10 de mayo de 2011
10.05.2011

«El túnel valencià»

José Luis Villacañas

10.05.2011 | 07:30

Julià Valero, con amplio mérito, ha decidido reunir en un blog una serie de entrevistas a intelectuales y políticos valencianos. Con cierta gracia, no exenta de esperanza, ha titulado la serie El Túnel Valencià. El subtítulo es bien expresivo: «La hegemonía de la derecha vista desde la izquierda». Puesto que se supone que alguna vez se hará la luz, para comenzar ha lanzado una batería de preguntas a quienes quizás están en condiciones de iluminar en medio de esta larga noche oscura la realidad valenciana. En ese sentido, estamos todavía en el camino hacia el Fiat creador, puesto que las entrevistas concluirán justo en la víspera de las elecciones del 22 de mayo, con la que se dedicará al profesor Joan Romero. Esta simbología, cuyo misticismo he realzado con cierta ironía, sugiere que nadie responsable debería votar sin leer esta colección de diagnósticos. Al final, se busca que poco a poco el lector vaya recibiendo la luz de los entrevistados y que, una vez repasada la serie completa, pueda ir feliz a las urnas, transfigurado por la iluminación recibida.
Los nombres son importantes. Desde el primero, Manolo Alcaraz, hasta el último por ahora, Joan Ignasi Pla, tenemos una serie de actores y exactores de la realidad cultural y política valenciana de izquierdas. Todos ellos abordan lo que podemos caracterizar como el misterio Camps, que como siga a este paso va a tener más exégetas que el misterio de la Trinidad. La definición de este misterio dice: ¿Cómo es posible que Camps pueda haber forjado una hegemonía de derechas en una tierra de izquierdas? Los intelectuales y políticos que responden las preguntas que les propone el señor Valero se esfuerzan por iluminar este misterio, y la verdad es que algunos lo logran. Uno de ellos, que no deseo mencionar por su nombre, pero cuya juventud es un fuerte motivo de esperanza, nos da una respuesta iluminadora. «En què han fallat els partits de l´oposició? Això és una postura barata i fàcil, la culpa la tenim tots...»
Esto de la culpabilidad universal, lo que se llamó desde Orígenes el pecado original, ha sido una de las explicaciones preferidas de los que analizan misterios. Como es natural, la cosa no es tan sencilla. El propio entrevistado lo matiza. «A veure, jo no crec que hi haja hagut una dretització al País Valencià. Jo crec que seguim sent un poble més o menys laic, en general, igual amb l´excepció d´alguns aspectes de la ciutat de València... però crec que encara som un país laic i relativament progressista». Es, sin duda, una vieja construcción de la teología, una de las preferidas para cortocircuitar el reconocimiento de la realidad: «Credo quia absurdum est.»
Finalmente, el tercer síntoma de esta teología moderna: aquella culpa que tenemos todos, en el fondo no es tal, sino más bien resultado de un superdiablo tentador y seductor que convenció a la gente de lo agradable que era pecar y construir. Como el lector habrá adivinado, he aquí el nombre: «El que sí hi ha hagut, a diferència d´altres territoris, és una permissivitat absoluta, tot era possible... i el responsable d'això és... Eduardo Zaplana».
El motivo por el que este líder de los malvados diablos [satanización=dretanització] haya logrado corromper al País Valencià no queda del todo claro. Pero quizá tenga que ver con esto: «En Catalunya tenen la sardana i la Mare de Déu de Montserrat, ací no hi ha ni festa, ni patrona que servisquen d´unió.» Este asunto es grave, desde luego. Frente a la concentración teológica de los catalanes, imbatible contra los peligros de este valle de lágrimas, desde luego, ¿qué tenemos en el País del sur? Dispersión. Ya se sabe: «dia-bolos», el que separa. Y de la índole de lo separado, ni te cuento. «El País Valencià s´estructura a nivell de festes, moros i cristians, falles, fogueres, bandes de música, Magdalena...»
Debo dejarlo aquí, aunque no garantizo que no vuelva a iluminarme en esta serie de entrevistas para votar responsablemente el día 22. En todo caso, después de esta breve selección, quizá comprenda el mundo de lectores ilustrados de este diario un poco más del misterio Camps.

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