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Una vida con la ciencia por bandera

Grisolía pasó de la investigación a la representación institucional al dejar Estados Unidos - Nombrado marqués, disfrutó de la natación y los toros

Una vida con la ciencia por bandera

Puede decirse que Santiago Grisolía ha tenido, al menos, dos vidas. Una de ellas hacia adentro, volcada en la investigación, entre España y Estados Unidos, y otra muy distinta cuando regresó a València, donde pasó a ocupar cargos institucionales relacionados estrechamente con la Ciencia y la Cultura y desde donde tuvo acceso a todas las esferas públicas. En ambos universos siempre hubo un nexo en común: su mujer, Frances Thompson, a quien conoció en un laboratorio de Kansas City y de la que nunca se separó hasta que ella falleció en 2017.

Una vida con la ciencia por bandera | M.Á.MONTESINOS

Ella le acompañó en todos sus logros, como cuando ganó en 1990 el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica y más tarde llevó él las riendas de los Premios Jaume I a la Ciencia, a la Innovación y al Emprendimiento, lo que le ha situado constantemente en la esfera académica, pero también la política. Ha lidiado directamente con cuatro presidentes de la Generalitat -Eduardo Zaplana, Francisco Camps, Alberto Fabra y Ximo Puig-, con cuatro presidentes del Gobierno de España, desde José María Aznar hasta Pedro Sánchez y con dos jefaturas del Estado, la del Rey Juan Carlos I y la de Felipe VI. A ellos dos logró involucrar en los premios valencianos y cada año su presencia en la Lonja de València es una tradición. Tan estrecha fue su relación, que en 2014 fue nombrado por el Rey Emérito como Marqués de Grisolía.

Una vida con la ciencia por bandera | M. MOLINES

Su larga estancia en cargos de relevancia pública le granjearon algún disgusto, como cuando tuvo que salir escoltado, ya como presidente de la Consell Valencià de Cultura (CVC) en 1998, tras la propuesta por el dictamen del valenciano sobre la naturaleza y origen de la lengua.

Una vida con la ciencia por bandera | M.MOLINES

Más tarde ostentaría también la presidencia del Comité de Expertos de la Ciutat de les Arts y les Ciències, proyecto que supervisó y cuya pasión, la ciencia y la divulgación, compaginó con otras dos aficiones más o menos secretas: la natación y el buceo, que según afirmó le ayudaban a «mantenerse joven», y la tauromaquia, un espectáculo donde siempre se dejó ver.

Una vida con la ciencia por bandera

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