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Levante-EMV

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Negocios que siempre crecen con el sol

Calor intenso, esperada reactivación postpandémica y, a pesar de la elevada inflación, demanda turística disparada. El orden de los factores no altera el producto: los negocios que triunfan este verano en España vuelven a ser los relacionados con el sol, la gastronomía y el entretenimiento. Como siempre, vender helados. Todos esperan volver a vivir un verano como los de antes

La cultura también es rentable

Helena Montenegro Zurrón

Marta Otero Mayán

Las elevadas temperaturas de los últimos días, que en algunas regiones como Asturias superaron registros históricos, han metido de cabeza a medio país en la edad del hielo. Una empresa como Procubitos Europa, que entre junio y septiembre suma el 70% de sus beneficios, da fe de ello. La compañía de fabricación y venta de hielos más poderosa del continente -Cubers es su marca-, trabaja en un mercado «aun por explotar», según Francisco Delgado, director financiero del grupo. «Cuando hace más calor la gente va a playas y terrazas y facturamos un 20% más», cuenta.

La edad del hielo tiene historia en Asturias. En 2011, Cubers Premium abrió su primera fábrica en Gijón, pero no sería hasta su integración en la empresa gaditana Procubitos cuando se lanzó al mercado europeo con el nombre actual. La fábrica del Principado tiene una capacidad máxima de producción diaria de 80 toneladas. Es la segunda más grande de la empresa y proporciona hielo a Cantabria, Galicia y Castilla y León. Tras «dos años muy malos por la pandemia», en palabras de Francisco Delgado, la empresa camina ahora por el extremo opuesto: «Nos hemos encontrado con una demanda más explosiva de lo esperado».

Pese a la expansión de Procubitos Europa, el foco no se pierde de Asturias. «Seguimos muy implicados en la región y parte del accionariado sigue siendo asturiano».

La ciudad de A Coruña cambia de cara en función de la estación. Una de las postales de la ciudad, en época estival, la marca el ajetreo de los paseantes buscando el mejor helado en los establecimientos de La Marina. En invierno, las bufandas y las ropas de abrigo toman las avenidas, mientras quienes las portan buscan calentarse con un cucurucho de castañas recién asadas. Son dos caras de la misma moneda de una ciudad que se transforma. Esa moneda son los hermanos Gallego Gómez, Silvia y Gonzalo, responsables, en verano, de una de las heladerías más populares de la ciudad, La Ibi, y del carrito de castañas que marca el inicio del otoño, emplazado en su perenne ubicación de la Calle Real. En alguna ocasión, hasta se han atrevido a fusionarlos. «Un año probamos con el sorbete de castaña, otro con el flan de castaña. La verdad es que gustó bastante», admite Gonzalo. La pericia con uno y otro manjar se la deben a sus padres, Sergio y Pura, iniciadores de ambos negocios en los años 60. Comenzó el padre con 13 años, como empleado de los propietarios originales del puesto ambulante de helados al que hace poco más de cinco años, sus hijos quitaron las ruedas y convirtieron en local de referencia. Con el carrito de castañas, no obstante, se resisten a abandonar la vida nómada. «Es algo muy especial, para los turistas que nunca la han comido y para los propios coruñeses, que saben que siempre estamos ahí», aseguran. 

Zaragoza

Agua de Jaraba para refrescar

El agua es el mejor aliado del verano y uno de los grandes tesoros con que cuenta Jaraba, una pequeña localidad zaragozana también conocida por sus dos balnearios (Sicilia y La Virgen). Allí se encuentra un manantial privilegiado que explota desde hace más de medio siglo la empresa Cobecsa, del grupo Ágora (cervezas Ambar y Moritz), que vive en estos meses su momento de más apogeo al incrementarse el consumo de este refrescante producto.

Cuenta con la mejor materia prima, un agua de la máxima pureza y rica en minerales que brota a 30 grados de temperatura en una captación que se hace a 100 metros de profundidad. Se comercializa a través de las marcas Lunares y El Cañar de Jaraba. La primera de ellas es una referencia en el mercado aragonés y se vende en toda España, donde cada vez es más conocida gracias a sus cualidades.

La embotelladora, que también elabora gaseosas y refrescos de la marca Konga, cuenta con 32 trabajadores, una plantilla que en la época estival llega a casi 40 personas. La mitad de su producción anual, que ronda los 30.000 millones de litros, se concentra entre junio y septiembre.

