26 de abril de 2019
26.04.2019
Juicio en EEUU

La espía rusa María Butina, condenada a 18 meses de cárcel

La joven confesó su culpabilidad de un delito de conspiración contra EEUU y aceptó cooperar con la Justicia

26.04.2019 | 17:47
La espía rusa María Butina.

María Butina, la joven rusa que fue detenida en Estados Unidos en julio pasado acusada de actuar como una agente de Rusia sin el debido registro, fue condenada este viernes por un tribunal federal a 18 meses de cárcel, informaron medios locales.

El pasado 13 de diciembre, Butina, de 30 años, confesó su culpabilidad de un delito de conspiración contra EE.UU. y aceptó cooperar con la Justicia.

Según la Fiscalía, la presunta espía rusa tejió una red de influyentes contactos en EE.UU. para beneficiar al Kremlin en una operación que inició en marzo de 2015 y que finalizó en julio de 2018, cuando fue arrestada.

Como parte del acuerdo alcanzado con la fiscalía, Butina aportó información sobre su expareja, el asesor del partido Republicano Paul Erickson, quien por el momento no ha sido acusado formalmente en el marco de este caso, dijo la cadena CNN.

No obstante, el pasado mes de febrero, la fiscalía del estado de Dakota del Sur presentó cargos contra Erickson por fraude electrónico y lavado de dinero.

Butina reconoció, además, haber establecido una relación con un estadounidense, para lo que se sirvió de la herramienta de traducción de Google, con el objetivo de presentarle una "propuesta de proyecto" de cara a las elecciones de 2016.

EE.UU. acepta que los ciudadanos estadounidenses y extranjeros trabajen en favor de otro país, siempre y cuando estén debidamente registrados para hacerlo, algo que Butina nunca hizo.

La ciudadana rusa inició su misión en territorio ruso, pero en agosto de 2016 se mudó a Washington con un visado de estudiante, presuntamente solicitado como parte del plan de Rusia, momento en el que las autoridades de EE.UU. comenzaron a seguirle la pista.

Antes y después de entrar en territorio estadounidense, Butina, que supuestamente trabajaba para un alto funcionario ruso, tejió una red de contactos influyentes en la política de EE.UU. que le llevaron hasta el más poderoso "lobby" de armas, la Asociación Nacional del Rifle (NRA, en inglés), ante la que se presentó como una activista rusa en defensa del derecho a portar estos artilugios.


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