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Guédiguian: "En mi cine siempre he querido poner al pueblo en primer plano"

«Me interesan las ‘microrrevoluciones’, cuando individuo y colectivo entran en armonía»

Robert Guédiguian durante la rueda de prensa celebrada ayer en la Filmoteca, donde la Mostra proyecta toda su filmografía. | MIGUEL ÁNGEL MONTESINOS

Al director francés Robert Guédiguian no le gusta que le digan que el suyo es un «cine social», por mucho que le haya dado voz a través de sus películas a obreros, desempleados e inmigrantes. El cineasta premiado ayer con la Palmera de Honor de la Mostra de València prefiere, en cambio, que el suyo sea considerado un cine «popular». «Ese calificativo sí que lo admito», señaló ayer Guédiguian en una rueda de prensa celebrada en la Filmoteca de València, que acoge un ciclo con toda su filmografía.

«No me gusta la expresión cine social porque muchas veces los calificativos descalifican», explicó el autor de películas como Marius y Jeannette, La ciudad está tranquila o Las nieves del Kilimanjaro. «Lo que ocurre es que el pueblo se ha visto reducido en la historia del cine a un papel de figurante y yo he intentado ponerlo en primer plano y mostrar que las grandes pasiones también se despliegan con las personas pobres».

Guédiguian reconoció que este afán ha podido motivar el rechazo de un tipo de público que no admite una visión completa de las cosas: «Hay que decir siempre la verdad de las cosas. Hacer cine popular no significa que haya que halagar al pueblo constantemente. Eso es populismo. También las historias de traición, avaricia o mezquindad existen en el pueblo, no solo en el mundo de los dioses y los príncipes».

Emparentado por la crítica con Costa-Gavras y Ken Loach por practicar un cine político que nos advierte sobre los peligros del neoliberalismo, Guédiguian afirmó que, por encima de la transmisión de ideas, los cineastas «deben preocuparse por el público». «Yo voy en contra de la teoría del arte por el arte. Un cineasta debe esforzarse en hacer cosas en libertad, pero cosas que sean comprensibles». Él, por su parte, asegura haber cambiado «las formas» como cineasta pero «en absoluto» los principios que le llevaron ya a principios de los 80 a facturar un cine que aúna conciencia política y sentimientos humano.

«Me siguen interesando mucho las luchas horizontales o las ‘microrrevoluciones’ que se producen en un pueblo o en un barrio -explicó en la Filmoteca-. Acabo de escribir un libro sobre lo que yo llamo ‘momentos comunistas’, que para mí son aquellos en los que a nivel local los individuos y los colectivos entran en armonía. Eso es para mí el comunismo».

El cineasta anarcocomunista

Su próxima película será un buen ejemplo de esta armonía entre el individuo y el colectivo. Se llamará Y la fiesta ha terminado!, se estrenará en marzo de 2023 y el propio Guédiguian ha explicado que parte de una historia trágica y real: el hundimiento en 2018 de varios inmuebles en Marsella. «Este suceso originó un ‘movimiento comunista’ de solidaridad entre la gente -detalló-. Gente que ni siquiera se hablaba empezó a ayudarse mutuamente, a tener gestos de solidaridad e incluso a hacer fiesta. Todo esto ocurrió a solo 20 metros de una estatua de Homero, que es el encargad de contar esta historia. Porque, como sabemos, Homero estaba ciego pero no estaba sordo».

Preguntado sobre si rodaría una película sobre la guerra en Ucrania, Guédiguian contestó que ahora es difícil «porque el cine de ficción siempre va por detrás de la realidad» y sería necesario dejar pasar unos cuantos años para tener una perspectiva más precisa.

En todo caso, el director cree que «hay muy pocas guerras justas» y que a él la exaltación del patriotismo le desagrada. «En este caso estoy a favor de Ucrania desde el punto de vista de que es la que ha sufrido la invasión de Rusia. Quizá dentro de 5 o 10 años pueda hacer una película sobre jóvenes ucranianos que van a defender no la patria sino a ciertos personajes que se han aprovechado de ellos. Tras la I Guerra Mundial todas las plazas de Francia se llenaron de monumentos que dicen ‘muertos por la patria’ y yo me digo ‘muertos por nada’ o quizá por determinados beneficios de Citroen, de Renault y de otras marcas». «Sigo siendo un anarco-comunista -proclamó-. No he cambiado».

«Masterclass» del «palmera de honor» y proyección de «El agua»

Las 22 películas del ciclo sobre Robert Guédiguian que se proyectan en la Filmoteca de València tendrán un primer pase durante la celebración de la Mostra y una segunda proyección, en el mes de noviembre. Además, el cineasta francés impartirá hoy a las 18 horas una clase magistral en la Filmoteca, que será presentada por Esteve Riambau, historiador cinematográfico y director de la Filmoteca de Catalunya. La entrada es gratuita. Después presentará al público de la Filmoteca «À la vie, à la mort!» (1995), comedia dramática ambientada en el barrio de L’Estaque de Marsella, que está centrada en las historias de los clientes que acuden cada noche al cabaret Le Perroquet Bleu. La jornada concluye con la proyección, a las 22.30 horas, de «Dieu vomit les tièdes» (1989), sobre el reencuentro de un escritor con tres amigos de la infancia en La Provence. Mientras, la Mostra continúa con los estrenos ayer de dos de las películas que compiten en la sección oficial - «Moja vesna» y «Concerned Citizen»- y el estreno hoy sábado a las 12.30 horas de «Vera dreams of the sea». Además, a las 19.00 horas el Espai Mostra de la Plaza del Ayuntamiento acogerá la presentación de «El agua», dirigida por la valenciana Elena López Riera, con la presencia de su actriz protagonista, Luna Pamies. El film rodado en Orihuela se proyectará a las 22.00 horas en los cines Babel de València.

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