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Francisco Coll

Francisco Coll: "Disfruto haciendo algo y su contrario"

El compositor dirige hoy el estreno absoluto de «Lilith», encargo de la Orquestra de València

El creador valenciano Francisco Coll, con la OV. Live Music Valencia

Francisco Coll es el compositor español de mayor proyección internacional desde Manuel de Falla. Nunca antes la música de un creador español contemporáneo había surcado los atriles del mundo de forma tan presente y diversa. Hoy la Orquestra de València dará a conocer su obra Lilith, dirigida por él mismo. La obra nace por encargo del Palau de la Música y de la Orquestra de València. «La figura mitológica de Lilith, primera mujer de Adán, siempre me cautivó, quizá por representar esa dualidad de criatura rebelde y seductora a la vez que perversa y musa», dice recostado en el sofá hogareño, con ese tono mesurado pero incisivo que distingue su verbo y su música.

Lilith es ángel y demonio. Usted también es una persona llena de contrastes. Templada pero imperativa. Reservada y elocuente. Amable hasta que deja de serlo. ¿Qué hay de autobiográfico en su obra «Lilith»?

Sinceramente nunca había pensado en Lilith desde un punto de vista autobiográfico, pero es cierto que tengo cierta tendencia hacia las contradicciones. Normalmente disfruto haciendo algo y su contrario. Finalmente ambas cosas acaban siendo parte del mismo proceso, y de ese modo terminan unificándose y siendo una misma cosa.

¿Ha pensado en las peculiaridades específicas de la Orquestra de València, promotora del encargo? ¿Y en el público? ¿Se deja influir el compositor influir por el temor a la respuesta del público?

Antes de empezar la obra, escribir para una orquesta o un solista en concreto puede orientar la música en una cierta dirección. Sin embargo, una vez escribes los primeros compases y creas un contexto, la obra acaba transitando áreas que no te habías planteado. Respecto a si tengo al público presente a la hora de escribir; en realidad es algo bastante complejo, ya que para empezar no existe un público determinado, en cada concierto es distinto. Incluso la sensibilidad del público no fue la misma antes y después del confinamiento. Me limito a escribir la música que me gustaría escuchar, y si esta coincide con la que el público también quiere escuchar, perfecto.

En alguna ocasión se ha resaltado el contraste entre el personaje Francisco Coll y su música. Es como si sobre el pentagrama usted dejara volar los demonios y tensiones que acaso habiten guarecidos en su propio fuero interno. En este sentido, de alguna manera recuerda a Manuel de Falla. También, desde luego, a su adorada Lilith.

Escribir música en ocasiones puede ser terapéutico. En mi caso, tengo la sensación, de que cuando peor estoy, mejor escribo. Dicho así puede sonar un poco a compositor melancólico del siglo XIX, pero se trata de algo que he observado con curiosidad y asombro, ya que dicho desde el lado opuesto, cuando mejor estoy anímicamente, menos necesidad tengo de escribir. Aunque al final escribo todos los días del año, ya que se trata de una necesidad inevitable. El contraste entre mi persona y mi música lo considero algo normal.

¿Qué acogida y qué respuesta y disposición ha encontrado en sus músicos?

Me siento muy afortunado de poder dirigir el estreno de ‘Lilith’. Desde el principio la acogida que tuve por parte de los músicos de la Orquesta de València fue muy agradable. Me siento muy cómodo trabajando con ellos, ya que a pesar de las complejidades que mi música pueda presentar en ocasiones, la disposición de los músicos durante los ensayos es excelente. Está siendo una experiencia muy positiva.

¿Cómo nace una composición en la mente de su creador?

Las ideas suelen aparecer de manera inesperada, y, casi siempre, primero como colores o formas, que con el tiempo voy traduciendo a sonidos. Por lo general, procuro ignorarlas, en un intento de hacerlas desaparecer, ya que entre otras cosas, suelen presentarse demasiado caóticas para llevarlas al papel. El problema es que, si no las escribo, continúan apareciendo esporádicamente en mi cabeza, y uno tiene la sensación como si con el tiempo mi pasotismo las influyera, ya que cada vez se presentan de una manera más furiosa y determinante. Solamente, cuando ha pasado un tiempo, las traslado al papel, y solo entonces desaparecen. A veces, esto se prolonga incluso algunos años. Por ejemplo, en 2013, estaba esperando el autobús en una zona tranquila a las afueras de Lucerna, cuando apareció un motivo rítmico en mi cabeza. Inmediatamente observé que se trataba de un ritmo irracional, de apenas un compás de duración, y aunque me parecía un ritmo bastante inquietante, lo ignoré por su posible excesiva complejidad a nivel práctico. Los meses pasaron y ese motivo rítmico no solo no me abandonaba, sino que iba mutando; ampliándose a varios compases, deshaciéndose de todo lo que parecía innecesario e incluso incluyendo algunos saltos interválicos. En 2018, cuando empecé a escribir el tercer movimiento de mi Violin Concerto para Patricia Kopatchinskaya, supe que había llegado el momento de utilizar esa secuencia rítmica.

¿Se considera un creador valenciano? Recientemente, Simon Rattle ha destacado la «españolidad» de su lenguaje. Me consta que tiene en cartera un «concierto flamenco» para piano y orquesta. Falla hablaba del «folclore imaginario». ¿Y usted?

Haber nacido en València ha condicionado mi manera de ver el mundo. Mi música contiene muchos aspectos recibidos directamente de mi herencia cultural valenciana, pero también muchos otros que me he ido apropiando de culturas ajenas e incluso remotas. Me hace especial ilusión que mi concierto para guitarra y orquesta Turia se vaya a escuchar este miércoles en el mismo cauce del río Túria. En la actualidad me encuentro escribiendo una ‘Fantasía para piano orquesta’ para Javier Perianes, quien desde el principio me transmitió su deseo de que esta obra nuestra estuviera, digamos, definida dentro de mi «corriente» flamenca, algo que no solo me pareció del todo lógico, sino que muy estimulante, ya que me lo estaba pidiendo el pianista español más destacado de la actualidad. Me identifico plenamente con la descripción de Falla -al igual que con Bartók, Stravinski o Ligeti- sobre el «folclore imaginario». En realidad cuando escribo este tipo de «obras flamencas», nada es lo que parece, y eso me divierte mucho.

A pesar de ser un músico de primer rango internacional, reconocido con premios como el International Classical Music Awards (2019), o el BBC Music Magazine Awards, que recogió hace apenas un par de semanas en Londres, aún no ha recibido el Premio Nacional de Música. ¿Son sordos en el ministerio?

Prefiero no pronunciarme, ya que entre otras cosas, nunca me embarqué en este extraño e infrecuente camino de la composición para ser premiado. Yo procuro hacer mi parte lo mejor que puedo. El resto no está en mis manos. Tampoco lo ha recibido mi amigo Gustavo Gimeno, y no pasa nada.

¿Cuándo volverá a escucharse una ópera suya en el Palau de les Arts? Han transcurrido ya seis años desde que el Palau de les Arts estrenara en España, en 2016, su ópera «Café Kafka».

Sigo intentando encontrar la historia adecuada para mi próxima ópera. Dar con el libreto idóneo puede ser una trabajo muy peliagudo, ya que intervienen una infinidad de aspectos importantes a tener en cuenta. Y obviamente hasta que no tengo la historia -el texto-, no puedo empezar a escribir la música. Espero que pronto podamos poner fecha de estreno.

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