«El agua se vende en gran medida según la temperatura: cuando aumenta la necesidad de hidratarse, crecen las ventas», afirma Javier Sicilia, responsable de la planta y director de producción del grupo Ágora. No obstante, precisa, «las olas de calor aportan un porcentaje poco relevante en el volumen de negocio, lo que es importante es que el verano sea de calor sostenido».

El 75% de su producción se destina a la hostelería. «Sufrimos el cierre de bares con la pandemia y ahora estamos viviendo la reactividad. La verdad es que este año está yendo muy bien», apunta el directivo, que vive en Jaraba (280 habitantes), donde esta industria es además todo un revulsivo para el desarrollo rural.

La facturación de la compañía ronda los 10 millones de euros y tiene previsto afrontar importantes provisiones en el futuro para sacar más partido a su particular tesoro líquido.

Empordà

La Ballena Alegre, el camping más sotenible de Europa

La Ballena Alegre de Sant Pere Pescador (Girona) ha sido reconocido este 2022 como mejor camping sostenible y respetuoso con el medio ambiente de Europa. El galardón ha sido concedido por ADAC, la mayor asociación automovilística del continente. Gestionado por la empresa Camping Car SL, este camping de cinco estrellas es una de las referencias de alojamiento turístico de la costa mediterránea. En estos últimos años, antes de la irrupción de la pandemia, ya empezó a romper la estacionalidad exclusiva del verano ampliando su apertura desde abril hasta octubre. «La temporada ha cambiado mucho y se ha alargado hacia el otoño, lo que nos ha permitido aprovechar esta inercia favorable de los meses de septiembre y octubre, que antes eran muy flojos», explica Antoni Castellar, director del camping. La Ballena Alegre está situado a pie de playa, en el corazón del golfo de Roses, uno de los miembros destacados del Club de las Bahías más bellas del mundo. Agosto sigue siendo el punto fuerte en la caja de la empresa. Castellar apunta que esta temporada «llegamos al cien por cien de ocupación», lo que supone una afluencia máxima de unos cuatro mil quinientos huéspedes. «Nuestro momento álgido debemos situarlo entre el 15 de julio y el 31 de agosto», añade. La previsión de la empresa es optimista después de haber superado el bache los dos ejercicios anteriores. Su director constata que el 2020 «fue muy malo y el 2021 nos sirvió para captar un tipo de usuario de proximidad que antes no teníamos». El podio de su clientela lo encabeza el turismo alemán, seguido del de los Países Bajos. En tercer lugar se encuentran los clientes de nacionalidad española, cuyo noventa y nueve por ciento se reparten entre catalanes y vascos. Las perspectivas para este ejercicio son claras: «Esperamos superar la cifra de negocio de 2019». El camino de la marcada sostenibilidad del establecimiento les ha hecho ganar numerosos galardones cada temporada y les ha llevado a reducir más de 100 toneladas de CO2 al año. Este año ha sido el lugar de España escogido por el grupo Volkswagen para presentar su furgoneta eléctrica ID. Buzz.

Murcia

Récord de gazpacho Alvalle: 38 millones de litros este año

Si hay un producto que recuerda a la huerta de Europa y que solo con nombrarlo traslada a cualquiera al verano ese es el gazpacho, un producto que no solo se consume en España sino que ha saltado las fronteras patrias para ser degustado incluso en Estados Unidos. El ‘culpable’ de que se haya hecho tan popular es una empresa radicada en la Región de Murcia y que lleva a gala utilizar productos de la tierra y de otras provincias limítrofes, como Alicante, Valencia, Almería, Córdoba y Jaén. El grupo Alvalle nació hace 25 años con el objetivo de lanzar una nueva generación de alimentos elaborados a partir de una materia prima fresca y de primera calidad. Y en ese contexto, gracias al talento y la innovación, elaboró y comercializó en 1991 el primer gazpacho de litro refrigerado del mercado, todo un revulsivo para este producto que era habitual en muchos hogares, sobre todo, del sur de España. Desde esa fecha, mucho ha llovido en una compañía que tiene previsto esta temporada elaborar 38 millones de litros de gazpacho, un 12% más que en el ejercicio anterior, y que exportará el 50% de su producción, sobre todo a Francia, su país estrella. Una producción récord, que se ha multiplicado por seis desde que entró a formar parte de PepsiCo en el año 1999. La gran novedad de este verano, según ha explicado la empresa, es la nueva gama en botella PET transparente ‘Selección de Temporada’, con una selección muy especial de tomates de temporada y de proximidad, que están elaborados con las variedades Pera y Kumato para la receta de verano y las variedades tomates Rosa y Negro en su versión de invierno. Alvalle utiliza para sus productos unos 40 millones de kilos de hortalizas, que tienen su origen en un radio de acción de 200 kilómetros a la redonda de la planta de producción ubicada en la localidad murciana de Alcantarilla, por lo que «se asegura de esta manera la máxima cercanía y frescura de los ingredientes». Además, explican que el 98% de las hortalizas que utilizan «se recogen a mano, una a una, de forma tradicional respetando su punto óptimo de maduración». En resumen, un gazpacho que es casi una obra de arte.

