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Solo un respiro

La operación sucesión-coronación exprés ha llevado, incluidos los últimos remates, poco más de un par de semanas. Diseño y ejecución podrían considerarse perfectos en su factura, incluido el «día D», con su desfile, más bien minimalista pero con la plástica y el colorismo suficientes para que no pareciera una coronación de la serie B. El evento ha servido, de paso, para taponar de forma momentánea las últimas heridas: la humillación de los partidos dinásticos en las elecciones europeas del 25 de mayo y la no menos humillante caída a los infiernos, la mismísima víspera de la coronación, de la selección del marqués de Del Bosque. El sistema no se ha reinventado, desde luego, pero al menos se ha reseteado. El problema es que, aunque se haya repuesto un componente del «hardware» (Felipe VI), un reseteo no bastará para erradicar los virus, mucho menos si está dañado el sistema operativo.

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