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Residencia internacional para jóvenes futbolistas

Oceanía aprende fútbol en Cracks

Una de las sesiones de entrenamiento matinal en las instalaciones de Cracks.

Una de las sesiones de entrenamiento matinal en las instalaciones de Cracks. M.Á.MONTESINOS

En los años ochenta, los impulsores del Club de Fútbol Cracks revolucionaron el concepto de escuela del fútbol en Valencia. Por primera vez, cualquier niño, tuviese el nivel que tuviese, podía «matricularse» en sus equipos para aprender en cada entrenamiento y cada partido. Dejó de ser necesario que los clubes aceptasen a los chicos en función de su talento. Todos tenían derecho a jugar.

Ahora, tres décadas después, Cracks ha dado un paso más en esa dirección al convertirse en el primer club no de élite en crear una residencia para jugadores internacionales, de entre 15 y 19 años, para que aprendan fútbol español. Se trata de una gran nave de mil metros cuadrados en San Antonio de Benagéber, junto a las instalaciones del club, en la que se han construido 15 habitaciones „dobles y triples„ para acoger a unos 35 jugadores. Hay un comedor, una sala de televisión y juegos, un gimnasio, una minicancha cubierta y, además, los residentes disponen de un tutor pendiente todo el día de los jóvenes futbolistas.

«Lo llevábamos en mente muchos años, desde los inicios de Cracks. Queríamos tener algo para albergar a gente extranjera que quisiese venir a aprender fútbol español. Las residencias de clubes de élite, de Primera, solo son para jugadores de nivel con proyección. Aquí pueden venir los que no tienen ese nivel para aprender del fútbol español», explica Rafi Gimeno, coordinador de la escuela de Cracks. «Ofrecemos diversos programas, con entrenamiento por las mañanas con un entrenador bilingüe y por la tarde entrenamiento con los equipos de la escuela. Luego hay un abanico amplio de opciones. Están los que van al colegio por la mañana hasta las cinco y entrenan por la tarde, los hay con cursos de español... Básicamente, la idea engloba venir y formarse en un club español para volver a su país con el aprendizaje hecho. El precio depende del periodo de tiempo que se quiera estar y del programa que se elija», relata Gimeno.

La residencia aloja, a día de hoy, a una decena de esperanzas del fútbol. Uno de ellos es Marcus, de 17 años. Cuando llegó se hacía llamar el Neymar de las Islas Salomón, país del que procede, pero la distancia futbolística con el delantero brasileño era abismal. Ahora, tras unos meses de entrenamientos con el grupo de entrenadores titulados de Cracks, esa diferencia se ha recortado. Su compañero Jarrot, algo más mayor y australiano, se ha hecho con un sitio en la portería del amateur de Cracks, en Segunda Regional. Su referente es el guardameta del Valencia Mathew Ryan.

«Tenemos mucha gente de Oceanía. Vienen de Australia, de Nueva Zelanda... También han venido algunos de Sudáfrica y Marruecos. El Mundial que ganó España en 2010 ha atraído mucho a la gente en países donde el fútbol está en vías de desarrollo y tenemos un par de agentes para ponernos en contacto con los interesados en venir», apunta Gimeno.

Una vez en Valencia, según la edad de cada jugador, se les integra en los equipos cadete, juvenil o amateur del club. Con ellos entrenan por la tarde y juegan los partidos del fin de semana, siempre en el caso de que sean mayores de edad.

«Es un hándicap importante. A partir de 18 años se les puede hacer ficha para jugar en nuestros juveniles o amateur. Por restricciones de la FIFA, los menores solo pueden jugar partidos amistosos, pretemporada, sin que haga falta la ficha federativa. Ellos lo saben. Saben a lo que vienen», indica.

Fin del acuerdo con los «chinos»

Cracks concluyó el año pasado el convenio de colaboración que tenía con el equipo chino Shanghai Greenland, cuyos futbolistas jugaron una temporada en el equipo amateur de Cracks.

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