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El optimismo y la confianza

El optimismo y la confianza

El nuevo lema de la Liga es «No es fútbol. Es LaLiga», y lo mejor es que lo dicen como si fuera algo bueno. Se lo han puesto bastante fácil a la competencia. Con darle la vuelta es suficiente. «No es LaLiga. Es fútbol», y palante, jaque mate.

El fútbol es como la familia. Para seguir queriéndolo hay que tomar distancia de vez en cuando. Te vas a un hotel con spa o dedicas un fin de semana a la Ryder Cup. A las vacaciones llegas cansado, pero contento, escribió Javier Aznar en uno de sus textos el otro día. A mí en el mejor de los casos me pasa al revés, que vuelvo contento, pero cansado. Así llegué al sábado por la tarde de la Ryder, dándolo todo y sudando la camiseta europea sin saber muy bien por qué. Esas pasiones fugaces son mis preferidas. Golfistas que odias durante el año y que veneras un fin de semana, sufriendo y gozando por ellos más que su propia familia.

Escribo esto al borde del infarto mientras se deciden los partidos del domingo, y he de decir que hay un gordito en Estados Unidos que se llama Patrick Reed y saca lo peor de mí, aviso. Me dejo llevar y no me preocupo demasiado porque sé que mañana lo habré superado. Me pasa lo mismo con el fútbol americano. Son cuitas que veo tan lejanas que no me dejan huella. Lo mejor de la NFL es coger de repente un odio irracional a equipos y jugadores, y al día siguiente ni acordarte de que existen.El odio en nuestro fútbol se antoja natural y está mejor asumido. Es asunto casi tribal, porque uno arrastra afrentas entre poblaciones y generaciones, identidades heredadas y costumbres inculcadas. Creo que en Estados Unidos eso no ocurre. Creo que hasta la NBA nos importa más a nosotros que a ellos, que la ven como quien va al cine. No me imagino a uno de Wisconsin alterando su vida durante meses para ver baloncesto a las cuatro de la mañana.

A través del golf, Harvey Penick explicó la diferencia entre confianza y optimismo. Afrontas con confianza un golpe de golf, una situación vital, lo que sea, cuando lo has jugado con éxito muchas veces en el pasado. Optimismo es no haberlo jugado nunca y esperar el éxito la primera vez mediante un pensamiento positivo. Peor es mi optimismo, peor es lo mío con la lotería. Ni siquiera juego pero espero que me toque algún día.

Intuyo que la lotería a la que no juego es la única opción para no seguir trabajando hasta que muera. No seré nunca un buen jugador de golf, por mucho que lea a Penick, y tampoco uno de esos jubilados con asiento a pie de pista, camisa hawaiana y piel bronceada que celebra canastas del equipo visitante en el séptimo partido de una final de conferencia. Objetivos vaporosos e inalcanzables en la vida.

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