26 de febrero de 2013
26.02.2013
David Albelda

"Ser dueño de mi presente y futuro me tranquiliza"

Con 35 años, David Albelda ha decidido emigrar, probar suerte y conocer un club diferente del que ha jugado en los últimos quince años - Eligió hace meses retirarse profesionalmente en el extranjero

28.02.2013 | 15:50
David Albelda escucha una pregunta durante la entrevista

Vale más por lo que calla que por lo que dice. Sabe en qué mundo se mueve y hasta dónde puede llegar. Quince años vistiendo y sintiendo una misma camiseta da para mucho. Ha disfrutado y sufrido en un club «que lo ha sido todo para mí». Encara la recta final de su carrera como valencianista. En junio, y sin vértigo, iniciará una nueva aventura.

¿Se siente liberado desde que anunció que no renovará en junio y se irá al extranjero?
No (calla). Me siento igual y con la sensación de aportar lo máximo mientras me toque jugar. La implicación no depende de cuándo acaba un contrato o una trayectoria.
¿Desgasta psicológicamente ser el icono de un club como el Valencia?
El desgaste es criarte en una casa porque eso supone un grado de implicación grande ya que conoces el club por dentro, todos los departamentos... Sí, sí que desgasta.
Por esa implicación, ¿cuántas veces ha llegado a decir «hasta aquí, ya no puedo más»?
En muchos momentos, pero la decisión de escoger en qué momento acabas no es fácil.
¿Cree que ha hecho todo lo que tenía que hacer en Valencia?
(Se toca el reloj y el labio) Me siento bien. A nivel deportivo podría pelear por alargar mis años de fútbol, pero no sé, llega un momento en que tienes una idea preconcebida y tomas la decisión.
De estos quince años, ¿qué cambiaría?
A nivel personal, sinceramente, nada. A nivel profesional, he pasado momentos buenos y malos, pero es normal. No me gusta hablar de hipótesis (piensa en silencio). Si me das a cambiar, modificaría los momentos en los que el Valencia no ha trabajado bien y desgraciadamente cómo esto ha hipotecado el futuro.
¿Hasta qué punto es complicado jugar en el equipo de tu tierra?
Lo es. Vaya donde vaya y me siente en la mesa que me siente, familiares y amigos me preguntan por el club y el Valencia está siempre presente. A veces les tengo que decir, «ya está bien» que salgo para distraerme. Pero es comprensible que quieran saber cosas.
¿Cuántas veces ha echado de menos el anonimato?
En momentos delicados por resultados o por situaciones personales, sí lo echas de menos. A veces he pensado «¿qué sería del fútbol si acabara e, independientemente del resultado, jugara, entrenara, me fuera a casa y no supiera nada más?»
¿Se puede ser futbolista sin implicarse en el club?
Sí. Es algo que yo no conozo pero que existe, y mucho (ríe). No todos los jugadores se crían en la casa y sienten igual el club. Entiendo al que viene de fuera y por el idioma, la adaptación y demás, entiende el club de otra manera.
¿Busca eso marchándose al extranjero?
No es que sea lo que más me atraiga, pero sí el probar y el disfrutar de jugar sólo. Me dedicaré a competir, entrenar y no ir más allá con el desgaste extra que esto supone.
En quince años, el club ha cambiado mucho. ¿Con qué Valencia se encontró en 1995 cuando llegó procedente del Alzira y qué Valencia deja?
Lo de ahora es otra dimensión. Aunque estemos en un momento delicado, el club ha crecido muchísimo y se ha profesionalizado. Cuando empecé, por ejemplo, íbamos en un avión pequeñito de 50 plazas y en eso ahora no cabemos ni... A nivel europeo y mundial se ha crecido mucho. Todo es diferente. Era muy joven cuando llegué; entonces se peleaba por la Intertoto y la UEFA y todos felices. Ahora nadie está contento con ser terceros. La exigencia es otra.
En este, llamémosle ascenso, ¿se ha ido paralelamente despersonalizando o desarraigando el club?
Es que casos como el mío de gente que esté muchos años en un club son mínimos. Son ciclos. Nosotros hemos tocado la gloria compitiendo con equipos de muchísimo más presupuesto y, tarde o temprano, la lógica acaba imponiéndose. Nos debemos sentir afortunados por haber participado de ese momento.
