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"Tras casi 30 años de abandono, por fin nos atienden"

Los vecinos del grupo de viviendas públicas de Alfafar celebran la llegada de las obras de mejora pero no olvidan el calvario sufrido

Rafaela, una de las vecinas que lleva desde 1991 alquilada en la finca de Reyes Católicos. | P. O.

Rafaela, una de las vecinas que lleva desde 1991 alquilada en la finca de Reyes Católicos. | P. O.

Vallas, carretillas, restos de escombros y gente con casco y chalecos saliendo y entrando sin cesar. Esta es la realidad con la que convive ahora el centenar de residentes de las viviendas públicas Marisa Hernández en la avenida Reyes Católicos de Alfafar, que están siendo rehabilitadas por la Entitat Valenciana d’Habitatge i Sòl (EVha) con una inversión de 765.000 euros. Pero no siempre ha sido así. Los charcos de agua llenos de basura ocasionados por las filtraciones de las tuberías y del techo, las escaleras rotas, la presencia de ratas y bichos por la falta de mantenimiento del parque trasero cercano a la acequia de Favara y el malestar ocasionado por los okupas han sido la realidad con la que ha tenido que convivir este bloque, prácticamente desde que se levantó en 1991 y que ha sobrevivido pese al abandono protagonizado por el entonces Ivvsa.

«Me han sorprendido todas estas obras, no me esperaba que iban a ser tan importantes», reconoce Rafaela, que lleva viviendo en la escalera 46 «toda la vida» con su marido aunque ella nació en Córdoba. «Esto ha estado fatal. Yo quería irme, sobre todo en la época de los okupas ya que hasta tuvo que venir una guardia a vigilar», recuerda esta vecina, que reconoce que la las obras han tardado mucho en llegar.

«Hemos tenido muchos problemas y aquí nadie hacía nada. Hemos sido los vecinos los que nos hemos tenido que costear algunas mejoras por el abandono total que había en la finca. Las escaleras estaban rotas, estaba todo hecho un desastre. Ahora por fin parece que nos atienden», señala, además de reconocer que lo peor ya ha pasado y que ahora su mayor problema son las molestias causadas por vecinos de arriba.

Manuela también vive «desde siempre» en este bloque conocido como la ‘finca roja’ por el color del ladrillo de la fachada. «Estaba todo fenomenal», asegura con sorna. «Esto estaba abandonado, lo hemos pasado mal pero por fin parece que ya lo van a mejorar. Les ha costado», reconoce delante de dos menores, que asienten con la cabeza.

Las obras que se están llevando a cabo son la reparación de parte de la cubierta y la fachada, que provocaban multitud de filtraciones, además de la revisión y adecuación normativa de los suministros de agua y luz. «El agua chorreaba por la pared», explica Marisa, vecina de la escalera 44, que lleva allí viviendo desde 1991. También estos trabajos suponen una mayor permeabilidad del espacio semienterrado de accesos a los zaguanes, así como la mejora de los mismos y los rellanos de acceso a las viviendas.

«Daba mucha lástima ver a los niños que jugaba con charcos en los zaguanes llenos de basura transportada por el viento», recuerda Marisa, quien celebra que se vaya acondicionar además la zona de al calle Aadisa. «Al principio era un entorno verde, pero los árboles se pudrieron y, aunque pedimos que los quitaran, no lo hicieron y los bichos se colaban en las casas. Eran tantos que nos hacían hasta salir. Ahora estamos asombrados por las obras, vamos a pasar de abandonados a ser una finca ejemplar», reconoce.

Picassent: «Hasta que no vea las obras, no me lo creo»

Las viviendas públicas de la avenida Diputación de Picassent miran con envidia a Alfafar. Sus residentes llevan desde 1985 reivindicando mejoras que no han llegado hasta ahora, cuando el EVha ha licitado ya obras por 544.500 euros. «Se supone que el día 22 empezaban y aquí todo sigue igual. Hasta que no lo vea no me lo creo», confiesa Paco Talavera, antiguo presidente de la comunicad, que reside allí desde el primer día. «Hemos sufrido primero con los problemas de drogadicción, cuando nos daba miedo salir de casa y con los que los vecinos conseguimos acabar. Pero las filtraciones de agua, el mal estado de los elementos comunes... llevamos demasiado tiempo reclamando siempre con la misma respuesta: no hay dinero. Parece que ahora por fin lo hay», explica.

La «niña de la guerra» que dio nombre y visibilizó al edificio 


Este bloque de Alfafar se llama ‘viviendas sociales Marisa Hernández’. No es el nombre de la calle, sino que pertenece a una vecina que a sus 89 años, ya lleva 29 viviendo allí. Pero Marisa no es una vecina cualquiera. Es conocida por ser una «niña de la guerra», protagonista de un libro escrito por Vicente Sala, que relata la vida de esta mujer nacida en Vizcaya y que, como muchos niños de entonces, pasaron por dos guerras que la llevaron al exilio en Rusia y a vivir toda clase de calamidades.


Cuando consiguió regresar a España en 1991, lo hizo en condiciones muy precarias, y fue allí, en Alfafar, donde encontró un hogar, que ella devolvió con una gran labor social .


«Me cabreaba que Alfafar estuviera creciendo y mejorando, y a nosotros nos trataban como un gueto. Puse muchas reclamaciones en el ayuntamiento. Nunca nos atendieron como debieron», recuerda. 


Con un nivel cultural muy alto, Marisa intentó ocupar a los muchos niños que había en la finca y organizó de 1996 a 1998 juegos infantiles con hasta 64 pequeños, con la ayuda de entidades. En ellos enseñaba juegos o incluso canciones rusas. «Yo nunca he tenido problemas con la gente de aquí; la diversidad es magnífica. Recuerdo cuando me puse a limpiar para hacer los juegos. Salieron los niños y me dijeron: ‘eso lo hacemos nosotros’», narra.


Una solidaridad que le mereció recibir uno de los premios que otorga el Ayuntamiento de Alfafar por el 9 d’Octubre.

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