados.

¿Está la Generalitat haciéndole la competencia a los promotores privados?

Ellos hacen lo de siempre, ahora con el 50 o el 75 % del aforo. Pero eso les sirve a ellos.

Luis Óscar García, presidente de Fevim. FOTO | F.Bustamante

Y a los artistas a los que contratan.

A los artistas que contratan ellos, que una parte son valencianos pero otra, no. La contratación que se ha hecho estos meses de música valenciana ha sido mínima. La mayoría de instituciones no han tenido la valentía suficiente para hacer una programación, solo la ha hecho Les Arts, que hace la habitual de ellos, y el IVC, con más teatro que música y que igual te trae a Pau Alabajos que a Xoel López.

¿No se trata bien a la música en la tierra de la música?

Buena pregunta. Y ocurre otra cosa: así como hace 5 o 6 años los recintos de la Conselleria de Cultura nos los cedían a precios adecuados para que pudiéramos hacer conciertos donde invertíamos nosotros la pasta, ahora no. Las tasas de Les Arts o en l’Auditori de Castelló para hacer un concierto están fuera de mercado, son altísimas. Los promotores son los que gastan dinero para que haya una cultura pero no ha habido ninguna facilidad para ellos.

¿Y qué me dice de las ayudas a promotores y salas?

Es cierto que ante la covid ha habido más ayudas. Las hemos estado luchando desde el 13 de marzo de 2020, pero la inversión pública en música es mucho menor que el retorno que hace la industria sobre la población. Cualquier sector industrial está subvencionado, pero el de la música está muy por debajo de lo que debería pese a que su aportación al PIB es más alta que la del teatro o el cine. Y la culpa de eso es que los profesionales nos hemos organizado más tarde.

La semana pasada se filtró que el Ministerio de Cultura recomendaba que este verano los aforos de los conciertos no superen los mil espectadores.

Sí, pero Es Música (la Federación de Música de España) hablamos con ellos y lo retiraron. Aun así, la incertidumbre es brutal, la inseguridad es salvaje, no se puede prever nada grande, está todo cogido con pinzas. Hacemos números para poder salir con 500 personas en el público porque no se puede planear nada a lo grande.

¿Y qué pasará entonces con los ciclos que se han anunciado este verano en la Comunitat Valenciana con aforos de 4.000 o 5.000 personas?

Tenemos que firmar con los artistas que si no nos dejan hacer aforos más grandes lo tendremos que aplazar o anular como se hizo con los festivales de 2020. Tenemos que saber cómo va a ser la desescalada y que sea una desescalada lógica. La cultura es segura, sobre todo al aire libre. No puede ser que un centro comercial esté al 100 % y que nosotros tengamos que estar al 75 % pero con un máximo de 500 personas y las sillas a metro y medio. En Barcelona se hizo el concierto de Love of Lesbian y no hubo ningún contagio.

¿Pero es viable que artistas o promotores tengan que pagar cientos de test para poder montar un concierto?

Se puede estudiar si nos dejan. Hace unos meses la Conselleria de Educación estaba mirando un test mucho más barato para los colegios. Si nos vamos a 15 euros cada test no es viable, pero si nos vamos a 5, sí. Pero primero tiene que haber una voluntad para que nos permitan ver esto.

Volvamos a la temporada de verano. ¿Peligran los conciertos si el ministerio o la conselleria no aclaran las medidas?

Sí, sí. No tenemos nada, ni certezas ni incertezas. Nos consta que la Conselleria de Cultura y l’Agencia de Turisme están hablando con Sanidad para que se aclare y concrete algo, pero si no lo hace la temporada peligra.

¿Cuál sería el límite ideal de espectadores para que estos conciertos sean rentables: 1.000, 4.000...?

No podemos hablar de un máximo de personas en un aforo. Si en un concierto del FIB o en el Arenal en una situación normal se pueden poner hasta 50.000 personas, podemos hablar ahora del 75 % del aforo o de poner una silla a cada metro y que quepan 20.000 sin problemas. Más que número de espectadores, hay que mirar la capacidad de cada recinto y garantizar limpieza, distancia, mascarillas, diferentes puntos de entrada...

Si no hubiese temporada de verano, ¿cuántas empresas musicales cerrarían?

Un 20 o 25 %. Lo bueno, dentro de lo malo, es que somos un sector que ha aprendido a resistir. Tras la crisis de 2008 fuimos de los sectores peor parados: nos subieron el IVA, cayeron el 90 % de las líneas de ayuda… Venimos tocados de ahí, no empezamos a remontar hasta 2018 o 2019 y cuando ya salíamos nos llegó la crisis del coronavirus. Estamos acostumbrados a padecer, pero malviviendo. Y para hacer una buena oferta cultural necesitamos músculo empresarial.

¿Apostar la inversión pública a los grandes festivales que ahora no pueden celebrarse ha perjudicado al resto del sector?

No, pero sí es cierto que falta que se abra la línea a las salas valencianas. Turisme está centrado en atraer a gente de fuera a los festivales valencianos, pero tiene pendiente hacer lo mismo para las salas. Pienso que lo hará.

¿Lo difícil que se está poniendo asistir y disfrutar de un concierto acabará provocando la desafección del público?

Espero que no. La música es algo vivo y lo ideal es estar de pie, saltar y sudar. Pero durante este tiempo he visto a gente sentada disfrutando muchísimo. Lo necesario es una buena organización y unas normas viables por parte de las instituciones. Nosotros somos los primeros interesados.

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