Canarias

Ansias por bailar tras dos años de silencio

Los acordes de los grandes éxitos veraniegos vuelven a sonar en las verbenas de los pueblos de Canarias tras dos años de silencio. Orquestas, bandas y grupos de tributos vuelven a subirse a los escenarios para hacer bailar al público con sus frenéticos compases. Camino Viejo Producciones lleva más de tres décadas organizando eventos culturales de calle en el Archipiélago y, según relata su directora gerente, Nati Santana, nunca habían vivido una mes de agosto tan intenso: «Hemos duplicado el número de actuaciones que gestionamos en el último verano antes de la pandemia». El resto del año organizan entre 20 y 30 citas, mientras que solo el mes que viene superarán el centenar. La demanda, explica la responsable de la productora, se ha disparado por las ganas de fiesta tras las restricciones sanitarias y porque este es un año preelectoral. La cultura ha sido uno de los sectores más golpeados por la pandemia y los eventos bailables han sido los últimos en volver a las actividades municipales. «Se está programando para que la gente se olvide de lo que ha pasado», afirma Santana, quien gestiona un equipo de 9 personas, aunque necesita a más de 50 para mover el engranaje de cada evento. Camino Viejo Producciones trabaja en todas las islas y tiene en su cartera una treintena de artistas y espectáculos. Durante la pandemia, logró sobrevivir gracias a la organización de conciertos en espacios estables y con retransmisiones en ‘streaming’. Ahora recuperan su estabilidad económica gracias al regreso de las verbenas. «El nivel de trabajo es tan alto que no se puede producir más en Canarias porque no hay personal», concluye Santana.

Ibiza

Los Valencianos, la heladería más antigua

Ningún ibicenco puede imaginarse el puerto sin Los Valencianos, ya que hace 89 años que esta heladería es uno de los puntos más concurridos del casco histórico en verano. No es casualidad que acabe de ser uno de los 16 establecimientos de la isla distinguidos con un ‘Solete de verano’ de la Guía Repsol. Con solo 18 años, Daniel Lloyd Galiana se ha puesto al frente de la empresa, tomando el relevo de su madre Mónica, pero cuenta con una experiencia y un aplomo sorprendentes. Como en todos los negocios familiares, ha crecido correteando dentro del local o en el obrador de helados artesanales. A pesar del arraigo de Los Valencianos, la familia Galiana recaló en la isla por descarte. Menorca fue su primer objetivo, pero no les convenció. Un año después, en 1933, los tatarabuelos de Lloyd probaron suerte, con éxito, en Eivissa, donde contaban con la ventaja de la proximidad para viajar a su Jijona natal. Entonces, solamente había tres sabores, tanto en el local como en un carromato ambulante: nata, fresa y turrón. «Ahora tenemos 72 variedades y las elaboramos todas nosotros», detalla. Con todo, no ha variado la opción más demandada, el de almendra, especialmente entre los clientes mayores. Los domingos, el día por excelencia para el público local en la terraza, también abundan los pedidos con horchata, blanco y negro o nacional (igual que el anterior, pero con bola de vainilla en vez de nata rematando el granizado de café). Si entra un italiano, ya intuye que va a querer pistacho avellana y en un cucurucho pequeño, a diferencia de los germanos. «Los alemanes piden mucho chocolate en los cucuruchos de mayor tamaño, pero también copas de helado grandes, que son muy contundentes». Los ingleses se pirran «por los sabores más empalagosos, como el caramelo» y, como los alemanes, suelen repasar a fondo la carta antes de pedir. Nadie se sorprenderá al saber que los españoles e italianos son los que generan más estrés a los camareros, pero «saben con seguridad qué van a pedir». El negocio abre de nueve de la mañana a dos de la madrugada, con una quincena de personas en plantilla que se amplían a18 en agosto. «Es el mes de la marabunta», cuando calcula que venden más de 130 kilos de helado al día. ¿Y cuántas horas puede llegar a trabajar él? «¡Buffff! Ahí lo dejo, porque no lo sé. Pero la verdad es que me lo paso bien y el tiempo me pasa volando. No me he dado cuenta y ya estamos a mitad de temporada».

