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Nuevo intento de pacto educativo

María Dolores de Cospedal, la actual ministra de Defensa, encendió la mecha para dinamitar el pacto educativo que propuso el entonces titular de Educación del Gobierno socialista, Ángel Gabilondo en 2010. «El pacto no es posible porque el Gobierno no ha querido reformar un modelo educativo fracasado, y porque un pacto de Estado debe ser ambicioso y en profundidad».

Seis años después de aquella oportunidad perdida con la Logse de por medio, parece que se entreabre una nueva puerta, en esta ocasión con la Lomce como obstáculo. El aire ha empezado a correr por el pasillo con la retirada de las órdenes de las reválidas del bachillerato forzada por los partidos de la oposición y aceptada finalmente por Íñigo Méndez de Vigo. ¡Qué remedio! El nuevo reparto de escaños en el Congreso sirve, entre otras cosas, para eso.

Ahora, el ministro habla de abrir las puertas de par en par a un supuesto acuerdo. «España se merece un sistema educativo de calidad que dure quince años. Y queremos hacerlo en colaboración y cooperación de todos» aseguró Méndez de Vigo. Bienvenido sea, si es que llega. Yo, personalmente, soy muy escéptico. Y creo que razones no me faltan.

Si pensamos que miles de alumnos de toda España no han sabido hasta el pasado lunes cómo iban a ser las pruebas de acceso a la universidad para el próximo curso, a menos de seis meses para los exámenes, ¿qué se puede esperar de un acuerdo que ha de durar tres lustros?

Los dirigentes políticos españoles llevan un curso académico detrás de otro demostrando la miopía sobre el concepto «largo plazo». Si en el libro Guinness de los récords se premiara al país con más reformas educativas en el periodo de tiempo más corto, no hay duda de quién lo ganaría. Todo un premio a la incompetencia de los gestores y de los partidos políticos. Y luego nos extrañamos de los palos que nos arrea la OCDE cada vez que se conocen los resultados de los estudiantes españoles en informes como el PISA.

No obstante, en esta ocasión he de reconocer que la propuesta del Gobierno en minoría de Rajoy sobre un pacto de Estado ha llegado en el mejor momento político posible, con un reparto de escaños que obliga a concertar para sacar adelante cualquier propuesta o proyecto de ley. Lo que ya no está tan claro es si la intención de los que se tienen que sentar en torno a la mesa para diseñar ese futuro educativo está más centrada en el rédito electoral ante unos más que posibles comicios anticipados o en un acuerd0 histórico que favorezca a la generalidad de los votantes.

Y ese es solo el primer paso. Porque una vez alcanzado, si es que se llega a dar, les toca andar a unas instituciones muy poco acostumbradas a los cambios que llegan del exterior, como la universitaria. Por ejemplo.

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