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De Barañano: "El dibujo es el principio de todo, del arte y de la ciencia"

El exdirector del IVAM defiende durante su toma de posesión como académico de San Carlos la vigencia de esta disciplina desde Stonehenge hasta el arte urbano

El presidente de la Real Academia de San Carlos, Manuel Muñoz, entrega a Kosme de Barañano la acreditación de académico. J.Auger

El catedrático de Historia del Arte de la Universidad Miguel Hernández, Kosme de Barañano, tomó ayer posesión de su puesto como miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de València con un discurso en el que defendió el dibujo «como principio de todo, del arte y de la ciencia». 

En una disertación que recibió la respuesta académica del presidente de la institución, Manuel Muñoz, el que fuera director del IVAM entre los años 2000 y 2004 subrayó que, además de un arte en sí mismo, el dibujo es la base necesaria para otras artes, especialmente la pintura, el relieve, el grabado, la escultura y la arquitectura, el diseño de moda o el de interiores, pero también el ballet o la tauromaquia. 

«Me atrevo a decir que incluso en el toreo de José Tomás hay una decidida voluntad de dibujo», señaló en una intervención por la que fueron apareciendo artistas como Brancusi, Pietro Testa, Miguel Ángel, Leonardo, Rembrandt, Giacometti o Seurat

«El furor de los grafiteros o los diseñadores de ropa demuestra que son magníficos dibujantes»

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De Barañano también destacó que, pese a que en nuestra época las nuevas técnicas y los procedimientos más vanguardistas parecen inundar el panorama artístico, los jóvenes creadores de cómic, publicidad o arte urbano siguen cultivando «exclusivamente» esta disciplina cuyo origen se remonta a la prehistoria como vía de su expresión artística.  

«La sintonía de las nuevas generaciones con el dibujo es una realidad -proclamó el nuevo académico de San Carlos-. El furor de los grafiteros de grandes urbes o los trabajos de diseñadores de ropa demuestran que todos ellos son magníficos dibujantes». 

Treinta años de investigación

Nacido en Bilbao en 1952, Kosme de Barañano fue catedrático del Dibujo del Renacimiento y Barroco de la Universidad del País Vasco en 1992, tras una breve etapa como subdirector del Museo Reina Sofía. Por eso, ayer en el acto que tuvo lugar en la sede de la Real Academia de San Carlos, en el Museo de Bellas Artes, explicó que su disertación era una «reflexión que abarca y sintetiza más de 30 años de investigación». 

Aunque para De Barañano «todo dibujo trata de sintetizar una realidad o de crear una experiencia, como lo hace un poema», el crítico defendió ayer que, en oposición a la escritura, que es una simple representación del habla, «el dibujo no es sólo re-presentación» sino que «se define a sí mismo». Por eso, «una mirada sobre la historia del dibujo es una mirada a toda la historia del hombre -aseguró-. El dibujo se forma en ese encuentro entre un medio gráfico y un soporte». 

Tal como indicó el exdirector del IVAM, desde la prehistoria hay quienes dibujan con línea y hay quienes inciden en el soporte de la roca, incluso quienes dibujan un ciervo a base de tampones, como los píxeles de nuestros ordenadores. Hay quienes realzan con blanco la silueta de los animales a cazar como quince mil años después Miguel Ángel realzará de la misma manera la musculatura del cuerpo humano. «Y este impulso a marcar algo en un papel, en un soporte -añadió-, ha sido siempre asociado con el deseo de decir algo sobre el mundo». 

El catedrático y crítico de arte bilbaíno remonta por ello los orígenes del dibujo a la prehistoria -«desde Altamira y Lascaux-, a la necesidad del ser humano por «nominar con el trazo» lo que veía y de atrapar en la oscuridad de la caverna la imagen de la realidad «para congelar su alma, su ser». Pero, sobre todo, a la necesidad por representar lo que hombres y mujeres veían en el cielo «y cifrar los ritmos de sus cambios: lo que llamamos ciclos de la luna y lo que llamamos estaciones: lo que determina nuestras cosechas y nuestro estar en el mundo».

«El impulso a marcar algo en un soporte ha sido siempre asociado al deseo de decir algo sobre el mundo»

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En esa necesidad atendida por el dibujo es donde se dan la mano arte y ciencia, algo que, según el nuevo académico de la San Carlos, viene ocurriendo desde la creación del monumento megalítico de Stonehenge, cuya erección fue «un acto de memoria (de conocer muy bien lo movimientos del cielo), de monumentalización del recuerdo (de tener un perfecto calendario en la cabeza y predecir el 24 de junio con certeza absoluta), pero también es un acto de síntesis de conocimiento en una imagen».  

«El autor de Stonehenge explica el orden y el caos en el universo, e intenta controlarlo, ofreciendo un reloj pétreo para todos, un altar donde contemplar y admirar esa regularidad del movimiento del cielo», apuntó De Barañano. 

«Pensemos -concluyó- que ese ser humano, ese científico y artista, que diseñó y construyó Stonehenge tuvo que dibujar mucho y durante muchos años, y sin papel, antes de emprender esa obra inmensa».

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