Girona

Gelats Angelo factura entre un 80% y un 85% del total durante verano

Gelats Angelo fue fundada en 1985 en Torroella de Montgrí (Girona) por Angelo Corvitto. Ahora tiene la sede en Ullà y es Hervé Corvitto quien lo dirige, una empresa familiar fundada en 1985 en Torroella de Montgrí por su padre, el maestro heladero, Angelo Corvitto. Como muchas de las empresas que se dedican al suministro de helados «necesitamos que llegue el buen tiempo para tener más ingresos», comenta Hervé Corvitto. El año pasado, la compañía facturó alrededor de 900.000 euros, pero fue durante los meses de verano, entre Semana Santa y finales de septiembre, cuando la empresa concentró mayor volumen de ventas. Corvitto afirma que los ingresos que tuvieron en ese periodo de tiempo fueron entre el 80% y 85% del total del volumen de negocio. La compañía gerundense tiene tres líneas de distribución, dos de ellas abiertas todo el año. Son las de restauración y tiendas al detalle que, durante el invierno, «van comprando, pero en un volumen diferente». La otra vía de suministro es la de las heladerías, que solo se hace durante la temporada de verano y si, alguna queda abierta durante los meses del año, las ventas que se hacen son «testimoniales». Gelats Angelo distribuye a unos 300 establecimientos de toda la provincia de Girona, una cifra que llega a los 400 si también se cuenta la distribuidora que tiene la empresa. Corvitto indica que el volumen más alto de estos suministros se encuentra en los locales de restauración, «que a menudo nos piden gustos curiosos que elaboremos por primera vez», y en las tiendas al detalle. Dos vías que «crecen mucho durante el verano». En cambio, la venta a las heladerías es menor porque «somos una empresa pequeña» y en una población solo ofrecen sus productos a una única heladería. También suministran sus productos a otros lugares de Cataluña, y también de España, como Madrid o Galicia.

