17 de octubre de 2010
17.10.2010
Valencia CF

El Valencia se diluye

El equipo de Emery pierde la imbatibilidad y el liderato en el Camp Nou, después de adelantarse en el marcador tras un formidable arranque - El conjunto blanquinegro acusa el esfuerzo y deja remontar al Barça, en dos golpes de genio de Xavi

17.10.2010 | 02:47

El Valencia equivocó la lectura de un partido que tenía de cara y le traicionaron las piernas, anoche en en el Camp Nou. Se diluyó como el azúcar de un café. Perdió la imbatibilidad y el liderato ante un Barcelona que se sintió poderoso y fue letal cuando el conjunto de Emery, exhausto, le entregó la pelota en la reanudación. No bastó una primera mitad con personalidad y acierto. Dos furtivas apariciones de Xavi echaron por tierra todo el meritorio trabajo. Cuando quiso reaccionar, no le respondió el físico ante un Barça también justo de fuerzas, que acabó pidiendo a gritos la hora.
Inteligente en su posicionamento en el campo, generoso en el esfuerzo, el Valencia bloqueó al Barcelona en una primera mitad sin mácula, en la que se adelantó en el marcador y en la que perdonó la sentencia, circunstancia que acabaría pagando. Jugó el partido que le convenía y siempre marcó el ritmo, un desafío tremendamente difícil en casa del mejor equipo del mundo. Le impidió pensar, con una correcta presión que empezaba desde la línea de centrales de Piqué y Puyol, maniató a Xavi, al que Guardiola le dio la titularidad pese a llegar a la cita con molestias, y desasistió a Villa y Messi. En defensa cortó muchos balones y no se complicó para despejar cualquier atisbo de llegada al área por parte de los azulgranas. Pero además, el Valencia, en tan magno escenario, también quería sentirse protagonista. En ataque no contó con excesivas ocasiones claras, pero la sensación de peligro fue constante.
Si por algún flanco se tenía que romper el partido era por la banda izquierda, no tanto por el centro del campo. La apuesta de Emery de colocar a Mathieu como teórico interior izquierdo fue, al inicio, todo un acierto. El zurdo francés tiene vocación ofensiva, al igual que Jordi Alba, originariamente extremo y reconvertido a lateral. Ambos aprovecharon las lagunas defensivas que por la banda derecha mostraba el Barça, a la espalda de un confiado Dani Alves, y al que Messi tampoco apoyaba.
Los primeros amagos serios del Valencia llegaron precisamente por la izquierda. Mathieu, con su portentosa zancada, contó con dos centros que no llegaron por muy poco a Soldado, con el gatillo preparado. El Camp Nou, una gigantesca nevera hasta ese momento, se despertó, soltando nervios con gritos de ánimo y abroncando a César cuando se tomaba con parsimonia los saques de puerta. A la tercera intentona llegó el premio merecido para el Valencia. Esta vez Mathieu se internó hasta la línea de fondo y retrasó al punto de penalti, por donde entró Pablo para fusilar a placer a Valdés.
Era el minuto 38 y el tanto dejó muy aturdido al Barça. Antes de acabar la primera mitad el Valencia contaría con una preciosa oportunidad de encarrilar definitivamente la contienda. Esta vez fue Soldado quien se descolgó por la banda derecha para habilitar a Pablo, de nuevo completamente solo. Víctor Valdés, con una fantástica mano, desvió el gol seguro del extremo castellonense.

Del 0-2 al 2-1
El Valencia había perdonado el segundo gol, un pecado mortal cuando enfrente se encuentra un equipo con las ilimitadas alternativas atacantes del Barça. Todo el trabajo realizado puede quedar en nada con un simple chispazo de genio. La primera vez que combinaron Iniesta y Xavi, al minuto de la reanudación, empató el Barça. Iniesta se plantó ante César y cruzó a placer. El Valencia acusó, más que el gol en contra, el cansancio físico acumulado en la primera mitad. Ese déficit propició que el Barcelona controlara la pelota, pudiera pensar, triangular y desarrollar su fútbol con toda su contundencia. Tal vez Emery tendría que haber refrescado el centro del campo, con Albelda y Banega exhaustos, llegando tarde a las ayudas. Mathieu, como en otros encuentros, acabó agotado.
César retardó la llegada del segundo tanto, con una increíble parada en línea de gol a cabezazo de Villa, al que después le sacó con sabiduría un «mano a mano». En la segunda ocasión en la que Xavi pudo acomodar con tranquilidad la pelota, vino el segundo golpe, el definitivo. Xavi centró con comodidad al corazón del área, donde entró Puyol con un remate furioso de cabeza ante el que nada pudo hacer César.
Después de evitar el tercer tanto, el partido se encaminó a un desenlace más equilibrado, por las señales que emitían ambos banquillos. Guardiola retiró a Xavi por Mascherano. Emery dio entrada a Vicente por Mathieu. Ya no sucedería nada más. Sólo algún tímido intento del Valencia y las protestas de Guardiola, desconocido en sus formas, que instó a los suyos a perder tiempo.

Vicente y Alves se enfrentan en el túnel de vestuarios

La tensión afloró al final del encuentro con varias refriegas entre jugadores. El Barcelona perdió tiempo con descaro y Jordi Alba realizó una dura entrada a Pedro, casi con el tiempo cumplido. El momento más tenso llegó sin embargo con el encuentro ya finalizado. Dani Alves se encaró con Vicente Rodríguez. El lateral brasileño, al que muchas veces le pierde el temperamento y la provocación con el marcador a favor, y el extremo de Benicalap se empujaron en varias ocasiones. Mientras eran separados por compañeros de los dos equipos y por el delegado Voro, ambos realizaron ostensibles gestos con las manos, retándose a verse en el túnel de vestuarios, como así acabaría sucediendo. De nuevo, la intervención de los jugadores evitó que la discusión degenerara en una pelea. Alves acabó disculpándose ante los medios.

Villa no «moja»
Por otro lado, en su primer reencuentro con el Valencia desde que abandonara la entidad el pasado verano, David Villa no logró batir la portería de César. En la falta de puntería del Guaje intervino decisivamente el meta valencianista. Sobre todo en la segunda mitad, Villa estuvo muy cerca de marcar. César desvió sobre la misma línea de gol un testarazo del Guaje. En la segunda, en un claro «mano a mano», Villa intentó regatear a César, que le adivinó con acierto su intención.

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