09 de febrero de 2018
09.02.2018

En el mar muerto no hay gaviotas

09.02.2018 | 04:15
En el mar muerto no hay gaviotas

Desde hace años son varios los problemas que tiene la pesca artesanal en el Mediterráneo, con el tiempo algunos se van agudizando y ponen en peligro la continuidad de un oficio y una actividad histórica.

Uno de ellos es el de los vertidos contaminantes que regularmente se vuelcan en sus aguas. Alrededor del 30 % de la producción mundial de petróleo circula por el Mediterráneo. Las pérdidas de crudo de los buques que transitan y la limpieza de los tanques suponen 600.000 toneladas anuales de vertidos de hidrocarburos, a las que hay que añadir los 400 millones de toneladas de vertidos sólidos de los 21 países que lo orillean así como las aguas fecales y los fertilizantes de origen agrícola que también van a parar a sus aguas. Los barcos militares que lo surcan (el Mediterráneo tiene una concentración de buques de guerra desproporcionada para su superficie en relación con los océanos) expulsan 650.000 toneladas de residuos tóxicos cada año.

Junto a lo anterior tenemos el fenómeno de la ocupación intensiva del litoral, que está en gran medida urbanizado, donde la especulación domina ampliamente. Es el caso de España, y más concretamente del País Valenciano, donde quedan pocos espacios de playa libres, sin edificar, lo que limita la vida de ciertas especies, como por ejemplo las tortugas marinas que no tienen donde anidar, y perturban el sosiego y tranquilidad de otras que viven sobre la plataforma continental. Problema añadido: la pesca deportiva así como la cantidad de veleros y motoras que lo surcan que en muchas ocasiones no respetan unos mínimos principios ecológicos con que debería tratarse el espacio marítimo.
Y sobre todo la sobreexplotación de los bancos de peces, quizás el principal problema con que se enfrenta la pesca en nuestro mar. Lo dijo hace pocos años la comisaria de Asuntos Marinos y de Pesca de la UE, María Damanaki: «Me preocupa extraordinariamente la pésima situación del mar Mediterráneo (?) está sufriendo una intensísima sobreexplotación». Y lo corroboran la FAO, el Consejo General de Pesca del Mediterráneo (CGPM), Oceana, organismos científicos de los países ribereños y multitud de ONG´s ambientalistas. Esta sobrepesca está provocando que las pesquerías mediterráneas estén muy enfermas. Cada vez hay menos peces y menos pescadores. Hoy, los científicos marinos dan como amenazados el atún rojo, el bonito, el pez espada, el mújol y el besugo, y alertan de que las reservas de salmonete, lenguado y pescadilla, entre otras especies, se encuentren muy menguadas.

Cada año en el País Valenciano disminuye el número de barcos de pesca de todo tipo. Las cofradías de pescadores de nuestro litoral no solo ven como disminuye la flota, sino también como el número de pescadores es menor. Un oficio duro y mal pagado, que tradicionalmente se transmitía de padres a hijos, y que a pesar de su dureza era tal su atractivo y la vocación que despertaba, que costaba de abandonar. A poca pesca, poco salario, hasta el punto de que muchos marineros abandonaron la mar y los patronos tuvieron que contratar a inmigrantes africanos, siendo hoy las tripulaciones, en gran parte mixtas.

La rentabilidad de la pesca en el Mediterráneo valenciano es escasa, pues a unas capturas limitadas has que añadir un precio bajo, poca apreciación del consumidor de la calidad de lo fresco y de proximidad. Las pescaderías y los supermercados están inundados por pescado congelado (o de piscifactoría a precios muy bajos) al que la Unión Europea le ha hecho un puente de plata al reconocer no la denominación de «producto recién» pescado, sino «producto recién desembarcado» aunque lleve semanas en los frigoríficos del barco factoría, y venga de las costas africanas o de Terranova.

La Administración debe apoyar con más fuerza este sector, minoritario y deprimido. Cierto es que recientemente se ha lanzado la acertada política de la denominación de peix de llotga, pesca de proximidad de nuestras costas y nuestras cofradías. Pero queda mucho por hacer para recuperar la pesca y el oficio.

El consumidor, el ciudadano en general, quien disfruta cuando va al mar y presencia las escenas asociadas con la pesca tradicional y todo el folclore que las rodea, debe ser consciente de que si quiere continuar viviendo en el futuro esos momentos tan satisfactorios, tiene que presionar para que se adopten las medidas necesarias y que en el Mediterráneo se haga una pesca sostenible, se recupere el potencial de pesca, se paguen precios en los mercados que permitan vivir dignamente a los hombres de la mar. De lo contrario en pocos años se acabará con la pesca, desaparecerán los pescadores y en el Mediterráneo ya no volarán más gaviotas, porque se habrá convertido en otro Mar Muerto.

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