Córdoba

La cultura también es rentable

La cultura nunca ha sido un negocio demasiado boyante en Córdoba. En una ciudad con cuatro títulos Patrimonio de la Humanidad, que presume de sus monumentos, de un pasado histórico brillante y del peso de la historia escrita entre sus murallas, poner en pie un negocio basado estrictamente en la cultura siempre ha sido una misión complicada. La tarea es complicada, pero no imposible. Las proyecciones en cines de verano, una propuesta genuinamente cordobesa (en la que ver una película al aire libre mientras se disfruta de una cerveza y un bocadillo comprado en la sala o traído de casa), contradice todo lo anterior y demuestra que el que la sigue la consigue y que la cultura también puede ser rentable. Martín Cañuelo es el empresario que está al frente de Esplendor Cinemas SL desde los años ochenta, empeñado en mantener abiertos sus cuatro salas (Olimpia, Delicias, San Andrés y Coliseo), la más joven con 75 años de edad, distribuidas por el casco antiguo de Córdoba. En pleno siglo XXI, compiten no solo con las salas de cine convencionales con aparcamiento fácil y aire acondicionado, sino con las plataformas digitales donde la mayoría se ha acostumbrado ya a ver cine a diario. Pese a todo, no es raro encontrar un lunes o un martes cualquiera de agosto cola en la puerta de los cines de verano. «La pandemia ha dado un vuelco a los cines del que aún no nos hemos recuperado -explica Cañuelo-, en el 2019 teníamos una facturación de unos 400.000 euros entre las entradas, los bares y los ingresos por publicidad, pero en los últimos dos años hemos caído a la mitad». La crisis de este año no es la primera ni tampoco la peor que recuerda. «En los años 80 hubo otra muy fuerte». «Si te gusta lo que haces y crees que merece la pena, no te puede vencer el desánimo», asegura. Los cines de verano son una fuente de empleo estacional. «Cada año, trabajan con nosotros unas veinte personas en las salas, a lo que se suman pintores, albañiles o jardineros que cuidan el espacio todo el año y se encargan del mantenimiento», explica el gerente, que recuerda cómo los cines han ido ganando espacio como sede de distintos eventos. «Nuestra actividad central se produce entre junio y septiembre, pero no nos ceñimos a las proyecciones de películas, también hay actividades relacionadas con el cine, con el Festival de la Guitarra, con la difusión de autores de cortometrajes cordobeses y colaboraciones con el Ayuntamiento en conciertos y ciclos de teatro infantil en primavera y otoño». Este año, por primera vez, el cine Fuenseca acogió un evento comercial puro y duro de la mano de Cervezas Alhambra, que transformó el patio en el que se colocan las sillas en un gran bar temático. «No descartamos repetir este tipo de iniciativas», afirma Cañuelo. El hecho de no tener programación estable juega en contra a la hora de fidelizar empleados: «La gente se busca la vida y si encuentra algo estable lo deja». En este sentido, «uno de los trabajos más difícil de cubrir es el de proyeccionista porque tampoco hay personas que sepan hacerlo, buscamos a gente con un nivel mínimo de informática y nosotros los formamos». El número de usuarios que acuden anualmente a las salas cayó en picado en 2020 y 2021. «La reducción de aforos y el miedo a relacionarse con otras personas hizo que pasáramos de 80.000 espectadores anuales a menos de la mitad, una cifra que empieza a remontar aunque sin llegar a los niveles prepandemia». La lógica haría pensar que, en un momento de crisis económica, con el IPC por las nubes, muchos cordobeses renuncien a irse de vacaciones y opten por disfrutar de la oferta cultural de la ciudad, pero según el responsable de Esplendor Cinemas no es así. «Muchas encuestas indican que se renuncia a lo que se considera gasto superfluo y la cultura se encuadra ahí», replica. «Las olas de calor intensivas tampoco ayudan a que la gente se anime a ir al cine, aunque somos optimistas y miramos siempre a largo plazo, si no, no estaríamos en esto». A su favor está el precio de las entradas. Si en un cine cualquiera, ver una película cuesta 7 euros, en los de verano, donde las sillas son más incómodas pero uno se puede mover con libertad, cuesta 4 euros (4,5 el fin de semana y 5 en algunos estrenos). En cualquier caso, Cañuelo tiene claro el secreto de la supervivencia: «La constancia y pensar que el cine como negocio tiene altibajos. Hay que aguantar y resistir esos envites para seguir adelante».

David Navarro

El negocio de enseñar a cabalgar las olas

Daniel Parres tenía claro que quería vivir de su pasión por los deportes náuticos y, a pesar de sus éxitos en competición –su última hazaña son las tres medallas que logró en los últimos mundiales de paddle surf-, necesitaba una fuente de ingresos complementaria y más estable. Fue así como arrancó su negocio -Parres Watersports-, que primero fue únicamente una escuela de verano de actividades como wingsurf o kitesurf en la playa de Santa Pola, y que actualmente incluye también un club deportivo en la cercana Arenales del Sol. Los esfuerzos por desestacionalizar la actividad le permiten mantener el club abierto todo el año, sobre todo gracias al equipo de competición que ha formado y a la organización de las propias competiciones que promueve, como el World SUP Festival Costa Blanca. Sin embargo, el grueso del negocio se sigue concentrando en el verano. En realidad, entre el mes de julio y la primera quincena de agosto, en los que factura aproximadamente el 60% de los ingresos de todo el año, según explica el empresario y deportista. «Es una lástima, porque, a pesar de tenerlo tan a la mano, en Alicante aún vivimos muy de espaldas al mar», se lamenta. Como ocurre con todos los negocios estacionales, uno de sus grandes problemas es encontrar el personal cualificado necesario. La plantilla estable a lo largo de todo el año son cinco personas, pero en verano necesita entre 20 y 25 trabajadores, que busca entre los graduados en Educación Física. «Quieren un trabajo fijo para todo el año y no se lo podemos ofrecer», reconoce. Pero a este problema común todo el sector turístico, la escuela de deportes náuticos debe añadir otro adicional: la necesidad de ocupar espacio en la arena, lo que le supone importantes disputas con los bañistas, a pesar de disponer de todos los permisos. «Intentamos que sean horarios en los que haya el menor número de usuarios en la playa, pero siempre hay quejas», asegura. Otro de sus grandes objetivos es acabar con la idea de que estos deportes son elitistas y ponerlos al alcance de todos.

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