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CRÓNICA DE LA FINAL DEL SIGLO

“Genovés no es dios pero le falta poco"

Reproducimos la crónica de Levante-EMV de la Final del Siglo: "Remontó un 45 a 55 para proclamarse, a los 41 años, campeón del torneo más importante del año"

El Genovés levanta el trofeo que ganó en la partida del siglo, el 9 de julio de 1995 en Sagunt. | ARCHIVO LEVANTE-EMV

El Genovés levanta el trofeo que ganó en la partida del siglo, el 9 de julio de 1995 en Sagunt. | ARCHIVO LEVANTE-EMV

Yo no recuerdo cosa igual. Ni Genovés tampoco. Nunca como ayer tocó la gloria. Al final de la partida reconocía que «lamentablemente hemos de morir». Lo dice él, que no morirá. ¿Cómo va a morir Genovés ? Todos moriremos, todos seremos ceniza. Pero Genovés, no. Pues no faltaba más. Haremos lo que tengamos que hacer, pero Genovés no se muere. Para eso están los vídeos, los papeles, las fotografías, los retratos, los sentimientos, los recuerdos, el alma, el espíritu, el genio. Genovés no se muere. No se murió contra Pigat y parecía en la tumba. Y ayer ya estaba muerto, y resucitó. Cuando Álvaro puso un 45 a 55 a su favor, después de ganar cuatro juegos consecutivos, fue el momento en que volvió a aparecer ese embrujo, esa gracia divina, esa mano celestial que sólo tienen el privilegio de gozarla quienes, como él, son algo más que hombres. Los griegos tenían razón. Existen los dioses, que no vemos ni tocamos. Y existen los mitos, que no son dioses, pero casi. Y Genovés no es dios, pero le falta poco. Al menos a todos nos lo pareció cuando devolvió una endiablada pelota del rebote del palco de abajo y cuando, en el último quinze, después de dos, horas de guerra titánica, con las piernas temblorosas por el cansancio, nos deleitó con un dau sobrehumano, buscando la derecha de Álvaro. Se la jugó como sólo se la juegan los valientes. Y fue el momento más hermoso de la vida de Genovés.

Vaya envidia que nos da. Si existe el cielo, eso debe de ser lo que vivió Genovés en esos momentos. Había levantado una partida dificilísima ante un rival que tiene las mismas trazas de campeón que él. Este Álvaro sí que tiene casta de campeón. Ayer lo demostró sobradamente. Le pegó una bronca al juez porque no estaba dispuesto a jugar con el ruido de ánimos a Genovés. Hizo callar al trinquete porque él también merece un respeto. Y sólo así se gana el respeto. La victoria de Genovés lo ha sido tras una demostración de todas sus cualidades rejuvenecidas, renovadas. Parecía en algunos momentos que tenía 20 años. La izquierda le salvó de la derrota. Los ángeles del cielo le salvaron algún quince decisivo en esos momentos finales. Estaba escrito que Genovés, con 41 años, volvería a ser campeón. Ahora vuelve a ser él. ¡Cuánto le ha costado! ¡Cuánta fuerza hicieron ayer los miles de valencianos que siguieron el duelo en directo y por la televisión! ¿Cómo se lo vamos a agradecer? Ustedes lo vieron por televisión. Y si no lo vieron, pues véanlo, porque seguro que la repiten esta noche o mañana. Yo no les voy a contar nada más. Eso que ayer vimos hay que verlo para creerlo. Para mí que ayer se demostró la existencia de Dios. Y perdón.  

Imagen de la crónica de la final del Individual publicada en el 10 de julio de 1995

Genovés: «Esta victoria me da vida. No me preguntéis ahora sobre mi futuro profesional. Dejadme saborear este momento»


Genovés sólo tenía palabras de agradecimiento para los aficionados: «Jugaba en casa de Álvaro, pero la verdad es que no se ha notado. Hay que ver cómo han empujado para que ganara. Debo estar agradecido.» La victoria fue costosísima. Genovés lo reconoce: «Sabía que sería muy difícil. Este Alvaro tiene aire de campeón. La verdad es que hubo un momento en que lo vi mal, pero nunca perdí la esperanza. Me acordé de lo ocurrido contra Pigat y yo mismo me di ánimos.» Él vestuario es un rosario de aficionados que acuden a felicitarlo. Para todos tiene palabras de agradecimiento. Un viejo aficionado rompe a llorar ante él: «Eres el mes gran, Paco.» Y se va así de ancho. Nunca hemos visto a Genovés tan feliz. Cuando era el número uno indiscutible, cuando jugaba él solo contra tres parecía de lo más natural. Pero ahora Paco es consciente de que cada triunfo es una victoria contra la edad, contra su propia leyenda: «Xe. Esto es el pan que me da vida. No me preguntéis sobre mi futuro. Ahora sólo quiero disfrutar de este plato. Es una maravilla.»

Alvaro, satisfecho

O al menos así lo aparentaba. Parecía tranquilo. «Estoy contento porque he sido capaz de hacerle frente a Genovés. No sé que me ha pasado. Quizá lo tenía muy fácil. Lo he visto en la mano, pero me han atenazado los nervios en los momentos finales. La verdad es que el público presiona mucho. He .pedido silencio mientras se disputara el quinze, aunque era muy difícil porque el público estaba muy emocionado. Espero que el próximo año pueda redondear el éxito. Ahora sólo quiero felicitar a Genovés porque se lo merece todo y pedir paciencia a los aficionados de Faura y de Les Valls. Espero poder complacerles en próximas ediciones.» Alvaro reconocía que sus limitaciones con la derecha han resultado decisivas en diversas fases de la partida: «tendré que mejorar en esa jugada. Hoy Paco me ha ganado muchos quinzes buscándome ese punto. Me voy a preparar a fondo y espero mejorar con la derecha, pero Paco me ha demostrado hoy que le quedan muchos recursos. De todas formas, creo que en conjunto he ofrecido un buen nivel y por este año no me puedo quejar».  


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