Con Albelda, permítame que se lo diga, se extingue un modelo de liderazgo. ¿Está el Valencia preparado, y me refiero a todos los ámbitos, a tener paciencia y crear un líder como usted? Parece que es difícil unir paciencia y resultados.
Es lo que se debería buscar, porque cuando la economía no te permite fichar, lo más barato es sacar gente de la cantera. Sé que antes o después aparecerá alguien y ojalá llegue a ser más importante que yo y vuelvan a conseguir éxitos. Respecto a la paciencia, sí que tengo dudas, porque la ansiedad de tener que entrar en Champions te hace trabajar muy en el presente. A este nivel, formar a un jugador no es fácil ni rápido. No sé si la gente está preparada a quedarse sin Champions en beneficio de otras cosas. A lo mejor habría que explicarlo y, con la comprensión de todos, empezar un nuevo proyecto con una filosofía diferente. Pero no sé si lo entenderían, por cierto, esto lo hizo el Barcelona. En la última década, cuando nosotros ganábamos, el Barça estuvo seis temporada sin ganar, tiempo que empleó en crear un proyecto que en los últimos años ha dado sus frutos.
¿Asfixia competir con el agua al cuello porque la supervivencia del club depende de entrar en puestos de Champions?
El futbolista, en general, no siente esa presión. Asumimos desde el principio que ese es el objetivo y para ello competimos.
De pequeño ¿qué quería ser?
¿De pequeño? No lo sé. Estudié para ser algo pero me salió bien el tema del futbol y me vi metido en él. Nunca creí que podía llegar a jugar en el Valencia ni, mucho menos, a conseguir lo que he conseguido.
¿Nunca soñó con ser el capitán del equipo de su ciudad?
Nunca, nunca. De pequeño iba a ver jugar al Valencia y uff, era increíble. Imposible. Lo veía como un nivel estratosférico del fútbol al que yo jugaba. Nunca pensé que fuera a llegar donde he llegado.
¿Le gustaría, conociendo la profesión desde dentro, que su pequeño fuera futbolista?
Es un trabajo en el que tienes que saber llevar la presión, la ansiedad de los resultados, las críticas o las alabanzas. Claro que se lo recomendaría pero hay muchos factores que hay que controlar. Cuando eres joven y no juegas por dinero es como un hobby pero cuando vas profesionalizándote se añade una presión muy importante.
¿A cuánto ha tenido que renunciar y cuánto se ha tenido que cuidar para llegar con un nivel top a los 35?
Mucho. Es difícil llegar pero más lo es mantenerse. Desde la experiencia valoro el descanso, el cuidarse, el comer bien, el llevar una vida equilibrada. Desgraciadamente, cuando se habla de nosotros, de lo primero que se habla es del tema económico pero para llegar hasta aquí hay que trabajar mucho y hacer muchos sacrificios. A veces habría que detenerse en los orígenes. Yo dejé los estudios por el fútbol, vivía en el pueblo, el sacrificio de mis padres fue enorme porque vengo de una familia humilde, en mi primera pretemporada me rompí la rodilla, estuve siete meses k.o. antes de debutar y tuve que volver a renacer otra vez..., pasar por los problemas que he pasado y... sí vale, está claro que económicamente esto está bien pagado, pero exige una pelea diaria para poder mantenerse ahí.
Durante un tiempo utilizaba la palabra «podrit» para definir su estado anímico. ¿Ahora cuál utilizaría?
Eso lo utilizan todo los futbolistas (ríe). ¿Ahora mismo? Tengo una tranquilidad interior por conseguir lo que he conseguido y elegir el momento en el que me marcho. Ser dueño de mi presente y mi futuro me tranquiliza. También me tranquiliza por la imagen, porque no estoy aquí para alargar la carrera, estar en la sombra y cobrar. Esa no era mi idea. Estoy contento y feliz. Me voy y valoro que, con 35 años y en un club como el Valencia, he competido en Champions, en Liga y he participado en ello. Creo que es para estar satisfecho.
¿Visualiza ya su último partido?
No, vivo al día. A veces sí pienso qué será de mí el día de mañana porque toda mi vida me he dedicado a esto, pero llegará y lo afrontaremos.
¿Se ve como entrenador?
Ahora mismo no me veo de nada. Aún pienso como futbolista. Decidiré las cosas convencido y cuando acabe mi carrera.
¿No siente vértigo?
No, porque valoro lo que he podido conseguir. Cuando miro atrás y veo cómo está la situación de la gente, me doy cuenta de que no me puedo quejar.
