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Crítica

El yonqui straussiano

Un momento del recital. Live Music valencia

RECITAL LÍRICO. Vicente Antequera (barítono). Óscar Oliver (piano). Canciones de Schumann, Asencio, Poulenc y Strauss. Lugar: Centre Cultural L’Almodí. Entra­da: Alre­de­dor de 150­ personas. Fe­cha: Sábado, 28 mayo 2022.

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Cuatro años después del hito de la interpretación del Viaje de invierno schubertiano en el Palau de la Música, el barítono Vicente Antequera ha vuelto a adentrarse en el misterio de algunas de las más hondas canciones de concierto románticas para abordar, de nuevo junto con el piano atento e inspirador de Óscar Oliver, el apasionado ciclo Amor de poeta, que compone Schumann en 1840, basado en 16 poemas de Heinrich Heine. El poeta es Schumann, y el ser amado su entonces inminente esposa, la pianista Clara Wieck, con la que se casó el 12 de septiembre de 1840, un día antes de que ella cumpliera los 21. El crítico, que llegó tarde, escuchó esta primera parte del programa desde fuera de la sala, con la oreja pegada a la puerta de entrada. Con amable y competente profesionalidad, las responsables de sala tuvieron el acierto y buen criterio de no permitirle el acceso y mantener así la quietud y silencio que merece y requiere cualquier sala de concierto que se precie. ¡Bravo sin ironía!

Amor de poeta fue el preámbulo de un programa generoso en variedades y calidades, en cuya segunda parte no faltó el tributo a la creación valenciana. El lenguaje fino y lírico de Vicente Asencio (València, 1908-1979), tan cercano al de Mompou y deudor de Falla, encontró en la carnosidad vocal de Antequera y el fervor por el detalle de Oliver fieles servidores. La raíz popular, tan entroncada en la esencia levantina y universal, revivió matizada por la delicadeza interpretativa y expresiva de sus intérpretes paisanos.

Del lirismo tenue de Asencio, de sus cançons y albadas, Antequera y Oliver viajaron a las melodías surrealistas, irónicas e incluso cómicas que Poulenc escribe en 1931 sobre cuatro poemas de Apollinaire. El gracejo, la chispa, el saber decir, el bien proyectado canto y pianismo de uno y otro marcaron el aliento afrancesado de versiones que concluyeron con Oliver interpretando en solitario ante el teclado Mélancolie, la tierna y hermosa página que Poulenc escribe en el difícil 1940.

Strauss y sus Lieder únicos fueron broche culminante del recital. Antequera se dirigió al público que casi llenaba el Centre Cultural L’Almodí para dedicar el recital al barítono Dietrich Fischer-Dieskau -“de quien este mes de mayo se cumple el décimo aniversario de su muerte”- y confesarse “Yonqui de Strauss”. ¡Y quién no lo es! El cuidado del texto, de la dicción, el sentido del fraseo, de sus inagotables registros y colores, marcaron la tónica de los cuatro Lieder programados, coronados con un Cäcilie tintado de efusión y efervescencias románticas. Fuera de programa, el “yonqui” straussiano regaló droga dura en vena: la quietud sin fin de Morgen! Levitamos.

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