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Factor Fonteta

Factor Fonteta

Factor Fonteta

El pasado día 19, mientras el Real Madrid celebraba sobre la pista del Buesa Arena su angustioso triunfo en la final de Copa, un pensamiento cruzó la mente de todos los que fuimos a Vitoria pensando que el título podría acabar en las vitrinas de La Fonteta: el baloncesto le debe una a Valencia Basket. El alto nivel de juego taronja durante todo el fin de semana, la perseverancia y el sentido colectivo del equipo que dirige Pedro Martínez y, obviamente, el polémico desenlace en la gran final alimentaban el surgimiento de ese impulso emocional inmediato.

Casi diez días después, la herida no ha cicatrizado del todo. Tardará tiempo en hacerlo. Pero la perspectiva es otra. En mayo de 2001, tras la fatídica tanda de penaltis en San Siro ante el Bayern, también pensamos que el fútbol le debía una Champions al Valencia. Ya ha llovido desde entonces y Mestalla no ha probado orejona alguna. Porque ni fútbol ni baloncesto entienden de deudas. El factor determinante para que un grupo de élite acabe campeonando está siempre relacionado con el merecimiento, con la resiliencia, con el trabajo bien hecho.

Pero vayamos a lo de esta noche. El maridaje de virtudes apuntadas en el párrafo anterior ha colocado a Valencia Basket en una posición de privilegio que no tiene ninguno de los otros siete equipos que hoy comienzan a disputar la eliminatoria de cuartos de final de la Eurocup. Ganando todos sus encuentros como local, será campeón. Seis partidos. Seis noches mágicas. Seis arreones de alma a cargo de un pabellón que, ante escenarios como el que nos ocupa, se convierte en una caldera temible.

Por la particularísima idiosincrasia del club y, supongo, por la confianza en la militancia irreductible de los más de 7.500 abonados que no fallan nunca, no habrán percibido a nivel mediático ni en redes sociales una verdadera campaña de movilización para enardecer al entorno. Algo en plan «La Fonteta gana la Eurocup». Llenar el pabellón es una cosa y encenderlo otra.

Debe ser que alguien en las entrañas del pabellón asocia equivocadamente la idea al triunfalismo que se desató la temporada pasada con el récord de las 28 victorias consecutivas. También debe pesar la prioridad que se le concede este año a la ACB, sin lugar a dudas el camino más corto para conseguir el acceso a la siguiente edición de la Euroliga.

Metidos en la piel de quienes deciden, son razones comprensibles. Pero dentro de unos códigos que el aficionado de base no tiene por qué compartir. Valencia Basket ilusiona por sí mismo. Ha ganado 30 de 37 partidos oficiales. Más de un 80% de victorias. Es favorito porque se lo ha ganado en pista con un Top 16 impecable. Después podrá eliminar a Khimki o no porque a estas alturas de la competición nada es sencillo. Pero animar al personal para que se deje la garganta en esas seis noches no tiene nada de triunfalista, más bien todo lo contrario. En ocasiones excepcionales, y la de hoy lo es, la cultura del esfuerzo no puede ser únicamente cosa de doce.

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