No quiere hablar del futuro, pero los sueños sueños son. Piqué dice que sueña con ser presidente del Barça, ¿y usted?
(Ríe) Ahora pienso en jugar. Ser presidente del Valencia es un tema tan delicado que no todo el mundo está preparado. Ser jugador no quiere decir que puedas ser presidente, gestor o entrenador. Hemos tenido ejemplos. Sería un osado si creyera que mi futuro está en ser presidente, director, entrenador, o lo que me queráis poner.
Es futbolista del Valencia, valenciano y ciudadano valenciano, ¿qué le parece que la Generalitat haya tenido que asumir la deuda de la Fundación?
Como aficionado creo que, tal vez, no era la mejor solución, pero cuando analizas de dónde vienes te das cuenta que era esto o morir. Antes de morir, cualquier solución es buena. Ahora, el siguiente paso debería ser que a la Generalitat no le cueste ni un duro y que el día de mañana llegue alguien que compre ese paquete y libere a la Generalitat. Esa sería una solución satisfactoria para todos. Cualquier cosa antes de estar en manos de Dalport o Alvarado.
¿Se entiende que un club con una deuda de 350 millones pague sueldos millonarios y se plantee pagar 10 millones de euros por un jugador?
No se puede hablar tan a la ligera. Si van a fichar a alguien por diez millones hay que ver cómo es la operación, la amortización o si van a vender, más o menos, por esa cantidad. Más grave es vender un proyecto por el que íbamos a ser los más ricos del mundo y luego dejar el club en ruinas. Y todos, todos, hemos estado callados.
¿Por qué está mal visto criticar a la grada?
Hay respeto porque es la masa social que mantiene el club y está claro que, aunque no te pueda gustar, tienes que ir con pies de plomo porque todos estamos sensibles a ello. Todos tomamos decisiones buenas o malas. Lasgrada tiene su opinión y la expresa. En general todo está muy sensible. Otra cosa es que a todos nos gustaría que todo fuera bonito, que no hubiera deuda económica, que ganáramos títulos, que fuéramos los más ricos del mundo... pero como no es así...
Al margen de la gestión económica de Llorente ¿cree que su tumba puede haber sido querer ejercer de director deportivo apostando por un novato como Pellegrino como entrenador?
No creo. Explicarle a la gente que has reducido 200 millones de déficit y que era o eso o irse a la tumba y desaparecer, no es sencillo. Lo que desgasta es tener que tomar decisiones antipopulares como son las de vender a los mejores jugadores para cuadrar las cuentas y fichar a bajo coste. Se habla de que se pierde la ilusión porque no se tiene jugadores top, porque no se valora ya acabar tercero y se exige acercarse a Barça o Madrid cuando la realidad es que están consiguiendo una cantidad de puntos que no se han conseguido en la vida. Esa es la realidad.
Pero hasta ahora, Llorente estaba inmune a las críticas.
Lo de Pellegrino ha sido una gotita más. Han sido muchas cosas que se han ido sumando y al final, también lo de la última junta, le ha hecho mucho daño y ha alterado el entorno. Ahora todos opinamos y todos sabemos de todo. No soy quién para decir que es la mejor gestión del mundo pero, soy más partidario de vender a los jugadores importantes y darle a esto viabilidad, que quedarte con los jugadores y al mes siguiente no pagar a los trabajadores del club. El Valencia no somos sólo los futbolistas.
Si mira hacia atrás, ¿con qué entrenador se ha sido más injusto?
He conocido de todo, pero hay situaciones que me han llamado la atención. Me acuerdo de cuando se le zarandeó el coche a Héctor Cúper y llegamos a dos finales de Champions; me acuerdo de cuando, en diciembre, se coreó el «Benítez vete ya» y luego mira todo lo que ganamos. Se han dado situaciones muy extremas.
¿Y con futbolistas? ¿Se valora siempre más lo de fuera que lo de dentro?
Es verdad que, cuando llegan de fuera, es un producto mucho más vendible (se refiere a la prensa) para el aficionado. Al que viene de fuera se le da un caché diferente, después la realidad es el día a día y ahí es donde se les ve.

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