Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

apuntes

miguel, en la calle

miguel, en la calle

miguel, en la calle

M iguel es un joven de 33 años, natural de un orfanato de Logroño; un lugar a donde se dirigió en el año 2011 para pedir ayuda, cuando, después de dos años en el paro se quedó sin nada. Pero entonces el orfanato ya no existía y ahora pide en una calle del Puerto de Sagunto.

En aquella institución de Logroño estuvo hasta los 18 años ya que nunca nadie lo adoptó. El vivía en un pueblo llamado Alfaro, de La Rioja con 9.850 habitantes. Allí trabajaba en una panadería, pero era un negocio familiar. Al verse rodeado por grandes supermercados, las ventas bajaron y él fue despedido después de estar 14 años de chico para todo, pero sobre todo a pie de mostrador sirviendo al público. Por ello, tuvo que agarrarse a trabajar en las campañas del melocotón, la pera, la vendimia etc. pero esto cada día es más difícil. Cuenta Miguel que en Monteagudo se tuvo que hacer autónomo para poder trabajar y pagar 75 euros para tres días que estuvo trabajando y luego, claro, darse de baja para que no siguieran cobrándole.

La ayuda familiar no llegó. Todo era pedirle papeles, hasta le pidieron los recibos de agua y luz, pero ya no tenía casa porque no la podía pagar, y nunca tuvo familia. Y salió de su pueblo por vergüenza, de tener que pedir donde le conocían.

Cogió la carretera y se puso a andar hasta Guadalajara allí estuvo haciendo alguna campaña. Ha pasado desde entonces por muchos pueblos, siempre a pueblos cercanos pues el dinero que le daban no era para ir a viajes largos y en cada pueblo pedía trabajo iba a los polígonos industriales dejando su currículum.

Un día pensó venir hacia la costa por el frío y porque quizás aquí hubiese más posibilidades y llegó a Elda. Allí estuvieron a punto de ayudarle en la Cruz Roja, pero no lo hicieron porque no podía empadronarse. Luego estuvo en Torrevieja hasta llegar al Puerto de Sagunto.

Gente «más abierta». Dice Miguel: «Me he dado cuenta que la gente de este pueblo es más abierta, se fía más que en otros sitios. En el mesón de aquí al lado me han dado de comer y me han dejado dormir en un bajo donde tenían las bebidas, lo han vendido, pero yo lo he dejado todo muy limpio. «Ahora voy andando hasta Canet y en unos chiringuitos cerca de la playa duermo pongo tres cartones y me meto en el saco de dormir. Me vine por el clima pero este es peor por la humedad tan exagerada, que te quedas congelado, gracias que no he estado enfermo, creo que coges menos resfriados estando en la calle porque no sales de caliente al frío; pero ojo estoy siempre como enfriado será por el sueño. Lavarme lo hago en los aseos públicos y allí lavo la ropa con un poco de champú. Parece ser que la calle me hace inmune, por lo menos no viene todo a la vez».

«En Tarazona fue la primera vez que me puse a pedir; estaba cuatro días sin comer y el hambre me apretaba. Ahora siempre tengo alguna lata de conserva, a veces alguien me baja un taper con comida caliente la gente me va conociendo ya llevo en este pueblo unos meses». «Yo quiero quitarme de pedir, quiero trabajar pero lo veo difícil, y es que esta vida cansa mucho. A lo primero me daba corte pedir, y ahora me sigue dando, oyes, "mira uno pidiendo" y me da una vergüenza».

«Nunca he tenido problemas con la ley, la policía viene y me pide el DNI, aquí también vinieron y me dijeron el carné, a ver si eres una pieza, luego me han invitado a un café. En los pueblos, donde voy siempre en los primeros días, no paran de venir la policía, cuando ya me conocen me dejan tranquilo y ya no los veo».

En eso se acercaron unos vecinos y le ofrecieron algunas cosas. Cuando se van, Miguel me dice: «La gente se interesa por mí porque voy limpio, es por la imagen que das, me lavaría más pero tampoco conozco donde hay fuentes porque moverse con este carro que pesa bastante es difícil yo no sé a dónde tirar. Al final del día me dan de ocho a diez euros, depende, quizás algunos días un poco más y si me dan la comida voy viviendo».

Luego prosigue explicando: «Nunca he tenido pareja, es que no me he enamorado nunca, yo siempre estaba trabajando y los sábados y los domingos me metía en casa veía las películas de la tele, algún rato iba a tomar un café, llevaba una vida un poco solitaria, porque soy así, no me va ir a las discotecas y además no me gusta se te mete en la cabeza ese ruido. Nunca he buscado pareja, sí me gustan las mujeres pero creo que se está mejor solo. Me imagino que si tuviera familia no sería así, en el pueblo tenía algún amigo pero, no me gustaba salir me iba pronto a casa, también es que terminaba cansado y como empezaba a trabajar tan temprano. Poco a poco me fui dando cuenta que iba a caer en esto de tener que pedir, y no veas la primera vez no sabes ni lo que hacer, pero no tienes más remedio, estaba totalmente cortado, yo creo que lo nota la gente».

La sociedad creo que ha vuelto a dejar huérfano a Miguel. Más que alimento, él necesita cariño, necesita ayuda para abrirse a la sociedad. En su niñez le faltó el cariño de sus padres, y de una familia. Creo que esto le ha hecho encerrarse en sí mismo. Ya no podemos evitar el desamparo de su niñez que vuelve a aparecer por parte de las instituciones oficiales, que con sus normas y reglas lo excluyen cuando ayudan a otros que saben sortear las leyes.

La gente de este pueblo estoy seguro que, al menos, no lo va a excluir.

Compartir el artículo

stats