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Análisis

La tormenta perfecta acecha África

Guerra en Ucrania, hambre en África.

El futuro de la guerra de Ucrania se decide en los combates que se libran en la región de Donbás y en la opinión pública internacional. Las sanciones aplicadas por EEUU, Canadá, Unión Europea, Japón, Australia y Nueva Zelanda, entre otros, afectan al comercio, a millones de trabajadores de Asia Central que pueden perder sus empleos en Rusia y a las exportaciones de girasol, cebada, maíz y trigo de las que África es muy dependiente.

 Un 40% del trigo que se consume en el continente africano es ruso, y otro 10%, ucraniano. No solo es el bloqueo de los puertos, es el precio que se ha disparado un 30% desde el 24 de febrero.

Para Vladímir Putin es una herramienta de presión a Occidente, al que acusa de ser responsable de la actual hambruna en el Cuerno de África, y de la que afectará al Sahel. Los países vulnerables piden a Rusia que permita la navegación desde el puerto ucraniano de Odesa, y a Occidente que levante las sanciones a las exportaciones de cereales.

Forma parte de la misma partida de ajedrez, como el gas natural y la propaganda, sea en redes sociales o televisada. Es una guerra de desgaste en la que Rusia parece tener más posibilidades de aguante. Putin lo vive como un duelo al sol: pierde el primero que parpadee.

Grietas en la UE

El Kremlin percibe grietas en la UE en el tipo de armas sofisticadas que envía a Ucrania y en la dependencia energética. Alemania lucha contra su memoria histórica, y Emmanuel Macron, con problemas políticos internos, quiere que Francia sea el centro de Europa, ahora que no hay británicos a la mesa.

 Rusia tiene buena imagen en África. Hereda los beneficios de la política anti colonialista de la URSS en los años 60 y 70 del siglo XX, en los que Moscú apoyó a los movimientos guerrilleros que luchaban por la libertad. Francia, Reino Unido, Portugal y Bélgica estuvieron en el bando equivocado. Hay heridas profundas que no han cicatrizado.

 El Gobierno belga acaba de devolver a la República Democrática del Congo el único resto que se conserva de Patrice Lumumba, el gran héroe de la independencia: un diente de oro, pero no hay reconocimiento de culpa en su asesinato. Moscú se beneficia también de la posición de China, aliado en la sombra en la pelea global contra EEUU, que invierte mucho y pregunta poco.

 A las consecuencias de la pandemia y la guerra en las economías se suman los efectos del cambio climático. Es una tormenta perfecta que puede castigar a amplias regiones de África y al Caribe, además de Pakistán, Bangladesh, Myanmar, Vietnam y Filipinas, según el Índice de Riesgo Climático del think tank Germanwatch

Casi 2000 muertes diarias

Mas de 1.800 personas mueren cada día de hambre en el cuerno de África, donde apenas ha llovido desde 2019. La región del Sahel padece una crisis crónica que oscila entre la llamada estación del hambre y la gran hambruna. Dieciocho millones de personas están en riesgo de padecer hambre severa en los próximos tres meses. Es la peor situación desde 2014.

 El cambio climático que ha encendido las alarmas de Europa, con temperaturas por encima de los 40 grados en primavera, es devastador para las zonas más pobres del planeta. Según un estudio conjunto del Instituto Ingenio y de las Universidades de Roma y Urbino Carlo Bo, un aumento prolongado de las temperaturas multiplica por cuatro y cinco el riesgo de conflicto armado. El Sahel ya es el campo de batalla entre gobiernos autoritarios y corruptos apoyados por la UE para que frenen la migración y grupos yihadistas.

En Occidente estamos preocupados por el precio de la energía y por una la inflación creciente. Los economistas más alarmistas pronostican carestías de alimentos en los supermercados, avivando los miedos que impulsan a las extremas derechas.

 La hambruna de los más pobres no es una prioridad política ni informativa. No existen medidas estructurales sostenidas para erradicarla, pese a que es uno de los motores de las migraciones junto a las guerras. No todos pueden ni quieren viajar a Europa. Uno de cada nueve africanos emigra cerca de su país en busca de trabajo y sustento. Los mayores y los enfermos no migran, solo mueren.

 El cambio climático generará guerras por el agua que superarán a las que se han librado por el petróleo. Si al sur de Europa le espera un verano de temperaturas extremas, al otro lado del Mediterráneo será el infierno. En las próximas décadas, o tal vez solo años, habrá millones de refugiados climáticos. No nos escandalicemos demasiado, quizá algún día formemos parte de ese movimiento de supervivencia que huye al norte.

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