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Fernando Benzo | Escritor.

«Pasamos la madurez intentando corregir los errores y traumas que nos quedan de juventud»

«Cuando eres consciente de que la vida se acaba ya no sirven las mentiras», apunta el escritor y exsecretario de Estado de Cultura

Fernando Benzo cree que, los cincuenta, son un buen momento para hacer balance de la vida. | LEVANTE-EMV

Fernando Benzo cree que, los cincuenta, son un buen momento para hacer balance de la vida. | LEVANTE-EMV

Fernando Benzo mira atrás en ‘Los viajeros de la vía láctea’. Dice que , como las viejas canciones, «las grandes preguntas de nuestra juventud nos acompañan siempre». Y son esas respuestas las que hilvanan una novela que busca ser un retrato «agudo, divertido y emocionante» de la generación de los 80. Pero, independientemente de la edad, es difícil no reconocerse a uno mismo en sus páginas.

Da un giro de 90 grados y pasa de novelar sobre el dolor de ETA a retratar a una generación, la de los 80, que sobre todo lo que quería era pasárselo bien.

Huyo de escribir sobre un mismo tema. Después de escribir algo tan intenso emocionalmente como fue ‘Nunca fuimos héroes’, necesitaba otro tipo de historia y pensé que era el momento perfecto para una historia como esta.

¿Somos víctimas o consecuencia de nuestros errores de juventud?

Los años de juventud nos marcan mucho y para siempre. En algunos casos nos pasamos la madurez intentando corregir errores o traumas que nos quedan de esa época. Más que retratar los años de juventud, quería mostrar cómo el paso del tiempo nos cambia; coger un grupo de personajes y acompañarles en diferentes momentos de su vida. Ver cómo se van redefiniendo sueños, personalidades, relaciones. Para mí, era casi más importante el recorrido que los hechos concretos de la vida de los personajes.

Ojalá la vida se pareciera a lo que uno imagina.

Pero no, no se parece nunca.

Evolucionar y cambiar, eso es la vida.

Esa es la clave de la historia, el paso del tiempo. Hay que asumir que a lo largo del viaje que hacemos en la vida vamos cambiando, en algunas casos para mejor y en otras para peor. Y creo que deberíamos juzgarnos con una cierta condescendencia. Hay que saber perdonarse por las equivocaciones cometidas. Mi plan, al empezar a escribir, era ser mucho más duro y cruel con los personajes pero no fui capaz porque me empezaron a caer bien y les perdoné bastante las equivocaciones cometidas a lo largo del camino.

¿Nos engaña la nostalgia y tendemos a mitificar el pasado?

Siempre, pero no soy de los que piensa que cualquier tiempo pasado fue mejor. Eso envejece el alma. El tiempo pasado es solo eso, pasado. La mitificación distorsiona y un debe ser realista al mirra atrás. Los amores de adolescencia siempre parecen mucho más intensos de los que fueron.

¿A qué preguntas buscaba respuestas?

No buscaba respuestas ni moralejas. Pero cuando llegas a los 50 sigues siendo una persona inmadura y sigues haciéndote las mismas preguntas que te hacías de joven y solo la forma de contestártelas puede cambiar. No hay respuestas definitivas. No hay fórmula que sirva para siempre.

La felicidad, ese es el concepto.

Es el objetivo, sea la época que sea. Al cumplir años, necesitas menos cosas y cada vez es más sencilla la felicidad. Tendemos a simplificar las cosas porque dejamos de ser tan exigentes, dejamos de esperar tanto y necesitamos menos para conformarnos y sentirnos satisfechos. Con una intensidad u otra, lo que perseguimos es la felicidad.

¡Cuánta razón tienes! No hay borrachera que no acabe con una desmedida exaltación de la amistad.

Hay gente que me dice que he escrito una novela de la generación de los 80 y yo les digo que no, que he escrito una novela sobre las relaciones amorosas y la amistad, con sus decepciones y alegrías. Y eso pasa independientemente de la edad. Hablamos de sentimientos universales y el de la exaltación de la amistad en el momento final de la borrachera se repite en todas las épocas. Y no cambiará nunca.

¿Sólo somos sinceros cuando la muere llama a nuestra puerta?

Entiendo que hay un momento final en el que no merece la pena disfrazarse y, si eres consciente de que esto se acaba, no sirven las mentiras.

El libro está plagado de referencias musicales y cinematográficas. ¿Era la generación de los 80 más rica, culturalmente, que la actual?

Por lo menos era una generación que tenía mucha más oferta para enriquecerse culturalmente. La generación de los 80 vivió una explosión de libertad y consecuencia de ello llegó un boom cultural y creativo increíble. Teníamos al alcance de nuestra mano la posibilidad de disfrutar de una cultura nueva y libre, prueba de ello es que buena parte del bagaje cultural que todavía marca la cultura española surgió en esos tiempos, por poner un ejemplo, aún no ha surgido nadie con la potencia cinematográfica de Pedro Almodóvar.

¿Es una generación víctima del éxito que se esperaba de ella?

No creo que sea víctima pero lo teníamos todo a nuestra disposición y una libertad y una prosperidad como no habían tenido las generaciones anteriores. Creíamos que el mundo estaba a nuestro servicio. Pero ninguna generación llega a cumplir las expectativas que se espera de ella.

¿Qué paralelismos haría entre esa y la actual juventud?

Ahora los jóvenes tienen problemas que les impide pensar en otras cosas, como es poder conseguir un trabajo o poder independizarse. Ahora necesitan coger un poco de oxígeno para volver a ser un poco más transgresores y rebeldes y así recuperar el sueño fundamental de la juventud que tiene que ser siempre el de intentar cambiar el mundo.

¿Todos somos viajeros de La vía láctea?

Todos hacemos un viaje a lo largo de la vida y esa es la idea de la novela. En ese viaje nos encontramos con personas, obstáculos y dificultades que hay que intentar sortear para ir avanzando en ese camino y llegar al destino final que es el de +la felicidad.

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