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Sandro Giacobbe

"El rey Juan Carlos tuvo la fuerza de decir ‘lo siento mucho, no lo volveré a hacer más’"

«En España, en los 70, había ganas de hacer lo prohibido. Creo que por eso mi canción triunfó»

Sandro Giacobbe (Génova, 1949). L-EMV

Hace ya años que Sandro Giacobbe (Génova, 1949) triunfó a más no poder en España con la historia de ese hombre que le puso los cuernos a su chica con su mejor amiga porque «la vida es así, no la he inventado yo». El fenómeno Giacobbe fue fulgurante pero la letra de aquel «Jardín prohibido» se quedó en el inconsciente de todo el país y por eso seguro que más de uno se ha acordado de aquella canción en algún momento de arrepentimiento.

¿Después de tantos años le sigue poniendo nervioso subirse a un escenario?

Nervioso no, pero siempre está la emoción de hacerlo. Además, en los dos últimos años en los que hemos estado tan enfermos, hemos hecho pocos conciertos. Y esta posibilidad de volver a España y València me da muchas ganas de hacerlo bien y transmitir a la gente todas las emociones.

¿Hemos cambiado mucho por aquí desde que usted vino de Italia la primera vez?

Han salido muchísimas cosas buenas. Yo hice muchas cosas en los 70, pero he vuelto mucho para hacer televisiones, para hacer conciertos… Lo que me he dado cuenta es que València es ahora, no solo una ciudad más grande sino también más importante que cuando vine la primera vez. Ha crecido mucho en gente y en mentalidad.

En «Nuestro tiempo», su última grabación, dice que le apetece «una canción de años atrás» pero también que hay que «vivir en nuestro tiempo». ¿Es o no es usted una persona nostálgica?

Sí, soy una persona nostálgica, pero en este caso la canción habla del covid, de todo lo que hemos pasado, y de la esperanza de que algún día podamos olvidarnos de todo esto. Esperemos que en el futuro no volvamos a sufrir algo así que ha atacado nuestra libertad y nuestras ganas de estar juntos. La canción nació con esta necesidad, con la de esperar de que todo terminase pronto.

¿Y a su público? ¿Lo definiría como nostálgico?

No, nostálgico no. Lo definiría como un público enamorado, enamorado de las canciones y de las emociones que canciones como las mías todavía transmiten en el corazón de la gente. Eso no es nostalgia, es amor por la canción y por los artistas que hacen canciones así. No son muchas las canciones que viven una época tan larga como «El jardín prohibido», por ejemplo.

¿Y cuál es el secreto de canciones como esta o «Señora mía»?

Que han nacido en una época en la que la gente se enamoraba de las canciones y las cantaba escuchándolas en la radio y en los tocadiscos. Y también la letra era importante. Yo no sé cuantas señoras han soñado con tener una historia con un hombre más joven, como en «Señora mía». Y cuantos jóvenes como era yo soñaban con tener una historia con una señora mayor, que seguro era una experiencia muy importante.

¿Cuánto de autobiográfico tienen sus canciones de amor?

Todas mis canciones, sobre todo las primeras, eran autobiográficas. Eran historias que yo había tenido cuando iba por la ciudad con mis amigos, tocando la guitarra y cantando y conociendo a mucha gente. Eso me dio mucha experiencia y cuando tenía que escribir las canciones, todas esas experiencias las volcaba aunque no eran muy habituales en esa época. La fuerza de esas canciones está en el coraje de hablar de esas cosas.

¿Hacía falta más coraje para hablar de cuernos o para hablar de política?

Es algo que yo he pensado mucho. Cuando una canción que has hecho tiene ese éxito no es solo por la canción, sino por otro motivo. «El jardín prohibido» salió cuando Franco acababa de morir y la gente tenía la libertad de contar sus cosas sin la represión del régimen. Cuando yo llegué a España en 1975 y 1976 todo el mundo estaba cambiando. Las películas hablaban mucho de sexo, también la literatura… Había una explosión de ganas de hacer todo lo que estaba prohibido. Y por eso pienso que el título tuviera el «prohibido» en la canción ayudó muchísimo.

Usted, que era el protagonista, sabrá si lo sentía mucho de verdad o realmente era un caradura.

Según la letra de la canción, sí, yo era un caradura. Pero es como cuando era pequeño y hacía alguna travesura, cuando llegaba mi madre yo le decía «pégame, castígame por que he hecho esto». En el fondo lo que quería es que me dijera: «venga, va, no es para tanto». «El jardín prohibido» va un poco sobre eso. Yo he estado con tu mejor amiga pero perdona porque la vida es así. La caradura no está en lo que se dice sino en la manera de decir las cosas.

¿Ha usado mucho eso de «no lo volveré a hacer más» a lo largo de la vida?

Algunas veces sí, pero siempre de buenas maneras.

¿Hubiera sido más difícil conseguir el perdón una chica del siglo XXI que una de los años 70?

Han cambiado muchos las cosas, eh. Yo ahora tengo la suerte de tener una compañera desde hace 12 años, Marina, y estoy muy bien. Estamos enamorados, trabajamos juntos… Pero siempre pienso que lo que me ha pasado a mí le podría haber pasado a todo el mundo.

¿Es peor un amante caradura o un político caradura?

Un político caradura, sin duda. La historia de un amante seguro que tiene responsabilidad, pero la de un político es muy distinta. Mucha gente que hoy no cree en la política, que no se moviliza, es por todos las caraduras que ha habido en la política. Después viene la gente desenamorada de lo que pasa todos los días. La vida hay que vivirla con confianza en la gente que te gobierna.

Hace unos años el rey Juan Carlos I dijo algo parecido a su canción, que lo sentía mucho y que no lo volvería hacer.

Tuvo la fuerza de pedir perdón. Siempre que uno tiene la fuerza de decir la verdad, los demás lo entiende. Lo que la gente no entiende es cuando intentas engañarla.

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